¡Qué Gigante barrida!

Los Tigres de Detroit fueron una presa fácil para los Gigantes de San Francisco en la Serie Mundial, cuando los favoritos eran los campeones de la Liga Americana. Dos coronas de la Cita de Otoño en menos de tres años.-

¡Créanlo! Los campeones de la Serie Mundial no fueron los Tigres de Detroit. Fueron los Gigantes de San Francisco.

Todos los argumentos que se puedan dar para intentar demostrar la desastrosa actuación de los muchachos de Jim Leyland en la Cita de Otoño, pueden ser válidos. Pero de ninguna manera puede aceptarse que se entregaron por falta de garra o de coraje. Eso nunca se pudo observar sobre el terreno de juego.

Los Gigantes de San Francisco, de manera paciente pero jugando el béisbol que tan buenos resultados les ofreció durante la campaña regular, fueron los encargados de gozar de lo lindo con las cuatro victorias en línea, evidenciando una vez más, que este deporte, tan exigente y extenuante como lo es en las Grandes Ligas, necesita de todo un poco, como en botica.

Buena combinación ofensiva, excelente trabajo a la defensiva, mayor fortaleza con el cuerpo de lanzadores abridores, una sólida acción de los relevistas, mejor desempeño sobre el campo de juego, ofreciéndose en todo momento por cada jugada, por cada out en fabricar, por la forma de desplazamiento sobre las bases, por tocar la bola bien sea para sacrificarse, bien para llegar a la almohadilla, avanzar con una base estafada o bien anotar con un elevado de sacrificio. Esas son las cosas pequeñitas que hacen del béisbol una disciplina diferente a las demás.

Y desde luego, la inspiración de jugar un buen béisbol, a base de sacrificios, con deseos de superación, sin amilanarse ante nada ni ante nadie. Todo eso produce resultados, como el que están celebrando en la hermosa ciudad californiana de San Francisco, cuando su novena, en menos de tres años, conquista dos títulos de Serie Mundial, después de abandonar Nueva York e instalarse en su nueva sede, al otro lado del extenso país norteamericano.

En nuestra humilde opinión, los Gigantes nunca se detuvieron en el camino a lo largo y ancho de toda la temporada, y los frutos de ese trabajo combinado y exigente por parte de la cuadrilla que tenía a su cargo el plantel de jugadores, encabezados por Bruce Bochy, como estratega general, permitió que nuestra selección para que ganara la codiciada corona de octubre, no cayera en el  vacío, aun cuando sostuvimos antes de llegar a la Serie Mundial que los Nacionales de Washington y los Rojos de Cincinnati, eran los clubes a derrotar en la Liga Nacional; mientras que señalábamos que los Yanquis de Nueva York y los Rancheros de Texas, se perfilaban como los grandes contendores de la Liga Americana.

¡Fallamos en todas esas cuatro apreciaciones! Todo porque el béisbol es tan impredecible como adivinar para dónde va un batazo después que la bola tropieza con el bate del hombre a la ofensiva.

Barrida total

Los Tigres venían de imponerse, ¡y de qué manera!, frente a los Yanquis en una barrida similar a la que le propinaron los Gigantes en esta Serie Mundial. Todo lo que ganaron frente a los Mulos del Bronx los ‘’felinos’’ de Detroit, se quedó en la historia, pues ante los Gigantes, cayeron como ‘’mansas palomas’’, algo que nadie pudo anticipar.

Nosotros dijimos que nos preocupaba la ausencia de continuidad en el juego de los Tigres, tras su fácil victoria frente a los Yanquis por la corona de la Liga Americana, y que la parálisis podría ser dañina a la hora de la verdad. Eso probablemente fue lo que sucedió con Detroit en la contienda del Clásico de Otoño. No hay otra explicación. Los Tigres perdieron el rumbo ofensivo cuando detuvieron su juego durante cinco días, antes de llegar al primer compromiso de la Serie Mundial.

En cambio, los Gigantes nunca tuvieron fuera de juego. Se las ingeniaron para sacar de atrás hacia adelante su paso en la serie divisional frente a los Rojos, pues luego de perder en los dos primeros compromisos jugados en casa, pudieron conquistar tres victorias consecutivas en el campo de Cincinnati.

Más adelante, en una final llena de muchas alternativas, exigentemente pudieron sacarle del bolsillo a los Cardenales de San Luis el título de la Liga Nacional, pues tras en estar en desventaja de una victoria contra tres derrotas, se alzaron con la corona del viejo circuito, imponiéndose en el séptimo y último desafío de la gran final, en una clara demostración que la novena estaba pasando por un momento de verdadera cohesión beisbolera, en donde todo les salía bien, inclusive, ganando en contra de los dictámenes normales del béisbol, como cuando Bruce Bochy en el tercer episodio del cuarto y último desafío de la Serie Mundial, en vez de enviar caminando a la primera base a Miguel Cabrera, cuando la almohadilla estaba desocupada y tenía un compañero en circulación en el segundo cojín , ordenó a su lanzador, Matt Caín, que le lanzara, cuando el ‘librito’’ –ese al cual todos acudimos pero el que nunca se deja ver-  indicaba que la base por bolas era mejor negocio, habida cuenta que Prince Fielder estaba pasando por un pésimo momento a la ofensiva.

Cabrera despachó cuadrangular para que las cifras en el tablero se voltearan a favor de los Tigres 2 carreras por 1, algo que fue momentáneo, porque la barrida total estaba a la vuelta de la esquina.

Los Gigantes se impusieron 8 carreras por 3, en el primer compromiso, derrotando al as de las serpentinas de los Tigres, Justin Verlander, mientras se hacía con la victoria el zurdo Barry Zito; en el segundo, el también lanzador de brazo equivocado, Madison Bumgarner, triunfó desde la loma de los sustos, al guiar a su equipo a la segunda victoria 2 carreras por 0, frente al formidable Doug Fister, ambos desafíos efectuados en casa de los Gigantes.

Y en el tercero, ya jugando en el Comérica Park de Detroit, Aníbal Sánchez, el derecho venezolano que desarrolló una estupenda labor desde la lomita de los suspiros, vio perder por tercera ocasión a su novena 2 carreras por 0, frente a un trabajo formidable de Ryan Volgelsong; y finalmente, Matt Caín, aun cuando no se acreditó la victoria, se desempeñó como los grandes en el cuarto y último desafío, para dejar el montículo con el tablero igualado a tres anotaciones, para que finalmente los Gigantes ganaran 4 carreras por 3, en diez sensacionales episodios, cuando Ryan Theriot anotó la rayita ganadora con imparable venezolano Marco Scutaro, una pieza valiosa de los nuevos campeones de la Serie Mundial durante toda la fase definitiva en la disputa por la gran corona del béisbol de las mayores.

Ofensiva silenciada

Los Tigres perdieron tan fácilmente porque su ofensiva se silenció. Eso fue lo que ocurrió en esta Serie Mundial con los campeones de la Liga Americana, a quienes consideramos dignos contrincantes de la gran  final de las Grandes Ligas, hasta el punto de habernos pronunciado sobre que la Cita de Otoño podría llegar, con pocas complicaciones, a los siete compromisos. Pero no fue así. Todo se definió en cuatro encuentros.

Los Tigres venían de jugar con promedio ofensivo de 291 frente a los Yanquis, a quienes vapulearon con 46 indiscutibles contra apenas 22 de los Mulos; pero ante los Gigantes se quedaron cortos, muy cortos, diríamos nosotros, al conectar apenas 20 inatrapables en los 4 juegos y los 126 turnos oficiales al bate, para promedio de 159, contra 32 incogibles de los Gigantes, para acumular una ofensiva de 242 puntos en 132 veces al bate, para que estos pudieran anotar en 16 ocasiones, contra apenas 6 rayitas de los campeones de la Liga Americana.

La combinación serpentinera de los Gigantes mostró una tarjeta con 1.46 carreras limpias por juego en los cuatro encuentros de la Serie Mundial, contra 4.11 carreras limpias permitidas por los brazos de los Tigres, y mientras Sergio Romo se crecía desde la lomita como taponero para los Gigantes, ante la lesión del cerrador oficial Bryan Wilson, los Tigres no sabían qué hacer ante la ineficiencia de su apagafuegos oficial, José  Valverde, en los momentos cruciales de la gran final de la contienda beisbolera.

Dos hombres claves en la ofensiva de los ‘’felinos’’ como Prince Fileder y Johnny Peralta, no ofrecieron el despliegue que se esperaba de ellos, con el madero sobre sus hombros. Fielder apenas señaló un inatrapable en 14 turnos oficiales, para ofensiva de 071; al tiempo que Peralta despachó otro inatrapable en 15 veces al bate, para 067 a la ofensiva. Si a ello le sumamos que el ganador de la Triple Corona del béisbol de las Grandes Ligas, el venezolano Miguel Cabrera, estuvo por debajo de sus condiciones normales con el uso del bate, y que vio pasar el tercer buen lanzamiento para que se lo contaran en su última aparición en el pentágono el último out de la última entrada, tenemos que concluir, sin temor a equivocarnos, que una ofensiva tan silenciada como la de los Tigres, no podía ofrecer más resistencia en esta Serie Mundial.

Para los Tigres el 2013  puede traer grandes cambios, aun cuando se mantenga el núcleo central de la nomina; mientras que para los Gigantes pocos pueden ser los ajustes que haya en su plantilla, porque seguramente, volverán a ser favoritos para ganar la división Oeste de la Liga Nacional, aun cuando nuevamente los Nacionales y los Rojos, aparezcan en los primeros lugares del favoritismo para disputar el título del Viejo Circuito.

Los bates de los Gigantes están aún calientes, y la fría ciudad de San Francisco, está de fiesta con su segundo título de Serie Mundial en menos de tres años.

El Más Valioso

Pablo Sandoval, el apodado ‘’Kun Fu Panda’’ de los Gigantes

Finalmente señalemos que Pablo Sandoval, el apodado ‘’Kun Fu Panda’’ de los Gigantes, cambiando mucho en su forma de jugar el béisbol, concentrándose para atléticamente comportarse a la altura de las circunstancias, cargó con los honores de ser el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial.

Hace dos años lo fue el colombiano Édgar Rentería, quien cargó con esos honores. En esta oportunidad fue el venezolano Sandoval, cuya figura atlética deja mucho que desear, pero que compensa sus libras de exceso en su peso corporal, con un demoledor ataque a la ofensiva y mentalmente bien afinado en la defensiva.

‘’Kun Fu Panda’’ Sandoval conectó 8 inatrapables en 16 turnos, incluyendo tres bambinazos en el primer juego de la Serie Mundial, para quedar en los históricos registros de las Grandes Ligas, como el cuarto jugador en establecer la marca de tres cuadrangulares en  un partido de Serie Mundial, para igualar lo conseguido por el sempiterno Babe Ruth, en los años 1926 y 1928, con  los Yanquis; de Reggie Jackson, en 1977, también con los Yanquis; con el dominicano Albert Pujols, con los Cardenales de San Luis en el 2011, y ahora, el venezolano antesalista de los Gigantes, en esta Serie Mundial del 2012.

Su promedio ofensivo de 500 puntos, con 4 carreras impulsadas y 3 anotadas, lo catapultaron para ser elegido como el pelotero Más Valioso de la Serie Mundial, algo más que merecido.

Y una acotación final bien sencilla, si se nos permite, desde luego: el béisbol latinoamericano se está ganando un respetado espacio en el béisbol de las mayores: en esta oportunidad, de los 50 peloteros ocupando espacio en las nóminas oficiales, 20 eran de esa zona del mundo. De tal manera que vayamos pensando que sucederá en una década más, cuando se incremente la presencia de peloteros latinoamericanos a la Gran Carpa.

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Antonio Andraus