La banana republic que ya no somos y los políticos miopes que siempre nos gobiernan.

Por: Ver Bien Magazin

 

(Tomada de www.elespectador.com)

Nuestra infraestructura vial tiene cien años de atraso, y solamente hay un culpable de esto: los sucesivos gobiernos nacionales, ineficientes, que hemos tenido desde hace 112 años, para hablar solamente de la época en que aparecieron los carros a motor en nuestro país. Nuestros gobernantes han sido miopes, mudos, ciegos y sordos, como dice Shakira, con respecto a las posibilidades de un país en él que ni ellos creían y que está catalogado, hoy, como la segunda o tercera económica de América del Sur.

 

Fueron nuestros gobernantes los primeros en considerar a Colombia una banana republic, incapaz de salir del atraso en que estaba, limitada solamente a combatir una guerrillita que hostigaba y entretenía aún ejército que parecía creado solamente para proteger los intereses de los ricos; pero las cosas cambiaron, y hoy se muestra otro panorama porque la banana republic fue capaz de sobre vivir a pesar del narcotráfico, de la narco-guerrilla que también creció, de la corrupción imperante y de la apatía de unos gobernantes charlatanes e incapaces.

Hoy esta ex -bana republic, fue capaz de celebrar un tratado de Libre Comercio no sólo con los Estados Unidos sino con muchos otros países, y los inversionistas más sesudos buscan invertir en ella, sin importar que los mamertos de las FARC y otros más ataquen estos acuerdos y opinen lo contrario. Inversión es inversión y genera ingresos, salud, empleo y bienestar.

Ningún país ni el más comunista, ni el más capitalista, viven por si solos sin inversión extranjera. Es este, para llamarlo en sus términos reales, un mal necesario.

Pero nuestra infraestructura, decía, no esta ni siquiera en pañales, sino en bayetas, -aquellas piezas de tela que utilizaban nuestros abuelos para cubrir la colita de bebe de nuestro padres, las mismas que nunca lavaron bien y manchadas de amarillito, ponían a secar al sol-. La muestra, para  un botón, está en la Vía al Llano, la que une a la Capital de la República, con la despensa más necesaria para alimentar 9 millones de habitantes (contando  los llamados pobladores flotantes). Por culpa de los trancones, un recorrido que solamente debe durar una hora y cuarenta minutos, se convierte, fácilmente, en seis o siete horas. De nada sirven los viaductos que a costos altos se construyeron para mejorar su movilidad. Hoy se construye una doble vía, la cual será terminada después de mucho serrucho y mucha coima pagada, ¿Y vaya uno a saber si es suficiente? ¿ O si tuvieron la visión necesaria para hacerla eficiente?.

(Tomada de www.elespectador.com)

Con la tecnología del siglo XXI, no hay disculpa respecto a la topografía de la zona. En sitios peores, con decisión, con ingenieros y compañías honestas, y bajo la tutela de gobiernos  eficientes, se han construido obras de superior envergadura. La doble calzada a Girardot, e incluso a Ibagué y a otras más, debieron ser construida hace 40 años, al igual que la de Tunja y la de Sogamoso o La Ruta del Sol. A estas alturas, la Capital de la República debiera estar conectada con las dos costas a través de vías modernas con  calzadas  adecuadas para velocidades superiores a 60 y 80 kilómetros por hora que es lo que se le exige al automovilista nacionales. Esta velocidad es obsoleta para una época en que el tiempo es oro. Ni los países más pobres de Europa imponen esta camisa de fuerza, porque entienden que la eficiencia colectiva y la competitividad, no la competencia, están a la orden del día. La falta de dinero no es excusa, un Estado siempre recibe suficiente parta su infraestructura y Colombia no es la excepción, pero nuestros recursos, antes que en desarrollo, se van por los desagües de la  politiquería y el desgreño administrativo.

Las calles de nuestras ciudades se quedaron angostas porque los mandamases de hace 20 años, los caciques politiqueros de entonces, e incluso de ahora, nunca calcularon que comprar un carro fuera más fácil que comprar un televisor en aquellas épocas. Por eso las hicieron demasiado angostas. Creyeron que solamente ellos tendrían el privilegio de recorrerlas cómodamente sentados en sus carros propios, y hoy, gracias a los profundos cráteres que las “adornan” son una verdadera vergüenza nacional. En definitiva, todo se quedó al garete por culpa de los dirigentes ineptos que son reelegimos una y otra vez, sin que, los votantes, tomemos la decisión radical de liberarnos de esta politiquería y decidía roñosas.

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