Una colombiana en Nueva York

Consuelo Quintero construye cultura latinoaméricana

Por: Manuel Tiberio Bermúdez.

El 82-22 de Northern Boulevard, en Jackson Heights, Queens, es un sitio de referencia obligada para la comunidad latina que vive en New York. En esa esquina se levanta imponente el complejo más importante que reúne en un solo lugar: Teatro, Restaurante y Bar, para regocijo de una colectividad que ve en ese espacio el sitio perfecto para disfrutar la gastronomía de sus países, o escuchar la música de sus raíces o dejarse seducir con los variados espectáculos que constantemente se presentan allí.

Detrás de toda esta oferta está una mujer colombiana que vive en constante agite organizando aquí, dando una idea allá, recibiendo o haciendo las llamadas telefónicas que la mantienen conectada con ese agitado mundo que gira a su alrededor y que se llama New York.

Consuelo Quintero, colombiana exitosa

Consuelo Quintero, colombiana exitosa

Su nombre, reconocido entre la comunidad neoyorkina es Consuelo Quintero. Nació en un pueblo del Valle del Cauca, en Colombia: Calima El Darién y en ocasiones como esta recuerda como su familia tuvo que salir huyendo ya que su padre, quien era un transportador  propietario de la ruta Cali el Darién debió abandonarla por presiones de los “bandoleros” de esa época. De allí su familia se fue a la ciudad de Cali a “sufrir una miseria espantosa teniendo tierras en ese pueblo mío”, señala con nostalgia. Cansada de pasar necesidades emigró a los Estados Unidos a la edad de 17 años. Ingresó a estudiar y en el año de 1976 se graduó como Laboratorista Médica. Luego se trasladó a Houston y de nuevo regresó a Nueva York donde se puso a pensar que “trabajar para otros no era la mejor alternativa”.

Se casó con Álvaro Quintero quien fue asesinado en Colombia hace siete años en uno de  “esos choques de violencia que sacuden a mi país. Éramos muy ambiciosos en el buen sentido de la palabra, queríamos lo mejor para nuestras hijas y luego de su muerte yo he seguido con el impulso de seguir trabajando hasta que no pueda más”.

Tiene dos hijas que ya le han dado la alegría de ser abuela: Elizabeth, casada con un irlandés, tiene dos hijos: Sydney y Morgan y Maritza casada con un húngaro-francés con un niño que se llama Dylan. “Se nos está perdiendo lo latino, pero en acuerdo con mis hijas y sus esposos estamos tratando de que los chicos conserven lo cultural, y que no olviden sus raíces”.

“Antes de llegar a lo que hoy soy, trabajé en varias cosas. Por ejemplo, en el New York Hospital en donde había pacientes como Liza Minelly y el Sha de Irán. Por mi nacionalidad colombiana yo era elegida para interactuar con ellos, pues se consideraba un país neutral con referencia a lo del Sha. Me dieron una bonificación de cinco mil dólares que yo entregué al Hospital y ellos solamente me dieron las gracias, pienso que en realidad ese dinero era para mí, pero ellos se quedaron con el”. 

Luego entró a trabajar en una oficina de multiservicios y empezó  a ayudarle a la comunidad latina en traducciones, notaría pública, seguros y de ahí le resultó su gran adquisición: El Restaurante Natives.

“En aquel tiempo -señala Consuelo- solamente tenía nueve mesas y abría cinco días”. Respecto al nombre del lugar dice: “Natives fue el nombre que le dio un judío y que yo compré luego a una señora. Cuando yo lo adquirí, en l988, me pareció muy bonito el nombre y decidí dejárselo. En 1992 le hice la primera remodelación y para el 2002 lo amplié de 400 pies cuadrados a 7.000 pies cuadrados y hoy por hoy creo que es el restaurante más grande del mundo, dice orgullosa”.

El complejo Natives lo constituye: Un Restaurante típico, un Bar estilo Irlandés y un Teatro Art Deco que esta dedicado exclusivamente al arte y la cultura.

Hoy es más fácil ayudar a un hermano colombiano

Usted es una mujer que tiene un gran reconocimiento en Nueva York y en especial entre la gente latina de ser quien promueve, exalta y difunde la cultura y el arte de sus pueblos. ¿Qué significa para usted esta labor?

“Yo considero que esa es la parte más interesante de Natives. Después de haber observado que todos los demás países inmigraron con parte de sus costumbres: sus sacerdotes, su folclor, sus esposas, es decir familias enteras, encontré que nosotros los latinos en general, hablando desde México hasta la Patagonia, habíamos emigrado solos, sin familia, sin el folclor,  en total desarraigo. Me pareció bien interesante unir esos elementos de los que carecíamos: la familia, la cultura, nuestra culinaria y los espectáculos, sin que nos tuviéramos que desplazar  a Manhattan donde se agita otro mundo y en donde en ocasiones se dificulta ir y más para nosotros que somos la clase trabajadora de este gran país y que en muchas oportunidades no tenemos los recursos para ir a pagar una boleta para un espectáculo en  Broadway o no tenemos el carro y nos toca irnos en tren, bien elegantes, porque así somos las mujeres latinas, eso no nos gusta.

De manera que al encontrar este sitio maravilloso Art Deco, construido en 1926, me dije, este es el espacio que se merece la gente latina en este lugar de New York y tiene que ser el lugar porque a nosotros nos gusta lo bueno, lo bonito, -nosotros somos muy pinchados- agrega en elogio. Decidí que aquí se harían muchos programas culturales, no solamente colombianos de los que me siento muy orgullosa en presentar, sino de todo Latinoamérica, para que aquí nos enriquezcamos en conocimiento y en disfrute de lo nuestro. Y así lo hice y así ha continuado hasta hoy”.

¿Recuerda que fue lo primero que presentó en su Teatro?

“Comenzamos trayendo el elenco de Sábados Felices, luego han estado aquí los artistas que representan la nostalgia de los años 60, que entre otras cosas siguen teniendo vigencia entre sus seguidores, por aquí han pasado agrupaciones culturales de Colombia como Estampas Negras y Mestizo; de México, el Ballet Folclórico, Zarazuelas, Tango, en fin, todos los pueblos latinoamericanos han tenido presencia en nuestro teatro”.

Las entidades y grupos colombianos con asiento en Nueva York, dan cuenta de su solidaridad y de su apoyo para que desarrollen actividades que buscan difusión de su quehacer cultural. ¿Cómo ha sido este proceso?

“Estamos cumpliendo un proceso que permita la ayuda en ese aspecto y para ello he creado una asociación sin animo de lucro que se llama “Native Roots”, Raíces Nativas. Con los fondos que hay disponibles para la cultura por parte del Gobierno Americano y las empresas privadas, pienso empezar un proceso de apoyo mucho mayor al arte en todas sus manifestaciones porque en realidad en nuestros países el arte se muere de hambre, de falta de apoyo. Los pintores, los escritores, los grupos de danza, es como si estuvieran pidiendo limosna para ejercer su oficio. No se ha querido reconocer como un enriquecimiento cultural esas manifestaciones artísticas porque las sociedades solo miran lo económico: cuánto tienes, eso vales. Y yo quiero ayudar es en el proceso de que se posibiliten esos talentos, esos dones que dios dio a cada uno de nosotros”.

¿Cuál es su vínculo con la sociedad política que vive en New York?

“Mis vínculos son simples, yo les ayudo mucho en lo que tiene que ver con la motivación del voto. Siempre estoy presente en las actividades culturales y políticas, porque soy una convencida que solamente por medio del voto vamos a tener la fuerza y la presencia política que los latinos queremos tener. El poder latino esta en el voto y tenemos todos que tener conciencia de que si no votamos no lograremos la presencia que necesitamos tener. Es un proceso arduo ya  que no hay conciencia de la importancia del voto porque venimos de países donde tenemos una sociopatia terrible porque nuestros políticos no han sabido responder a las expectativas de sus electores y por que ellos no han tendido una mano bondadosa para ayudar y eso conlleva a que aquí, en el exterior sigamos teniendo esa sociopatia hacia el voto, pero creo que poco a poco nos vamos concientizando que de de la única manera de conseguir aquí una posición importante en el gobierno para ayudar a nuestros hermanos latinos, sino para ayudar a nuestros países latinoamericanos y en el caso mío a Colombia y también para buscar que las leyes en contra o en pro de los emigrantes nosotros tengamos algo que decir y aportar”

La actriz Yenny Paola Vega y Consuelo Quintero

La actriz Yenny Paola Vega y Consuelo Quintero

¿Se siente una triunfadora?  

“Me siento una mujer que busca y que encuentra caminos. Uno dice bueno cuando llegué a tal meta he triunfado, pero uno es tan ambicioso que se convierte en esclavo de lo que ama. Yo pienso que el triunfo mío es cuando yo me pueda quedar a disfrutar con mis hijas y con mis nietos los meritos y los logros obtenidos, pero yo  no soy ese tipo de mujer, yo soy una luchadora, trabajadora, como mi abuela que se fue de Manizales al Darién a fundar ese pueblo”.

¿Cómo ve usted, desde la tranquilidad de su vivir en el exterior el doloroso y creciente proceso de inmigración que vive Colombia, no solamente hacia los Estados Unidos sino que se busca salir a donde se pueda, no importando que país sea?

“¡Que pesar…que pesar! A la madre uno no la abandona, eso es como el desarraigo total, de manera que observo con muchísimo pesar que tengamos esa fuga de cerebros, de talentos de mano de obra y que en Colombia nuestros gobernantes no hagan algo más positivo, que se preocupen más por educar a nuestros jóvenes que se olviden de “Tiro Fijo” y del “Mono Jojoy”, que dejen que el “Mono Jojoy” termine su macabra labor y que se canse, pero que la plata de nosotros no se vaya en una defensa inútil demasiado larga y costosa. Esa guerra se ha vuelto un doble desangre para el país: la sangre que derramamos y el dinero que tenemos que gastar en defendernos y lo triste es que de todas maneras no nos hemos defendido. Olvidémonos del “Mono Jojoy” y de “Tiro Fijo” y eduquemos para el futuro a nuestros niños. Si comenzamos un proceso educativo serio  y a conciencia, en 20 años tendremos la paz, porque vamos a tener personas buenas, conscientes y trabajadoras y preparadas para acciones de progreso y bienestar para todos”.

Se dice que la situación del inmigrante ahora es mas difícil que anteriormente. ¿Cómo ve el escenario hoy, concretamente en Nueva York, una ciudad costosa, difícil que es como una trituradora de sueños humanos?

“Le voy a decir algo. Yo llegue aquí en l970, junio 21 de ese año. Y yo recuerdo cuando tenía 16 años tratando de hacer papeles para obtener la visa y eso nunca ha sido fácil. La gente cree que antes era más cómodo y eso no es así. Ahora tenemos un grupo grande de colombianos que ayuda muchísimo al que va llegando. Tenemos trabajo para esas personas, somos más solidarios. Quien llegue a mi establecimiento y me diga que viene en busca de trabajo y que necesita empezar a trabar comienza almorzando. Eso no se veía hace 35 años ya que quienes llegábamos lo  hacíamos a lugares totalmente americanos y no había manera de decirle a alguien: tengo hambre o quiero una bandeja paisa. Mire usted una bandeja paisa en ese tiempo valía 8 dólares, hoy en mi restaurante sigue costando lo mismo. De manera que quien diga que hoy es más difícil yo creo que no. Somos más hermanos ayudándonos”.

El teléfono repica urgiendo una respuesta. Mientras atiende la llamada la observo con detenimiento. Es una mujer de aproximadamente 1,65 de estatura, con un traje sencillo pero elegante, habla pausado, con serenidad y lo hace en español o en inglés. Es seria pero no huraña, tiene la palabra fácil y el comentario preciso y oportuno. En su oficina se siente el ambiente del trabajo: papeles por todos lados, varias computadoras y una asistente discretamente silenciosa que no levanta sus ojos de la pantalla. Tres teléfonos hacen coro pidiendo atención.

Aprovecho la interrupción de la llamada para cambiar de tema, para tratar de conocer al ser humano que despliega tanta actividad y que tiene tantas y variadas responsabilidades que atender.


Olvidar la subversión y educar a los niños

¿Qué canción le gusta, es decir, que la ponga a comprar como decimos en Colombia?

“Una canción de José A Morales que se llama “Pueblito Viejo”, me encanta porque a mi me la cantaba mi papá cuando estaba chiquita y él le hacia una adaptación para entonarla para mí entonces decía –como yo era negrita- “negrita consentida colgada del cielo…” luego cuando me casé mi esposo llegó un día con una serenata y me trajo esa canción pero yo no se por qué me emociono mucho esa bella coincidencia”.

¿Qué le produce  tristeza?

“La situación que vive Colombia y por la cual yo  no puedo ir a mi tierra. Hoy me fui a comprar flores y pregunté: ¿Hay heliconias? Y me respondieron: No, no hay porque no llegaron de Colombia. Y pensé yo que tengo un cultivo inmenso de heliconias allá en el Darién, que no las puedo cosechar para traérmelas a los Estados Unidos porque me da miedo. Porque si me secuestren a mi me tendrían que arrancarme dedo por dedo me tendrían que matar porque yo no podría entregar más fondos para que ellos sigan matando colombianos. Si el primer compatriota que secuestraron hubiese hecho esto y así mismo el segundo y el tercero, no hubiesen entregado dinero, no tendríamos el problema de hoy. Por principio yo no podría entregar cinco centavos de lo que me he ganado en los Estados Unidos con mi esfuerzo y trabajo. Eso me produce tristeza. Que tenemos tantas flores, que tenemos tanta belleza, mientras nuestro pueblo esta muriendo de necesidades, porque algunos no podemos sacar y vender.
Cuando yo podía ir a mi finquita le llevaba vestidos a la muchacha que me cuidaba, les llevaba ropita a los muchachitos, matábamos cerdo para todos, disfrutábamos las  flores porque era una economía pequeña pero que le daba entradas extras a esa familia. Y me da tristeza no poder yo ir a gastar mi dinero en donde el corazón me lo pide. Me tengo que ir a Europa, o a otros lugares cuando en realidad mi alma pide irme a ese pueblito pequeñito que se llama Darién a gastar el dinero con los seres que quiero”.

¿Y que la pone alegre?

“Yo soy una persona alegre por naturaleza. Me pone alegre verlos a ustedes los periodistas llegar, me pone alegre poder cancelar mis deudas, me pone alegre tener este sitio tan hermoso que tengo, me pone alegre ir a disfrutar de un espectáculo que presente aquí en el teatro, eso me pone alegre y me llena de muchísimo orgullo”.

¿Qué piensa de Dios?

“Dios es el creador, mi guía. Con El me levanto y con Él me acuesto todos los días de mi vida y todos los días le doy gracias, porque precisamente, Él me tiene en la posición que hoy ocupo y que es para mi increíble. Yo he sido una consentida también, como la canción de que le hablé,  una negrita consentida de mi dios, porque lo que le pido Él me lo da en la medida que yo se lo pido”.

¿Y qué es el amor para Consuelo Quintero?

“Ayyy, el amor, es un poco difícil. El amor es difícil porque es un compartir con otra persona. Y cuando uno, como en mi caso se dedica a un negocio, ese se convierte en el amor de uno y no le dedica tiempo al amor de la media naranja. Eso pasa uno termina siendo esclavo de lo conquistado. En estos negocios donde uno le dedica tanto tiempo el amor se queda un poco de lado y recuerde que el amor es como una planta hay que regarlo todos los días, darle besitos, llegar a casa y apapacharse con la otra persona, sentarse a ver la tele y si uno no tiene ese tiempo, si no separa ese tiempo de su vida entonces el amor se cansa”.

¿Qué le diría a las mujeres que quieren irse a cualquier lugar del mundo, dejando sus países, para conquistar sus sueños. Qué les aconsejaría o qué reflexión les pide que hagan antes de emprender ese viaje?.

“Antes que nada reflexionar sobre lo que se va a emprender. Hacer un programa de vida, trazarse metas. Decir: yo quiero llegar a tal parte y empezar a soñar con insistencia en esa luz que ve en su futuro, pero también preguntarse, qué requiero para realizar mi sueño. En ocasiones una buena preparación será aprender el idioma del país donde va a viajar. Tener consagración a lo que se va a hacer, por ejemplo, yo llegue aquí de 16 años y comencé limpiando casas, y con lo que ganaba ayudaba a mi mamá para que tuviera una empleada que hiciera lo que a mi me estaba tocando hacer en ese momento. Lo hice con dedicación y orgullo y en menos de tres años ya tenía 40 personas trabajando conmigo. El consejo es, con la frente en alto, nada de resentimientos, todas las piedras del camino conviértelas en buenos pensamientos, en buena actitud. Son pruebas de mi Dios que nos prueba para que sigamos adelante. No al odio, no a la envidia. Si al optimismo y a la decisión de hacer lo que soñamos”.

En la tranquilidad del descanso, luego de la lucha cotidiana, si una voz le preguntara: ¿Quién es Consuelo Quintero hoy, qué le respondería?

“Consuelo, es esa  persona chiquitica que empezó a trabajar desde los 7 años y que todavía sigue trabajando. No tengo orgullos, soy una persona que sigue aquel precepto de que si te abofetean una mejilla pones la otra, porque soy humilde. Soy bondadosa hasta donde puedo, activa sin pereza. Consuelo es esa persona que usted puede llamar a las dos de la madrugada porque necesitas que te recojan y Consuelo se levanta y lo hace”.

¿Cuál es el motor que alienta su vida?

“El motor de mi vida: mis hijas. En el momento en que tuve mis hijas desperté, porque siempre he querido que ellas sean muchísimo mejor de lo que yo soy. Darles a ellas todo lo que a mi me faltó y después de ellas mis nietos. Ellos son el motor de mi vida y de mi inspiración. Me parece que son el mejor regalo de Dios para que yo siga con mi llama al viento y con la mejor disposición para trabajar”.

¿Una frase que sea su guía y aliciente para enfrentar la cotidianidad?

“Señor, hazme instrumento de tu  paz”. Esa es mi oración mañanera. Y otra de las palabras que me ayudan es la oración del buen día. “Señor, ayúdame a tener un buen día llena de ti, ilumíname y no permitas que me desvíen ni el odio, ni la envidia, ni la pereza, ni el rencor”. En la noche agradezco a Dios porque terminé bien mi día, porque no mortifique a nadie y porque todo me salió bien.

Una reflexión para compartir con  los colombianos que están es su país

“Que nos olvidemos de los señores de la subversión y que eduquemos a nuestros niños porque son el futuro para un  país mejor, que no los lastimemos y que tratemos de ofrecerles un mundo que sea digno de ellos”.

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