Maria Dolores Pradera – La Maria que Jorge Isaac no conoció

Por: Gilberto Castillo

María Dolores Pradera

María Dolores Pradera

En diciembre de 1988, María Dolores Pradera, una mujer tremenda mente elegante y con un estilo único, llegó a Bogotá para hacer una presentación exclusiva en el teatro Colón. Para entonces yo era periodista de El Espectador y resolví entrevistarla para La Tele revista. Entre este joven redactor y esta mujer extraordinaria, ocurrió una anécdota que me permitiré contar en el epílogo de este artículo que transcribo tal y como lo publiqué en aquel entonces.

“Tiene una voz grave y tremendamente elegante. Por eso, al escucharla, fui su amigo. Después la conocí y encontré una gran afinidad entre la voz y la persona, porque todo en María Dolores Pradera es estilo”.

Así se refirió, en alguna ocasión, el escritor español Vásquez Montalbán a María Dolores Pradera. Y es la definición precisa para esta mujer que, a lo largo de casi 30 años, con sus canciones, ha hecho suspirar a millones de enamorados.

“Mi vida artística se inició como actriz de teatro, siendo muy jovencita, cuando aún no había terminado mi bachillerato. Luego combiné la actuación con el canto, porque me contrataron en un centro nocturno, donde continuaba actuando después de dejar tras bambalinas, en el teatro, al personaje de la obra. Después hice tres o cuatro películas, pero abandoné el cine porque mi mundo estaba enmarcado por la actuación en las tablas y la canción”.

Música de contrabando

Ha grabado más de 30 discos larga duración, y los primeros fueron traídos por las azafatas, que los vendían de contrabando.“ Fueron ellas, las de Avianca, quienes  me dieron a conocer en Colombia porque, escondidos en su equipaje, traían mis discos del sello Zafiro, para venderlos”

En su repertorio ha incluido –del folclor latinoamericano- canciones como: “Limeña”, “Fina Estampa” y “La Flor de la Canela”, que en su voz se han convertido en símbolos románticos de toda una generación. Esto ha hecho que le asignen como lugar de nacimiento a México, Perú, Argentina, Chile e inclusive Colombia, como se escribió alguna vez en la portada de un disco.

“Lo que ocurrió fu que mi padre, siendo muy joven, viajó por toda América Latina y se radicó en Chile, donde adquirió estabilidad. Pero cada vez que mi madre iba a dar a luz, pegaba el salto al otro lado del charco. Por eso sus cuatro hijos (dos hombres y dos mujeres) nacimos en España. Pero toda mi infancia transcurrió en Chile, por eso mi espíritu está impregnado de folclor latinoamericano”

Le encantaban los chistes de los pastusos

A pesar de que para 1988, hacía diez años no actuaba en Colombia, María Dolores venía con frecuencia al país (casi una vez por año). Y  la última vez, fue hace dos años, antes de esta entrevista, cuando vino desde México con unos amigos.Le impresionaba la belleza de Popayán, Villa de Leiva y Cartagena. Adora los tamales, el sancocho de gallina y los chistes pastusos, los cuales coleccionaba. Por encima de todas, incluso de su propio repertorio, su canción favorita era “Las Acacias” y en un próximo disco incluira “Llamarada”. Admiraba a Leonor González Mina (La Negra Grande de Colombia), “no sólo porque en su voz tiene unos tonos bellísimos, sino porque cuenta con un repertorio muy interesante”.

María Dolores Pradera

María Dolores Pradera con Gilberto Castillo.

Vida de bohemia

Su familia está compuesta por dos hijos y dos nietos. Helena (actriz) y Fernando (quien la convirtió en abuela), y que, además de ser editor de libros de arte, es su empresario.

Los dos nacieron de su unión con el escritor Fernando Fernán Gómez. Dentro de su familia, María Dolores incluye a Los Gemelos: Santiago y Julián López Fernández, quienes desde 25 años de 1988, la acompañaban con las guitarras en sus presentaciones.

“No hago demasiadas giras, porque ellos (Los Gemelos) son gerentes de empresa y no siempre están disponibles. Además, soy un poco bohemia y no me gusta hacer compromisos para todo un año. Eso me aterra, porque me siento como atada a las circunstancias. Para mayo o marzo del 89, tengo algunas presentaciones en Bélgica, y desde ya siento pavor, porque en esa época va a nevar y no voy a tener ni ganas de levantarme”.

La María Jorge Isaac

Le encanta la soledad, y cuando está en su apartamento de Madrid se dedica a la lectura. “Mi obra favorita es La María de Isaac, porque me identifico con el ambiente, con la protagonista y me encanta la forma como el autor describe la naturaleza…tengo la frustración de no haber podido interpretar a María en las tablas, pero desgraciadamente cuando descubrí el libro ya era una mujer demasiado madura para hacerlo, pues ella es una niña de 17 años.  Si me pudiera reencarnar, quisiera ser la María de Isaac… hubiera sido, ese, el gran personaje de mi vida. Hoy, en mi apartamento de Madrid, tengo la colección de casi todas las ediciones que han hecho de La María en todas las épocas y en muchos idiomas y son más de cincuenta”

Epílogo de esta entrevista.

Le sorprendió a la gran diva, que, para aquel entonces, un joven como yo, conociera toda su música de memoria y tarareara todas sus canciones. Le dije entonces que desde muy niño, en el pueblo donde me crié  escuchaba sus canciones  que mis tíos y sus amigos colocaban en una vitrola de pilas para matar despecho.  Suficiente razón para que aquel encuentro, -en el entonces bar Chispas del hotel Tequendama-, se nos fue más largo de lo previsto en medio de remembranzas y unos buenos aguardientes, licor que tomaba ella con desparpajo y alegría, más si estaba en compañía de los gemelos. Más de ocho horas pasamos hablando de lo humano y lo divino. Con mi entrevista en el bolsillo y unos buenos tragos entre pecho y espalda, pasadas las  diez  de la noche,  corrí hasta la calle 19 con 7a, donde aún estaba abierto uno de los tantos quioscos que se ubicaban allí  para vender libros de segunda. El vendedor, a punto de cerrar,  me advirtió que solo tenía un ejemplar de una edición pirata y resumida del libro de Isaac. Lo compré por mil pesos y la dedicatoria no  podía ser otra: “Con amor para la María que Jorge Isaac no tuvo la dicha de conocer”. De regreso se lo dejé en el casillero de la recepción del hotel.

Mi sorpresa fue mayúscula el día del concierto. La misma María Dolores, le entrego mi librito  al maestro de ceremonias  y le pidió que lo mostrara en el escenario e hiciera  alusión a la dedicatoria, para presentarla.  Debo advertí que mi emoción fue inmensa por haber conocido y compartido con una mujer de un estilo único, que marcó, en vida, más de cinco décadas de romanticismo con una voz imponente y señorial.

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