Tom Seaver, con «aureola» ganadora

El astro derecho de los Mets de Nueva York de los años 60 y 70, se fue de este mundo a los 75 años, como consecuencia del Covid-19. Miembro del Salón de la Fama, Seaver siempre fue una carta triunfadora desde la lomita de los sustos.

Tom Seaver: 1944-2020 (Imagen: Luis Guillermo Digital)

‘’Los ciegos venían a los estadios sólo para escucharlo lanzar’’, sostuvo en alguna ocasión el inmortal, el Señor Octubre, Reggie Jackson.

En la primera vuelta de selección para la contratación de peloteros novatos, en 1965, la oferta llegó de los Dodgers de Los Ángeles, pero él la desechó.

Un año más tarde, en 1966, firmó con los Bravos de Atlanta por 50 mil dólares, pero su contrato fue anulado, porque el equipo en donde jugaba, la Universidad del Sur de California, había efectuado dos partidos, porque aun cuando él no había intervenido en ninguno de los dos desafíos, la norma indicaba, para entonces, que no se podía firmar a un pelotero después de participar con un club en la temporada universitaria.

Su padre, Charles, se enfrentó al Comisionado de la época, William Eckert, anunciándole que llegaría hasta los estrados judiciales si no había una solución para definir el contrato de su hijo. Eckert cedió antes de que la situación pasara a mayores, y determinó que se pondría a subasta, para que la novena que ofreciera los 50 mil dólares pagados por los Bravos, se quedara con los servicios del formidable prospecto.

La oferta final quedó reducida a los Mets de Nueva York, los Indios de Cleveland y los Filis de Filadelfia. Y la nueva franquicia de la Liga Nacional, con apenas 5 temporadas en la Gran Carpa, consiguió los servicios del que más tarde fuera considerado uno de los más grandes lanzadores de todos los tiempos en las Grandes Ligas.

Este es el preámbulo para referirnos a la partida de este mundo del inolvidable, Tom Seaver, a sus 75 años, como consecuencia de haber contraído el Covid-19, cuya estela de grandeza a su paso por el mejor béisbol del mundo, podrá ser quizás igualada con el transcurso del tiempo pero jamás superada.

Grandeza y majestuosidad 

Con un año de trabajo en la organización en sus divisiones menores, Tom llegó a la rotación de los Mets en 1967, y desde entonces, se echó la responsabilidad sobre sus hombros de sacar adelante a la divisa que perdía más juegos que los que ganaba, hasta llevarlos a la cumbre, al ganar la Serie Mundial de 1969, al lado del hombre de brazo equivocado, Jerry Koosman.

Fue el año en que el hombre llegó a la Luna; fue el año en que por primera vez en las Grandes Ligas se jugaban finales para definir al campeón de cada circuito, pues en cada una de ellas había 12 clubes en vez de 10; y fue el año en que contra todos los pronósticos, los ‘’milagrosos’’ Mets ganaban la Serie Mundial frente a un cotizado equipo como los Orioles de Baltimore, que contaban con peloteros de élite.

El equipo que había estructurado el inolvidable Casey Stengel, después de dejar la dirección de los Yanquis de Nueva York, estaba ahora en las manos de Gil Hodges, y del frío sótano, a cuya posición ya casi estaban acostumbrados, empezaron a subir peldaños hasta dar el golpe triunfal ganando el Clásico de Octubre de ese 1969.

La grandeza de Seaver dentro de los Mets no tiene comparación, porque si bien es cierto que el zurdo Jerry Koosman por esos años fue el uno-dos de la novena, Tom exhibía una majestuosidad sobre la lomita para ser siempre el protagonista del juego.

Carrera de ensueño

Ganar más de 300 partidos en las Grandes Ligas y acumular más de 3.500 bateadores abanicando la brisa, no son cosas menores; pero no fue un ganador neto en Series Mundiales.

Esos registros los tiene Tom, pero su carrera de ensueño, que empezó cuando en menos de tres temporadas, le cambió la faz de unos Mets perdedores a unos Mets batalladores, se quedó con la tristeza de que apenas conquistó un anillo de Serie Mundial, la de1969, como le ocurrió a tantas estrellas de la Gran Carpa que ni siquiera pudieron saborear las mieles del triunfo en un Clásico de Otoño.

Con 16 ganados y 13 perdidos debutando en las Grandes Ligas, en la campaña de 1967; y con 26 y 12 en 1968; Seaver se trepó a lo más alto en la temporada de 1969, cuando compiló 25 victorias, sí 25 triunfos, frente a apenas 7 derrotas, para un magistral guarismo de 2.21 carreras limpias por juego, mientras que su compañero zurdo, Jerry Koosman, el mismo que se estrenó en la Gran Carpa un día después de Tom en 1967, acumulaba 17 triunfos frente a 9 derrotas, para hacer una dupla ganadora para los Mets y para el mundo beisbolero.

En dos Series Mundiales

En sus 20 temporadas en las Grandes Ligas, Seaver vistió los uniformes de los Mets de Nueva York, los Rojos de Cincinnati, los Medias Blancas de Chicago y los Medias Rojas de Boston. (Imagen: NJ.com)

Van los Mets a la disputa del titulo de la Liga Nacional frente a los Bravos, en ese año de 1969, eliminándolos para capturar el banderín y llegar a la Serie Mundial en busca de la gloria, frente a los cotizados Orioles de Baltimore.

Si bien los Mets volvieron al Clásico de Octubre en 1973, frente a los Atléticos de Oakland, sucumbieron ante la poderosa novena que había organizado Dick Williams, que encabezaba Reggie Jackson, Joe Rudi, Sal Bando, Gene Tenace, el cubano Dagoberto Campaneris, el dominicano Jesús Alou, el boricua Angel Mangual, el mexicano Horacio Piña y el venezolano Víctor Davalillo, y el poder de sus lanzadores como Jim ‘’Catfish’’ Hunter, Vida Blue, Ken Holtzman y Rollie Fingers, en siete partidos, en donde Seaver perdió el sexto juego de esa gran final.

Se estrenó ese año el Bateador Designado para la Liga Americana, innovación a la ofensiva que permitió que muchos peloteros permanecieran en el juego algunos años más.

Pero los Mets ganaron la Serie Mundial de 1969, y de qué manera, para que Tom Seaver consiguiera su único anillo del Clásico de Octubre en toda su brillante carrera.

Los Orioles contaban con jugadores valiosos como Brooks Robinson, Paul Blair, Boog Powell, Frank Robinson, Don Buford, Davey Johnson, Mark Belanger, los latinos Marcelino “López, de Cuba, y el utility panameño  “Chico’’ Salmón; los lanzadores Jim Palmer, Dave McNally, y el cubano Mike Cuéllar. Eran los grandes favoritos.

Pero Seaver y Koosman con el apoyo de unos ‘’sorprendentes’’ Mets, ensamblados con un grupo de peloteros nada especiales, se adjudicaron la Serie Mundial en apenas 5 juegos.

En el primer juego en Baltimore, los Orioles ganaron con el cubano Mike Cuéllar en la lomita y los Mets perdieron con Tom Seaver en el montículo, 4 carreras por 1.

Pero en el segundo, también en Baltimore, la final se igualó, cuando los Mets con el zurdo Jerry Koosman le ganó en un verdadero duelo de lanzadores a Dave McNally, de los Orioles, 2 carreras por 1.

La gloria en el Shea

El Clásico se va para el Shea Stadium, y no regresan más a Baltimore, pues los ‘’fantásticos’’ Mets se alzaron con las tres victorias en casa.

En el tercer compromiso, Gary Gentry blanqueó a los Orioles, para darle el triunfos a los Mets 5-0, con la ayuda de quien más tarde se convirtiera en el afamado Nolan Ryan, el hombre de los

más de 5.700 abanicados, y quien pese a su brillante carrera, apenas compitió en esa única Serie Mundial.

Gentry trabajó 6 entradas y dos tercios: 3 imparables, 0 carreras, 5 bases por bolas y 4 ponches; el resto lo hizo Nolan: dos episodios y un tercio: 1 indiscutible, 0 carreras, 2 bases por bolas, 3 ponches y el juego salvado.

Es en el cuarto desafío en donde Tom Seaver, después de perder el primer partido, se convierte en el gigante de las serpentinas, laborando 10 entradas, para ‘’amarrar’ a los Orioles, permitiéndoles apenas 6 inatrapables y 1 carrera en todo el trayecto, guiando a los Mets a la victoria 2 carreras por 1. Pero aquí viene lo bueno: el juego estaba empatado a una carrera en la parte alta del décimo.

Los Mets, como jugaban en casa, les corresponde cerrar el décimo episodio. Dick Hall es el nuevo lanzador de los Orioles, el hombre que lanzaba por debajo del brazo. Jerry Grote lo saluda con doblete al bosque izquierdo; Rod Gaspar entra como corredor emergente por Grote, y Al Weis recibe la base por bolas intencional.

Con el juego empatado a 1 carrera, dos hombres en base y sin outs, la jugada era el toque de bola para avanzar los corredores y colocar a la posible carrera ganadora, a 90 pies del pentágono. Pero le correspondía batear a Tom Seaver. Gil Hodges, el estratega de los Mets, lleva al diamante como bateador emergente a J.Y. Martin en vez de Seaver.

Dick Hall sale del partido y lo releva Pete Rickert. Martin toca y Rickert atrapa la pelota, pero al lanzar a la primera base, le pega con la bola a Martin en su muñeca izquierda. Gaspar anota en la jugada, y los Mets ganan ese decisivo cuarto juego de la Serie Mundial, 2 carreras por 1, y toman ventaja de 3 ganados y 1 perdido.

Jerry Koosman se encargó del quinto juego, acreditándose su segundo triunfo en la gran final, ganándolo 5 carreras por 3, liquidando a los favoritos Orioles en el Clásico de Otoño, al derrotarlos en cuatro juegos consecutivos.

Esa fue la única victoria de Seaver en Serie Mundial, pues en 4 actuaciones que tuvo, 2 en 1969 ante los Orioles, y 2 en 1973, frente a los  Atléticos, no tuvo decisión en un juego y perdió los otros dos.

‘’Desde niño había soñado con ganar alguna vez en una Serie Mundial, y ocurría todo frente a mí cuando Gaspar pisaba el plato’’, le confesó Tom Seaver años más tarde al reconocido periodista Juan Vené, todo por la errática actuación de Rickert en la jugada en que golpeó a Martin camino a la primera base. Así es el béisbol.

En esa novena del 69, los nombres de All Weis, Donn Clendenon, Tommie Agee, Ron Swoboda, Bub Harrelson, Gerry Grote y Rod Gaspar, J.Y. Martin, entre otros, nunca serán olvidados por aquella inmensa afición que en un abrir y cerrar de ojos, se convirtieron en fanáticos de los Mets.

De por vida

Tom Seaver, el elegante lanzador derecho de la Gran Carpa, dejó para la posteridad, numeritos de por vida, que son valiosos desde cualquier ángulo que se les mire.

311 triunfos frente a 205 derrotas; 2.86 carreras limpias por juego; 3.640 bateadores viéndolos abanicar la brisa; 4.782 episodios y dos tercios laborados; 1.390 bases por bolas otorgadas; 5 temporadas con 20 o más victorias obtenidas; 6 veces el lanzador con más ponches propinados en la Liga Nacional; y 289 bateadores liquidados por sus buenos lanzamientos en la temporada de 1971.

Novato del Año de la Liga Nacional en 1967; ganador tres veces del codiciado premio Cy Young en los años 1969, 1973 y 1975; y 12 veces seleccionado para el Juego de las Estrellas de la Liga Nacional, es parte de la estela de grandeza que deja Tom.

En sus 20 temporadas en las Grandes Ligas, Seaver vistió los uniformes de los Mets de Nueva York, los Rojos de Cincinnati, los Medias Blancas de Chicago y los Medias Rojas de Boston.

Tom Seaver se hizo ciudadano de Cooperstown en 1992, cuando fue ungido para el Salón de la Fama, y se recuerda con nostalgia, por varios periodistas que hicieron la cobertura de esa Serie Mundial del 69, cómo el extraordinario lanzador de los Mets, en un rincón del banco de juego, enjugaba sus lágrimas luego de ganar la corona del Clásico de Octubre, y cómo lentamente se levantó para caminar hacia el montículo del Shea, reclamado por una ovación de más de 40.000 espectadores que coreaban su nombre sin cesar.

La gloria y la inmortalidad en el caso de Tom Seaver, y por eso su elección en su primera aparición en la nómina para ser elegido, no sorprendió a nadie. Y mucho menos, al juego del béisbol, cuya pasión por disfrutarlo, lo erigió en grande entre los grandes de todos los tiempos.

Tom Seaver, para mí, fue uno de los lanzadores más difíciles al que me enfrenté en toda mi carrera”, dijo alguna vez el ébano de Alabama, Hank Aaron.

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Antonio Andraus