Una nueva política energética en Estados



Por: Pedro F. Carmona Estanga

Con la asunción de la administración Biden en Estados Unidos, se produce un vuelco en materia de política ambiental y energética con respecto a las políticas del pasado, y en especial a las aplicadas durante el gobierno de Donald Trump. Las principales orientaciones de esas nuevas políticas anunciadas hasta ahora, se orientan en la siguiente dirección:

  1. EE.UU. asume con paso firme el reto de la transición hacia energías limpias, implantando algunas restricciones al desarrollo de las energías fósiles (carbón y petróleo).
  2. El primer compromiso anunciado apunta a lograr un sector energético libre de emisiones de carbono en el año 2035, y una economía de cero emisiones netas en el 2050. Sin duda un ambicioso plan, que significaría inversiones del orden de los US$ 2,5 billones.
  3. Reincorporación de EE.UU. al Acuerdo de París sobre Cambio Climático y al control de gases de efecto invernadero, para contribuir a limitar el aumento de las temperaturas en el planeta a 1,5% sobre los niveles preindustriales, amén de asumir un papel protagónico en la cumbre del clima que se celebrará en Glasgow (Escocia) del 1º al 12 de noviembre del 2021.
  4. Por razones ambientales, la suspensión de la construcción del oleoducto Keystone entre Alberta, Canadá, y el Golfo de México, decisión que ha generado “decepción” en Canadá, dado el avance de obras e inversiones en dicho proyecto, e igualmente de parte de los sindicatos estadounidenses, favorables a Biden, ya que se comprometen unos 10.000 empleos. El Keystone ha sido un proyecto controversial desde hace varios años, que fue vetado en su momento por Barack Obama, y a la vez objetado en los Estados de Montana y Nebraska, pese a lo cual Trump había decidido impulsarlo. 
  5. Mantenimiento de la tecnología del “fracking” (tecnología de fracturación hidráulica) para la explotación de crudos no convencionales, gracias a la cual EE.UU. se convirtió en 2019 en el primer país productor de petróleo del mundo, con un volumen superior a 12 millones de barriles diarios (b/d), aunque el país sigue siendo importador neto de petróleo, en un promedio de 4,4 millones de b/d en 2019, principalmente desde Canadá, Arabia Saudita y México.
  6. Prohibición de nuevas concesiones petroleras en tierras federales, en las cuales se producen en la actualidad unos 2,8 millones b/d. Ello sin efecto retroactivo.
  7. Orden de adquisición de vehículos eléctricos en todas las dependencias federales, para contribuir a la reducción de emisiones a la atmósfera. Las compañías privadas están respaldando esa política, y así, General Motors (GM), anunció hace pocos días que a partir de 2035 solo fabricará vehículos de “cero emisión”, mientras Ford inicia la producción en México de automóviles eléctricos. Por su parte, Tesla, el gran fabricante de este tipo de vehículos en sus instalaciones en California y en China, se ha convertido en la compañía automotriz más apreciada del mundo, con un aumento de 700% en el valor de sus acciones. El ejemplo está siendo seguido por varias empresas multinacionales automotrices.
  8. Le designación de John Kerry como mano derecha de Biden en los temas de cambio climático, rodeado de un importante grupo de asesores, muestra el interés que la nueva administración asigna al cambio climático y a la transición energética. Al decir de Kerry: “El tema ambiental es para Biden, sin que haya margen a duda alguna, una de sus primeras prioridades. Él hará más progresos en el tema, que todos sus predecesores”.
  9. Aunque las nuevas políticas de la administración Biden pueden cambiar las proyecciones, EE.UU. seguirá siendo un actor relevante en la producción de hidrocarburos, especialmente de los no convencionales, aunque se prevé que registrará una mayor demanda de gas que de crudos, dado que el gas es un combustible fósil más limpio.
  10. Los países desarrollados (OCDE), entre ellos EE.UU., no serán en un futuro los mayores demandantes de petróleo, sino los países emergentes y en desarrollo, en los cuales se concentraría un 70% de la demanda mundial en el año 2045. Ello muestra que la dinámica del desarrollo global descansará más en los países emergentes, y muy especialmente en el continente asiático, donde las proyecciones indican que se generará hacia esa fecha, más del 60% del PIB mundial. Es de desatacar que según el OPEP Outlook, mientras la producción de petróleo subirá entre 2019 y 2045 en un promedio de solo el 0,3% anual, las energías renovables no convencionales (diferentes a hidroelectricidad), lo harán a una sorprendente tasa promedio del 6,6% interanual. La demanda de carbón caerá en ese lapso al 0,3% anual promedio, por razones ambientales, ya que el carbón es la energía fósil más contaminante.
  11.  Biden ha ordenado al Pentágono, a las agencias y departamentos gubernamentales, asignar al tema del cambio climático el carácter de “seguridad nacional”, lo cual tiene claras implicaciones sobre todas las políticas públicas de EE.UU.
  12. Pero no todo luce fácil para la administración Biden en materia energética y ambiental. Así, el Senador McConnell, líder de la minoría republicana en el Senado, ha adelantado una postura contraria a las políticas anunciadas por la nueva administración, alegando su alto costo, la pérdida de la inversión y empleos en la industria de los hidrocarburos, a la cual considera como motor de la economía de EE.UU. por más de un siglo.
  13. Por su parte, Mike Sommers, líder de la American Petroleum Institute, alerta de que vienen tiempos duros para la industria de Oil & Gas, la cual viene ya de un año difícil en 2020, y expresa que las políticas de Biden afectarán a importantes regiones del país. Por ello, anuncia que adversará dichas políticas, especialmente en cuanto a la reducción o eliminación de los incentivos tributarios a la industria petrolera, y a la prohibición de nuevas concesiones en tierras federales.
  14. John Kerry refuta que la transición energética a energías limpias vaya a afectar el empleo, pues considera que se generarán nuevos puestos de trabajo en hidrógeno verde, geotermia y las demás energías renovables. Sin olvidar que, pese a la controversia, el tema ambiental cuenta también con fuertes partidarios en la opinión pública de EE.UU.

Como conclusión, EE.UU. da pasos de animal grande en materia de transición energética y cambio climático, dando así una contribución relevante a la reducción de gases de efecto invernadero, aspecto en el cual EE.UU. genera un 13% del total de las emisiones mundiales de carbono, contra un 27% China, país también comprometido en su reducción, e India con un 7%. Son pues enormes retos, fuertes inversiones, y conflictos de intereses, los que estarán presentes en la implementación de las nuevas políticas de cara a los años venideros. Pero en general, la direccionalidad de las mismas va en un sentido correcto de la historia, en la defensa de la sostenibilidad del planeta y del bien común universal, y sin un detrimento fundamental para la industria de los hidrocarburos, la cual cuenta aún con un buen futuro por varias décadas más, aunque sí, con necesidad de mucha innovación y retos ambientales.   

Un nuevo gobierno en los Estados Unidos

Joe Biden (Imagen: archivo particular-VBM)

Por: Pedro F. Carmona Estanga

Comienzo por afirmar que los venezolanos estamos agradecidos con Trump, por la firmeza que mantuvo contra el régimen que oprime a Venezuela, y por su compromiso con la causa de la democracia y la libertad en la sufrida patria. Ello sin dejar de reconocer que su estilo fue pugnaz, polarizante, soberbio, con lo cual generó animadversiones nacionales e internacionales, agravadas con su pertinaz negativa a reconocer los resultados electorales, y por la incitación a los injustificables hechos ocurridos en el Capitolio el pasado 6 de enero. Todo indica no obstante, que el segundo juicio político contra Trump, promovido por los demócratas, no prosperará en el Senado de EE.UU. Habría esperado que el presidente saliente no rompiera la tradición de asistir a la asunción del nuevo presidente, pero era mucho esperar de su compleja personalidad. Pero el vicepresidente Pence se llevó los puntos, con una actuación institucionalista, tanto en el acto de confirmación de los votos del Colegio Electoral por parte del Congreso, como concurriendo al acto de toma de posesión de Biden.

Joe Biden ha iniciado su gestión con una febril actividad desde el primer día, superando en el número órdenes ejecutivas a la actividad inicial de todos sus predecesores, todo ello como miras a fijar prioridades, o a revertir las políticas seguidas por Trump, en aspectos sustantivos que habían sido parte de la oferta electoral durante la campaña. Adelanto que no tengo inclinación proabortista, y que por ello difiero de la decisión de revertir las políticas implementadas por el expresidente Trump, que iban contra el aborto. Pero la intención de esta entrega es destacar algunas de las medidas más importantes hasta ahora adoptadas por Biden, entre ellas:

  1. La reincorporación de EE.UU. al Acuerdo de París sobre Cambio Climático y reducción de gases de efecto invernadero, y el impulso a energías limpias, entre ellas mediante la orden de adquisición de vehículos eléctricos por parte de las agencias federales y el  desestimulo al papel de las energías fósiles, ello sin prohibir el uso de la tecnología del “fracking” para la explotación de los hidrocarburos no convencionales, mediante la cual EE.UU. se convirtió en el primer productor mundial de petróleo. La designación de John Kerry como responsable del tema climático, y de un calificado grupo de expertos que lo acompañarán, muestra que EE.UU. reasume sus responsabilidades planetarias en un tema tan sensible, y que se esforzarán en alcanzar la meta de lograr un sector energético libre de emisiones de carbono en 2035, y una economía de cero emisiones netas para el año 2050. Las reacciones adversas de la industria petrolera y de algunos sindicatos, así como de Canadá por la suspensión de la construcción del oleoducto “Keystone” entre ambos países, no se han hecho esperar.  
  2. La reincorporación de esa nación a la Organización Mundial de la Salud, como parte del regreso de EE.UU. al multilateralismo, ayudará al impulso del programa COVAX para la distribución más equitativa de las vacunas contra el COVID 19 en el mundo en desarrollo, y de esa manera liderar la respuesta global ante la pandemia. Al nivel interno, Biden dispuso planes para atacar la pandemia, imponiendo fuertes medidas para contener los contagios y controlar a los viajeros internacionales, amén de acelerar el programa de vacunación masiva con una meta de 100 millones de vacunados en 100 días.
  3. Medidas inmediatas destinadas a proteger a los jóvenes “soñadores” (DACA), amenazados antes de expulsión; la legalización gradual de hasta 11 millones de indocumentados; la eliminación de las restricciones generalizadas de prohibición de ingreso de ciudadanos de 11 países musulmanes; la reunificación de las familias de inmigrantes, y el anuncio de que propondrá al Congreso una nueva política migratoria, bajo una visión más integral y humana. Ello además de la detención de la construcción del muro con México y la cancelación del estado de excepción que permitió destinar recursos federales para ese propósito, y de una moratoria para ejecuciones hipotecarias y deudas estudiantiles.
  4. Un plan de estímulos económicos, destinado a ayudar los estratos de bajos recursos, y a las empresas en dificultades por la pandemia, que alcanzaría US$ 1.900 millones, así como un aumento del salario mínimo a US$ 15 por hora de trabajo.
  5. La prioridad del “Buy American” por parte de los organismos federales, para estimular la actividad económica doméstica. Ello difiere del neoproteccionismo propiciado por Trump, ya que no implicaría adoptar aranceles discriminatorios, aunque requerirá congruencia con los principios del “trato nacional” incluido en los acuerdos de libre comercio existentes, o en las normas vigentes de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
  6. En materia de política internacional, el nuevo Secretario de Estado Anthony Blinken ha reiterado que EE.UU. no reconoce la Asamblea Nacional ilegítima elegida fraudulentamente en Venezuela el pasado 6 de diciembre, e insiste en la necesidad de garantizar elecciones justas, libres y democráticas en el país, además de haber manifestado, como también Biden, que Maduro es un dictador, y que es parte del problema y no de la solución de la crisis. Por tanto, se prevé que las únicas negociaciones que cabrían, y no las que aspira el régimen de Maduro de que haya un levantamiento de las sanciones, sería para que haya elecciones libres, de las cuales surja un gobierno representativo de la voluntad del pueblo venezolano.
  7. En otros aspectos geopolíticos, las prioridades del gobierno de Biden estarán en torno al mejoramiento de las deterioradas relaciones con sus aliados de Europa y con la OTAN, así como en definir el delicado tema de la postura frente al régimen cubano. Tiene mucha importancia el acuerdo alcanzado hace pocos días con Rusia para prorrogar por cinco años el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) que expiraba el próximo 5 de febrero, evitando así una nueva carrera nuclear. De otra parte, tendrá prioridad la definición futura de la posición frente al acuerdo sobre control del desarrollo nuclear de Irán, del cual el país se había desvinculado el país durante la administración Trump. Y finalmente, el papel de la nueva administración estadounidense sobre el tema palestino, dada la ruptura que se generó entre EE.UU., Israel y Palestina, a raíz del plan propuesto en 2020 por Trump y Netanyahu, que fue rechazado con ira por Palestina. Lo dicho, sin que sea taxativo, ya que EE.UU. tendrá también la responsabilidad de definir una visión de largo plazo en sus relaciones con la inestable región latinoamericana, de la cual ha carecido en los últimos tiempos, por otras prioridades en Asia y el Medio Oriente.

Son estas apenas algunas de las orientaciones y retos que enfrentará Biden en el poder, en un país polarizado, en el cual Trump ya asoma que no colgará los guantes, pues organiza equipos y oficinas en Florida para mantener su presencia en el escenario estadunidense, modificando en ese caso las tradiciones de los expresidentes, de no involucrarse en asuntos políticos internos, tras dejar sus funciones en la Casa Blanca. No es pues un lecho de rosas el que aguarda a Biden en los próximos cuatro años. Ojalá y logre tener éxito, despejar dudas, unificar al país, y mantenerse en la postura de centro que lo ha caracterizado, sin abrir demasiado juego a algunos grupos “progresistas” que lo rodean, y que no dejan de generar preocupaciones.   

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