“La bola de nudillos” y “el oro olímpico”

Phil Niekro, el ídolo de Ohio, y Tommy LaSorda, el zurdo de Pensilvania y el hombre de los Dodgers, dos inmortales del béisbol de las Grandes Ligas y referentes de una época que será recordada por los amantes del Rey de los Deportes.

Phil Niekro (Imagen: Atlanta Journal- VBM)

Ambos fueron lanzadores de la Gran Carpa. Uno de ellos se consagró como uno de los mejores lanzadores de la “bola de nudillos”. El otro, apenas figuró en las nóminas de los Dodgers de Brooklyn y de los Atléticos de Kansas City, con un paso efímero desde la loma de los sustos, pero tuvo jerarquía desde la estrategia del juego. Ambos están en el Salón de la Fama.

Phil Niekro, el ídolo de Ohio, permaneció durante 24 años en el béisbol de las Grande Ligas, con un recorrido tan brillante que quizás muy pocos lleguen a igualarlo y, mucho menos, superarlo.

Su larga y brillante trayectoria, lo exaltaron a la cima de los extraordinarios serpentineros de los años 60, 70 y 80, cuyas ejecutorias desde la loma de los suspiros, obligaba a los bateadores rivales a intentar descifrar el próximo envío, que para nadie era un secreto, era su lanzamiento “de nudillos”. Y sin embargo, qué difícil era batearle.

Tommy LaSorda, en cambio, no fue la estrella que muchos pensaron, y tan pronto como había llegado, igualmente salió de la plantilla del béisbol de las Mayores, apareciendo apenas en 3 cortas campañas, con los uniformes de los Dodgers para entonces de Brooklyn y los Atléticos que jugaban por esos años en Kansas City, pero más tarde se dedicó a estudiar como muy pocos, el difícil y complicado arte de dirigir sobre los diamantes, hasta llegar a ser uno de los más cotizados dirigentes del béisbol de las Grandes Ligas, con permanencia de 20 años con más victorias que derrotas, con su divisa de siempre, los Dodgers.

El respecto a Niekro

Todos conocían cuál era “su arma favorita”. Mejor dicho, cuál era su bola de defensa, su lanzamiento de poder, cada vez que su brazo derecho soltaba la esférica.

No me atrevo a decir que ha sido el más grande lanzador de todos los tiempos con su “bola de nudillos” — y tal vez y sin duda alguna, lo ha sido — sino que fue, es y será el más reconocido y dominante con ese lanzamiento tan difícil de descifrar por parte de los bateadores rivales.

Con 24 años en la Gran Carpa, Phil, con sus 1.86 metros de estatura y sus 185 libras promedio de peso, se paseó por todos los diamantes del mejor béisbol con del mundo . (Imagen: Momentos Deportivos RD-VBM)

En su recorrido, la esférica parecía que no fuese a llegar, pero a medida que el lanzamiento se desplazaba camino al pentágono, se convertía en una oferta que, para el más endemoniado, estudioso y hábil de los swings de los mejores bateadores de su época, qué difícil era encontrarle la forma de devolverla hacia terrenos de nadie.

Phil Niekro fue esa clase de lanzador que desde el mismo momento en que aparecía en la lomita, había que saludarlo con respeto, pues en la medida en que desarrollaba su juego, sus envíos eran mucho más difíciles de encontrarle el lado preciso para chocarlos con destino a territorio de nadie.

Infundía jerarquía y exhibía una clase serpentinera que pocos en más de un siglo de la práctica del Rey de los Deportes, han podido llegar a la cúspide, porque a pesar de que todos los bateadores conocían el lanzamiento que venía de su brazo derecho, pocos entendían el dominio que ejercía sobre los mismos y el excelente control que evidenciaba en cada uno de ellos, para colocarla en el sitio que “más le dolía”  a sus rivales de la ofensiva.

Con 24 años en la Gran Carpa, Phil, con sus 1.86 metros de estatura y sus 185 libras promedio de peso, se paseó por todos los diamantes del mejor béisbol con del mundo, su única y bien conocida forma de lanzar, pero que pocos podían descifrar.

Su majestuosidad

Participó en 864 partidos, con 716 como abridor y se acreditó, como muy pocas veces ocurre, 29 encuentros salvados.

Su majestuosidad desde la lomita, está claramente sentenciada en sus guarismos, en los 24 años que laboró desde el montículo, 20 de ellos con el uniforme de los Bravos de Milwaukee y de Atlanta, 2 con los Yanquis de Nueva York, 1 con los Indios de Cleveland y otro más, combinándose con los bombachos de los Indios, los Azulejos de Toronto y una vez más, con los Bravos.

Registró 318 victorias frente a 274 derrotas, consiguiendo 3.35 de efectividad, en 5.404 episodios y un tercio de labor, permitiendo 2.337 carreras, de las cuales 2.012 fueron limpias; con 3.342 abanicados, 1.809 bases por bolas otorgadas, 86 de ellas de manera intencional.

Tommy LaSorda (Imagen: ABC7-VBM)

No pudo conquistar un anillo de Serie Mundial, porque así es el béisbol; pero ganó 5 Guantes de Oro y en 5 oportunidades participó en Juegos de Estrellas, 4 por la Liga Nacional y 1 por la Liga Americana; en 3 campañas compiló 20 o más victorias, con 23 y 13, en 1969 y 2.36 carreras limpias por juego; 20 y 13, en 1974, con 2.38 de efectividad; y 21 y 20, en 1979, con 3.39 carreras limpias por juego; y acumuló 200 o más abanicados en tres temporadas, como lo fueron en 1977, con 262 ponches propinados; 248 en 1978 y 208 en 1979.

Pero en su largo historial, hay otras dos cosas que se deben resaltar, porque son elementos indiscutiblemente valiosos que exaltan su calidad serpentinera, que le permitieron, sin discusión alguna, alcanzar un nicho en el Salón de la Fama.

En los 24 años en la Gran Carpa, apenas hizo 226 lanzamientos ‘’incontrolables’’ para los receptores, y en 42 oportunidades le cantaron ‘’mal movimiento’’ en la lomita, para que los corredores avanzaran hacia la base siguiente.

De brazo equivocado

Se firmó con una proyección de gran prospecto como lanzador de brazo equivocado, pero su permanencia en las Grandes Ligas fue efímera y no se adjudicó una sola victoria en la Gran Carpa, en los 3 años que estuvo en nómina.

Nos estamos refiriendo al inmortal Tommy LaSorda, cuya trayectoria como pelotero es totalmente desechada y superada con creces, por lo que hizo como dirigente del béisbol.

Con una marca de 0 ganados y 4 perdidos, y 6.48 carreras limpias por juego, en 58 entradas y un tercio, con 37 bateadores abanicados y 56 bases por bolas entregadas, LaSorda pasó sin pena ni gloria — más bien con más pena que gloria — por las nóminas de los Dodgers de Brooklyn, en los años de 1964 y 1965, y en 1966, con la de los Atléticos, para entonces, en Kansas City.

Pero LaSorda tenía un sentimiento especial con el béisbol, y si bien no pudo consagrarse como un gran lanzador, esa defección como pelotero, lo inclinó por trabajar y estudiar los secretos del deporte, y  bien pronto su tarea desde la dirección en el Rey de los Deportes, empezó a dar frutos desde cuando se inició en las divisiones menores de los Dodgers, su equipo amado, hasta llegar a la cima de la dirección de los “Esquivadores”, una vez el inolvidable y gran estratega, Wall Alston, decidió abandonar el timón de la cotizada novena.

Dos Series Mundiales y más

Al frente de los Dodgers, LaSorda permaneció dos décadas, en cuyo trayecto conquistó dos títulos de Series Mundiales, en cuatro ocasiones llegó al Clásico de Otoño; consiguió cuatro coronas de la Liga Nacional; ocho trofeos divisionales, y otras tantas cosas invaluables para el club.

Con pergaminos, Tommy LaSorda se fue del béisbol, al que nunca abandonó, pues siempre se le veía en los estadios, principalmente para animar a los Dodgers . (Imagen:Angeles Daily News-VBM).

Con 1.599 victorias y 1.439 derrotas como estratega de los Dodgers, Tommy se granjeó el respeto y el aprecio de sus peloteros, incluyendo a los latinoamericanos, que integraban con lujo de competencia, la nómina del equipo.

Con un buen español, que aprendió manejando clubes en República Dominicana, LaSorda fácilmente se compenetraba con el entusiasmo y el empuje de sus jugadores, y entre 1976 y 1996, disfrutó el juego como un niño de corta edad.

En sus dos primeros Clásicos de Octubre frente a los Yanquis de Nueva York en 1977 y 1978, los Dodgers cayeron en ambas ocasiones con 4 derrotas y apenas 2 triunfos, cuando las rutilantes estrellas de los “Mulos”, encabezados por el formidable Reggie Jackson, el hombre de los tres “bambinazos” en aquél inolvidable sexto juego de la Serie Mundial de 1977,  hacían de las suyas.

Pero en 1981, los Dodgers se desquitaron al vencer a los Yanquis igualmente con 4 victorias y 2 derrotas, ante unos diezmados “Mulos” mas como una nómina con el perfil de un “hospital ambulante” que de una novena beisbolera.

En 1988, frente a los Atléticos de Oakland, los campeones de la Liga Americana, se alzaron con la corona de la Cita de Octubre, desde el arranque, cuando Kirk Gibson, saliendo como emergente del banco de juego y lesionado en una de sus piernas, en momentos en que los Dodgers perdían el primer juego en la novena entrada por pizarra de 4 carreras por 3, para sacar un inesperado pero valioso cuadrangular con un compañero en la ruta, que despertó el entusiasmo y los deseos de ganar el clásico, como efectivamente ocurrió, conquistando 4 triunfos frente a 1 derrota.

Oro olímpico

Retirado en 1996 de los Dodgers, LaSorda fue llamado por la Federación de Béisbol de Estados Unidos para que bajo su mando, la novena norteamericana jugara el torneo de los Juegos Olímpicos del año 2000, en Sydney, Australia, la sede de la magna cita deportiva.

Cuba era por esos años, la novena imbatible, y en dos presentaciones anteriores, en 1992 y 1996, USA no había podido capturar la Medalla de Oro del torneo de béisbol de los Olímpicos.

El béisbol ya había eliminado, para esa época, la barrera entre el pelotero aficionado y el profesional, por lo que Tommy confeccionó una valiosa nómina en busca del título.

En la ronda eliminatoria, Cuba había derrotado a USA, 5 carreras por 1, y en la clasificación de esa vuelta, los dos equipos concluyeron con 6 victorias y 1 derrota, debido a que sorpresivamente la novena isleña había perdido frente a Holanda, 4 carreras por 2.

En la rueda final por el título olímpico, Cuba eliminó a Japón al vencer 3 por 0; y USA sacó de la contienda a Corea del Sur, al ganar 3 por 2.

El triunfo de la gran final y la conquista del oro olímpico por parte la novena norteamericana se produjo con blanqueada de 4 carreras por 0 sobre Cuba, para que por fin la esquiva y valiosa medalla llegara a territorio de los Estados Unidos, con una actuación inolvidable del derecho Ben Sheets, quien dejó en 3 raquíticos inatrapables a la representación isleña, frente al trabajo del cotizado Pedro Luis Lazo.

Ben Sheets, Roy Oswald, Ernie Young, Doug Mientkiewicz, Marcus Jensen, Pat Borders, Brad Wilkerson y Travis Dawkins, entre otros, hicieron parte de la nómina que ganó el oro de los Juegos Olímpicos, al mando de Tommy LaSorda, para ungirse como el primer estratega en darle a su país el codiciado, anhelado y esperado trofeo.

Y para quienes les gustan las estadísticas, la victoria de la novena de Estados Unidos frente a Cuba en esos Juegos Olímpicos, apenas fue la cuarta en la historia de las 29 confrontaciones oficiales entre las representaciones beisboleras de ambas naciones. Cuba había ganado el oro del béisbol olímpico en Barcelona 92 y Atlanta 96.

Con esos pergaminos, Tommy LaSorda se fue del béisbol, al que nunca abandonó, pues siempre se le veía en los estadios, principalmente para animar a los Dodgers, y de manera general, para gozar del juego.

Phil Niekro ingresó al Salón de la Fama en 1997 y Tommy LaSorda fue exaltado ese mismo año, por su brillante trayectoria como capataz en las Grandes Ligas.

Dos grandes e inolvidables hombres del béisbol que marcaron época y que dejaron recientemente este mundo.

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Antonio Andraus