Voces del Arte urbano en las calles bogotanas.

 Los muros y paredes como vía de expresión de los jóvenes

 

Por Germán Matamoros G.

Testimonio de un grupo de jóvenes pintando un mural en el centro de Bogotá, exactamente en la Avenida Caracas con calle 22. (Fotos Ver Bien Magazín)

Testimonio de un grupo de jóvenes pintando un mural en el centro de Bogotá, exactamente en la Avenida Caracas con calle 22. (Fotos Ver Bien Magazín)

“El graffiti es una manifestación cultural, social y comunicativa que está presente y se involucra de manera activa en el ambiente metropolitano”. Esta es una de las definiciones  que se conocen y a su alrededor  se teje una cultura y un modo de ser que no puede pasar desapercibido por una persona interesada en teorizar y observar los fenómenos comunicacionales existentes en la cotidianeidad del lugar donde se desenvuelve. No por el hecho de ser gratuitos, anónimos y “callejeros” pueden dejarse de lado ya que son una expresión cultural que hace parte de la comunicación humana y desempeñan una importante labor en la construcción de identidad citadina.

Muchas de las paredes de la ciudad están llenas de escritos que, para algunos, son una ofensa o un manchón que daña y contamina la estética urbana. Esta concepción nociva y negativa del graffiti data desde 1541 cuando Cortés, un conquistador español que llegó a México, publicó un aviso que decía “Pared blanca, papel de necios”, que posteriormente derivaría en “papel de canalla”.

Y Bogotá como una ciudad cosmopolita no podía ni puede escaparse, como muchas otras capitales del mundo, de las diferentes formas de expresión cultural o callejera, mejor conocida en estos tiempos como Arte Urbano.  Y los soportes de ese tipo de manifestaciones, por lo general de protesta, han sido  las fachadas de las casas o muros abandonados, que entre otras cosas comenzaron a verse pintados con mayor énfasis desde mediados de los años 60 con el movimiento “Hippy”. En estos se escribían graffitis  de inconformismo, filosóficos o de reflexión sobre diversos temas sociales, como por ejemplo: “Haz  el amor y no la guerra”,  “Abajo el gobierno yanqui”, “Clarisa me tienes loco: Ruperto”, “Cuídate, te tengo entre ojos”, “La marihuana mata pero que mata tan buena”, “Catalina  es una perra” o “Yo pasé por aquí”; claro está, que los hacían motivados, en esa época, por el consumo de una dosis no permitida  de marihuana.

Pues de ese ayer a hoy, los tiempos han cambiado en cuanto a las formas de expresión y desahogo de la juventud a través de  los muros de la principal capital  colombiana. Sin embargo existe otra diferencia: antes esos actos de “adornar” las paredes con pinturas, brochas y pequeños recipientes de aerosol con mensajes y figuras extrañas,  eran ilegales, y por eso sus autores recurrían a la alcahueta noche para llevar a cabo sus propósitos y no ser “pillados” por la policía.

Actualmente, hasta  cierto punto, no solamente es  lo más normal que se realice ese tipo de actividad, sino que es permitido que pequeños grupos de jóvenes dibujen –a cualquier hora del día o de la noche- sobre muros y paredes en calles o avenidas de la ciudad figuras y frases de todo tipo expresando o comunicando mensajes de inconformismo o solidaridad. Es la otra cara de la actual Bogotá –aparte de la de movilidad o Transmilenio, violencia e inseguridad- que se viene mostrando abiertamente desde hace unos meses. Esa cara es la que cuenta con el apoyo de la Alcaldía Mayor de la ciudad que ha patrocinado un concurso de pintura mural para que la juventud no solamente capitalina sino colombiana, se manifieste con su imaginación plasmando con vinilo o aerosol sus sentidas inquietudes.

Ver Bien Magazín en uno de sus recorridos de la pasada Semana Santa hacia la Catedral  Primada –centro de Bogotá– encontró en el camino el testimonio de tres de esos jóvenes, llevando a cabo su tarea artística en uno de los lugares considerados más peligrosos de la ciudad hasta el punto de ser aceptado  como zona de alto impacto o de tolerancia: el tradicional barrio Santa Fe. Por allí circulan indigentes, drogadictos, ladrones, prostitutas, travestis, policías y hasta lujosos carros, pues a media cuadra, abajo de la avenida Caracas  está el restaurante más famoso de la ciudad en cuanto a la venta de pollo asado se refiere, y que es conocido como el de “Los pollos de la 22” o Surtidora de aves.

Jorge Guevara, bailarín profesional.     Nadia Granados, estudiante de arte.         Fabiola Melca, comunicadora social.

Jorge Guevara, bailarín profesional. Nadia Granados, estudiante de arte. Fabiola Melca, comunicadora social.

Justamente  en la esquina de  la carrera 14 -o avenida Caracas- con calle 22, encontramos a dos bogotanos y una brasilera: Jorge Guevara, de 26 años, Nadia Granados de 30 y Fabiola Melca de 26. Nos llamó la atención ver la entrega, la tranquilidad y la mística con que a las siete de la noche del viernes santo, estos aventureros, soñadores y andantes de la vida, le daban rienda suelta a su imaginación artística rodeados del peligro. Sus únicos compañeros eran un andamio de un metro con setenta centímetros, sus “corotos” personales, de trabajo y  eventuales “ñeros” o habitantes del riesgoso sector.Completaban siete días de trabajo pintando dos paredes en forma de éle (L), con un promedio de seis horas diarias de labor. Con ellos hablamos sobre el tema, casi con el trabajo terminado.

Nadia Granados es bogotana, y nos describe lo que hace con su primera actividad en la calle, mientras que Fabiola y Jorge le dan  los últimos retoques a la inmensa pared.  “Bueno esto es un mural dedicado a las mujeres para recordarnos a nosotras mismas y pues que siempre hay que pensar que hay una semilla de libertad, una fuente de luz, algo que puede servir para cambiar esta situación,  que la vida puede ser diferente a como la tenemos. También se trata de recordar la naturaleza, que es una madre que tiene sus hijos y que hay que respetarla, pues porque también es una mujer”. Nadia se apoyó, aparte de las brochas y pinceles,  en frases de  poemas de Gioconda Belli, poeta y novelista nicaragüense nacida en Managua, para dejar algunos mensajes en el mural y con los cuales  identifica algunos de sus pensamientos, como por ejemplo:“Usamos el derecho a la alegría, a encontrar el amor en la tierra lejana y sentirnos dichosos por haber hallado compañero y compartir el pan, el dolor y la cama”.

De hecho, le sirvieron de inspiración para crear  el siguiente graffiti que se resalta en la pintura: “Igualdad para sembrar dignidad, mujer semilla de libertad”, firma: “Ahora ya”,  o “La Bestia”.  Nadia terminó sus estudios de arte en la Universidad Nacionaldejando en claro que su paso por éste claustro educativo no le sirvió,  y que  “los profesores no servían para nada”, que aprendió más cuando salió de estudiar.  Sobre la técnica utilizada en dicha pintura la define con la mayor sencillez y desparpajo: “Eso es vinilo sobre paredes…”

Muchas de las paredes de la ciudad estan llenas de escritos y figuras que, para algunos, son una ofensa o un manchón que daña y contamina la estética urbana.

Muchas de las paredes de la ciudad estan llenas de escritos y figuras que, para algunos, son una ofensa o un manchón que daña y contamina la estética urbana.

Los elementos para elaborar  la técnica de “vinilo sobre paredes”, fueron suministrados por la Alcaldía y otros los compraron con su  propia plata. Si resultasen ganadores recibirían  cinco millones de pesos.Jorge Guevara es un bailarín profesional que estudió danza contemporánea en la Academia Superior de Artes de Bogotá. Para él también es de alguna manera su primera experiencia como “artista urbano”. “Bueno estoy en este cuento porque Miguel, el hermano de Nadia es amigo mío y me comentó que iban a pintar esto y pues yo vivo cerca y le dije que le ayudaba. Para mí esto es un encuentro bonito con el espacio porque me reconcilia con la gente…detállese que la gente pasa y por un momento se detiene…no pasa desapercibido y hace comentarios bonitos…jocosos…no se necesita ser artista para que usted sienta alegría o satisfacción por algo. Además tiene un mensaje bonito que es apreciado por prostitutas o gente de la calle… y no espero nada, es algo que yo hago con cariño”. Lo cierto es que la pintura no es lo suyo y si tuviera que volver a hacerlo lo haría sin ningún problema, al fin de cuentas “es una cosa de parseros”.

Fabiola Melca es brasilera, exactamente de un departamento llamado la Costa del Espíritu Santo. Es una comunicadora social y aventurera que viaja por Suramérica. Está de paso por Bogotá y va para Venezuela, Perú, Ecuador y Bolivia para retornar a su Brasil. Su propósito es hacer un documental sobre la vida de las mujeres que hacen, según sus palabras, “arte porno-erótico” en Latinoamérica. Su pincelada en el mural se vio involucrada por intermedio de Nadia a quien conoció en un viaje en barco (por el Amazonas) de Manaos a Leticia y se hicieron buenas amigas.

“Yo la estoy acompañando porque me gustó mucho la idea de pintar este mural, porque es una manera de compartir con alguien como Nadia que me hospeda, que me presta su casa, que me regala comida…entonces si yo le puedo colaborar de alguna manera lo hago…es como un intercambio”. Desde su punto de vista encontró a una Bogotá que como muchas otras ciudades del mundo “está enferma por la violencia, por la polución, por la cantidad de carros, entonces tiene un “richtmo” de una ciudad grande, pero también hay personas muy tranquilas y buenas”.

A este grupo de muchachos se unió, por un momento, un espontáneo que les ayudó un poco a retocar la obra. Simplemente aceptó que le llamaran Sergio. Tiene 19 años, y estudia Diseño Gráfico en la Fundación Universitaria del Área Andina. Obviamente se sintió atraído por lo que veía y no dudó en colaborar. “Para mí es una forma de expresión, para otros es un estilo de vida”, dice.

Sergio, estudiante de diseño gráfico

Sergio, estudiante de diseño gráfico

Cuenta que alguna  vez tuvo la oportunidad de experimentar ese tipo de arte urbano. “Una amiga que estudia producción de cine y televisión tenía que hacer un documental sobre un tema urbano y escogió  el graffiti y yo le colaboré  haciendo bocetos o letras y dibujos con base en el stencil (técnica artística con  figuras recortadas en plantillas),  sprite, vinilos y brochas. Lo hicimos con otros dos compañeros y la idea era que cada uno dibujara una figura de acuerdo a su imaginación”.

Este grupo de muchachos es tan solo una pequeña muestra que hay en Bogotá, y que como muchos otros no tienen como meta ser grandes artistas;  tampoco tienen intenciones de crear una agremiación  de artistas callejeros o urbanos. Únicamente sienten un gusto  especial para expresarse con la complicidad de una pared silenciosa, y por ahora, les queda la satisfacción de plasmar esa huella artística que dure en exhibición unos días o tal vez unas cuantas  semanas, pues con el paso del tiempo esa esquina del barrio Santa Fe volverá a ser un sucio baño público y las firmas de ese vistoso mural “Ahora ya” o  “La Bestia”,desaparecerán lentamente.

Origen del graffiti

La palabra «graffiti» tiene sus orígenes en la palabra griega graphein que significa escribir. Esto evolucionó en la palabra latina graffito. Graffiti es la forma plural de graffito.

Su historia moderna se remonta a los años 60 cuando empezó en Nueva York, influenciado por la música hip-hop. Los primeros artistas de graffiti se dedicaban a firmas, y vivían y pintaban en Nueva York.

Uno de los primeros artistas de graffiti firmaba TAKI 183 y fue entrevistado por elNew York Times en 1971. Su nombre verdadero era Demetrius y era un joven griego que trabajaba como mensajero en Nueva York. Pintaba su firma en todos los sitios donde entregaba documentos y paquetes. Se hizo famoso y muchos jóvenes empezaron a imitarle y a buscar sitios cada vez más difíciles y llamativos donde dejar su firma. Tal vez el nombre TAKER, que se utiliza para los rotuladores gruesas de tinta permanente utilizadas por los graffiteros, tiene su origen en la primera firma de graffiti conocida como TAKI 183.

Pronto, cientos de jóvenes en Nueva York, especialmente aquellos atraídos por la música rap y hip hop, empezaron a firmar por toda la ciudad, tanto que las autoridades tuvieron que gastar más de $300.000 (es decir 80.000 horas laborables) en la limpieza del metro. El objetivo de estos primeros “graffiteros”  era dejar su firma en el máximo número de sitios posibles. Ganaban fama, dentro de los círculos de graffiteros, según el número de firmas y según los sitios en los que lograban firmar. Cuánto más peligroso, más estatus.

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