La Vorágine: los verdaderos personajes de carne y hueso

Por: Gilberto Castillo

En 1924 la revista CROMOS editó por primera vezLa Vorágine, de José Eustasio Rivera, un escrito literario catalogado como una de las obras cumbres de la literatura latinoamericana, que nos cautivó como texto y como serie de televisión. Casi 100 años despúes de su publicación, el periodista y escritor Gilberto Castillo volvió sobre los pasos de esta historia, que cuenta la vida de los caucheros y de la casa Arana a comienzos del siglo pasado, e investigó quiénes fueron sus verderos protagonistas de carne y hueso.

La mayoría de los personajes de La Vorágine existió y José Eustasio Riverapudo incluirlos en la trama de su obra porque a lo largo de su trabajo como abogado y político se los encontró, los saludó de abrazo y compartió con ellos largas horas de tertulia y juerga. Por eso para poder hablar de Arturo Cova, Alicia Barrera, Zorayda Ayram, Clemente Silva y de cada uno de los personajes que en su momento se vieron en la serie de televisión (1990), es necesario entrelazar con la de ellos, algunos aspectos de la vida del escritor.

Los personajes que se incluyen en esta investigación pertenecen a la obra original de Rivera y algunos no aparecieron en la televisión ya que por capricho del libretista fueron sacados de la historia.

Alicia y Arturo
Con el primer personaje que tuvo contacto Rivera fue con Don Rafo, que no aparecía en la serie, pero fue quien ayudó a Alicia y a Arturo en su huída hacia los Llanos, llevándolos hasta la finca de Fidel Franco. Su verdadero nombre eraRafael Ruiz Bejarano, quien en una mañana de 1918 se apareció en la oficina del escritor para solicitarle que, en calidad de abogado, viajara a los Llanos Orientales y se hiciera cargo de un pleito que por sucesión pesaba sobre la hacienda “Mata de Palma”.

Para enfrentar el litigio en compañía de Ruiz Bejarano, Rivera recorrió entre Bogotá y los Llanos la ruta que años después, en su libro, habrían de seguirArturo Cova, Alicia y el mismo Don Rafo.

Ruiz Bejarano no era un viejo venido a menos, como lo describe Rivera en la novela, sino un hombre de 35 o 40 años que había nacido en Junín(Cundinamarca) en 1882 y se ganaba la vida comerciando con ganado y mercancías que, por encargo, llevaba desde Bogotá.

Una vez en los Llanos, durante el proceso de “Mata de Palma” (Hacienda “La Maporita” en en libro), Rivera conoció e hizo gran amistad con Luis Franco Zapata (Artuto Cova en la novela) quien fue nombrado perito del pleito. En medio de charlas y juergas, de dados y cartas, Franco Zapata le contó al escritor cómo a él y Alicia Hernández Carranza (Alicia en la novela) habían huído de Bogotápara evitar que el doctor Enrique Olaya Herrera, familiar de Alicia más tarde presidente de Colombia, cumpliera su promesa de hacerlo ir a la cárcel por no oficializar su unión, pues vivían en amancebamiento desde hacía meses.

Luis Franco Zapata nació en 1888 en Manizales. Alicia Hernández, al igual que su importante pariente, era de Guateque (Boyacá), La pareja se conoció una mañana cualquiera: él, que trabaja como repartidor de correos en “Expreso Ribón” llegó hasta el almacén donde ella trabajaba para entregarle una carta que le habían enviado. Desde entonces Cupido hizo de las suyas y para poder seguir viviendo su idilio libre y sin ningún tipo de formalidad huyeron hacia los Llanos Orientales en 1912. Una vez allí, se instalaron en Orocué donde muchas veces, en su casa, albergaron a José Eustasio Rivera.

A pesar de lo inhóspito del lugar y de su frágil fisonomía, Alicia aprendió a manejar con maestría armas de fuego, a lazar y castrar toros de gran tamaño y a cruzar a nado caudalosos ríos.

Años después, cuando eran padres de una niña, se separaron y él regresó aManizales, donde contrajo matrimonio con Maruja Parra Aguirre. Finalmente, el 15 de febrero de 1960 murió en Palmira donde se desempeñaba como almacenista en la Secretaría de Obras Públicas. Alicia, por su parte, volvió aBogotá con su hija. La niña murió a la edad de 13 años y de su madre lo último que se supo fue que hacia 1960 vivía por los lados de Cáqueza (Cundinamarca).

El viejo Zubieta de la novela no era otro que Ramón Oropeza, dueño de la hacienda “Mata de Palma”, por cuyo pleito viajó Rivera a los Llanos. Oropeza que era un terrateniente venezolano que, como Zubieta, era analfeto, alcohólico y tahúr. Era muy ambicioso. Se llegó a murmurar que el oro que ganaba comerciando con ganado lo enterraba y para preservar el secreto daba muerte a los indios que se encargaban de esa misión.

Los Barrera: matrimonio ejemplar
En sus viajes a Orocué , a donde fue invitado por Franco Zapata, no sólo para gestionar jornadas de cacería sino para realizar algunas diligencias del pleito en ese juzgado, Rivera conoció a otros personajes. Uno de ellos fue Helí Mesa, apodado “El Catire”, por su piel blanca y su cabello rubio. Mesa había nacido enCampoalegre (Huila) y se desempeñaba como alcaide de la prisión de Orocué. Se sabe que él huyó de su cargo después de un incidente con unos prisioneros venezolanos, opositores al régimen de Juan Vicente Gómez, que cruzaron la frontera ilegalmente. Las autoridades colombianas planeaban entregarlos al dictador y “El Catire”, consciente que regresarlos era tanto como condenarlos a muerte, los dejó en libertad y se fue con ellos.

En Orocué el escritor también conoció a Nariza Sabas de Barrera, quien inspiró el personaje de Zorayda Ayram o la “Devoradora de hombres”. También a su esposo, Barrera Malo quien, en la novela, no es otro que Narciso Barrera, el raptor de Alicia. Nariza Sabas era una mujer de origen libanés y, al contrario de como la describe Rivera, tenía gran cultura y señorío. En Orocué, junto conCarmen Ruiz, esposa de José Nieto (“El Pipa” en la obra), capitaneaban las fiestas.

Julio Barrera Malo era descendiente de una familia muy distinguida de Bogotá y, al igual que Nariza, se dedicaba al comercio. Sus clientes eran los indios y colonos del Amazonas. Tenía vínculos comerciales con la casa Arana y por encargo de esta, a lo largo de sus correrías por los Llanos, enganchaba gente para que trabajara en las caucherías. Se llegó a afirmar que nunca se enteró de la suerte de sus recomendados, pero otros, sobre todos sus enemigos, afirmaban lo contrario. Murió a manos de los indios quienes, advertidos que los estaban envenenando con la droga que les regalaba, asaltaron a la cabaña donde dormía y lo molieron a palo.

Los verdaderos colonizadores
En 1922, después de regresar de los Llanos, Rivera fue nombrado por el gobierno de Jorge Holguín, miembro de una comisión que debía demarcar los límites entreColombia y Venezuela. Este viaje que duró dos años a lo largo de la selva, le sirvió para conocer otros personajes y otras historias que le ayudarían a denunciar en su novela los vejámenes que se cometían contra los trabajadores de las caucherías.

Entre los personajes con quienes tuvo contacto durante ese viaje se destacaban cuatro pastusos. Algunos de ellos figuraron en la teleserie, otros no.

El primero fue Benjamín Larrañaga, quien había llegado al Amazonas en 1874, en compañía del general Rafael Reyes, para dedicarse a la explotación de la quina, muy apetecida en Europa. Al contrario del ex-presidente, Larrañaga amasó una gran fortuna con el negocio del caucho. Fue fundador y socio de la casa Arana. Murió envenenado en 1903 cuando, ante los demás propietarios de la fundación, protestó por el mandato a que eran sometidos los indios y los colonos.

Clemente Silva era el segundo y más importante de los pastusos. Se llegó a afirmar que no existió y que era fruto de la imaginación del escritor , pero esta versión quedó totalmente descartada y se comprobó que su historia era tan real como lo cuenta el libro: llegó al Amazonas en busca de su hijo y durante 16 años fue sometido a todo tipo de humillaciones. El tercero del grupo es Hipólito Pérezquien, como Larrañaga, entró en la selva atraído por el caucho. El cuarto fueJuanchito Vega, cónsul de Colombia en Iquitos, quien le prestaba oídos sordos a las denuncias sobre los atropellos que se cometían por ser socio de la casa Arana. Murió en 1921 en una calle de Iquitos, en donde fue asaltado por un grupo de indígenas que lo descuartizaron a machetazos.

“El coronel Funes” de la novela era Tomás Funes, nombrado por Juan Vicente Gómez, gobernador de Amazonas para la zona de Venezuela. Por los crímenes cometidos, el guerrillero Emilio Arévalo Cedeño, enemigo del dictador, le levantó sumario y lo hizo fusilar el 30 de enero de 1921.

El gran amigo de Arturo Cova y esposo de la “niña Griselda” se llamaba Fidel Franco, Fue condiscípulo de Rivera en la escuela donde estudiaron su primaria. Después Fidel se convirtió en un trotamundo. Años más tarde al reencontrarse , éste le contó a Rivera todas sus aventuras en los Llanos. El escritor, en prueba de su amistad y afecto lo incluyó en el libro tal y como era en la vida real.

“La niña Griselda”, la gran amiga y compañera de Alicia, era Griselda López, una mujer que murió víctima de los atropellos de la casa Arana. Para describir su personalidad el escritor se basó en la de una muchacha que conoció al servicio de “Zubieta” en el hato de “Mata de Palma”.

Los demás personajes de origen extranjero son: “El Mosiu” en la novela, protector del cauchero Clemente Silva. Su verdadero nombre era Eugenio Rubichon. Miembro de la Sociedad Geográfica de París, había sido contratado por la casa Arana para explotar los afluentes del Río Putumayo. Murió perdido en la selva después que, acosado por el hambre, junto con una india y un perro que tenía, salió del rancho a buscar la comida.

El Cayetano era una americano llamado John Brown , oriundo de Chicago, donde nació en 1873. Era nieto de esclavos y llegó al Amazonas atraído por la fiebre del caucho. Trabajó en la casa Arana como capitán de verdugos entre 1903 y 1911. Al final de sus días ni siquiera el embajador de su país fue capaz de hacerlos regresar a los Estados Unidos porque, según le contestó: “Allí en la selva no odiaban a los negros”. Alardeaba de tener 18 hijos nacidos de mujeres colombianas, peruanas y brasileñas.

Después uniendo estas vidas y sus historias, Rivera regresó del Amazonas y escribió el libro que lo inmortalizó: La Vorágine.

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Gilberto Castillo