Relatos

“Solamente la vida”- Dimensión de la noche

fernando-soto

Entre las altas ramas azules de los guaduales, las cigarras afilan el cuchillo uniforme de su can­to. Se oye, traído por el cálido viento de la noche tropical, el rumor claro del río, que se pierde luego, apagándose suavemente en un murmullo de oración. Hay en el ambiente un perfume de miel y de azahar: es que la brisa agita los brazos abiertos de los limoneros, regando por el suelo las corolas; y también que en alas de esa misma brisa, viene de más allá del cañamelar el vaho caliente de las pailas en donde hierve el dulce jugo de la caña.

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“Solamente la vida”- La carta inútil

fernando-soto

Con el deseo de seguir rescatando la obra de Fernando Soto Aparicio, iniciamos hoy la difusión de los catorce cuentos que conforman su libro “SOLAMENTE LA VIDA”, publicado por la Editorial Iqueima, en su Colección “Narradores Colombianos de Hoy”, en el año de 1.961 (después de “Los Bienaventurados”, y antes de “La rebelión de las ratas”). Son cuentos que no han perdido su vigencia, y que muestran el paso firme con que Soto Aparicio inició su carrera, en el curso de la cual, de 1.960 a la fecha, ha entregado a los lectores colombianos mucho más de medio centenar de libros, en todos los géneros, literarios. Agotado desde hace medio siglo, SOLAMENTE LA VIDA es una curiosidad bibliográfica, que queremos compartir con nuestros seguidores.

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“Solamente la vida”- El tercer aviso

fernando-soto

Con el deseo de seguir rescatando la obra de Fernando Soto Aparicio, iniciamos hoy la difusión de los catorce cuentos que conforman su libro "SOLAMENTE LA VIDA", publicado por la Editorial Iqueima, en su Colección "Narradores Colombianos de Hoy", en el año de 1.961 (después de "Los Bienaventurados", y antes de "La rebelión de las ratas"). Son cuentos que no han perdido su vigencia, y que muestran el paso firme con que Soto Aparicio inició su carrera, en el curso de la cual, de 1.960 a la fecha, ha entregado a los lectores colombianos mucho más de medio centenar de libros, en todos los géneros, literarios. Agotado desde hace medio siglo, SOLAMENTE LA VIDA es una curiosidad bibliográfica, que queremos compartir con nuestros seguidores.

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Cenizas al Viento

Bendita_sea_tu_pureza

Bajaban de los cerros con la madrugada, porque Mechas empezaba a trabajar a las siete en la cafetería. Medio lavar la loza, medio barrer el piso, atender a media la clientela pobre que pedía un café o una taza de changua, medio maldecir entre dientes, medio vivir. Pero algo le pagaban; y con ese algo, sumado a lo que conseguía el ciego, no 'les faltaba un chocolate con pan al tiempo de acostarse. i llegaban al paradero de las busetas antes de las seis, podían viajar sentados hasta el centro de la ciudad. A Mechas no le importaba hacer el recorrido de pies,

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Bendita sea tu pureza – Cenizas al Viento

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Camacho nunca fue ambicioso. Por eso, aunque empezó a trabajar a los diez años, en el momento de morir sólo tenía la vida. Se casó muy joven con una buena chica, que no entendió cómo las urgencias sexuales llevaron a Camachito frente a los altares, a escuchar con resignación las prédicas de un cura, a beber una copa de champaña y a ejercer de inmediato, con el visto bueno de la sociedad y el beneplácito de las sanas costumbres, la gimnasia amatoria que, del placer, fue derivando a la cotidianidad, luego al aburrimiento, más adelante a la resignación y ya al final de su tiempo al fastidio.

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Bendita sea tu pureza

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Yo acababa de cumplir diez años, y Teresita iba por los diecinueve. Ahora, ya de mayor, pienso que si en esa época le hubiera contado a alguien lo que ocurrió entre los dos, nadie me habría creído. Pero que pasó, pasó. El pueblo era tan tranquilo, que elevar una cometa resultaba todo un acontecimiento. También fueron sucesos importantes la muerte de Firpo, el perro de don Jesús, al que le dio rabia, y contra el que uno de los policías municipales -el Crispín para más señas-disparó un balazo que duró retumbando en la memoria de la gente por muchos

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Bendita sea tu pureza – La Yé

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Tal vez su verdadero nombre no era Altagracia. Las muchachas del campo suelen llamarse Rosa, Azucena, Hortensia; o también María, Josefa o Jesús. Altagracia sonaba demasiado aristocrático para la tienda de La Ye, por donde pasaban los viajeros que rara vez volvían. Iban del pueblo de abajo a uno cualquiera de los pueblos de arriba, y de ahí a las minas, a la selva o a la capital. Siempre buscando dinero, porque ya no había una meta diferente. A las personas poco a poco se les había olvidado ser: sólo querían tener.

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Bendita sea tu pureza – Refrán

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Desde que lo encontró en una caneca, lo llamó simplemente Cañé. Era rosado, con orejas azules y un delantal amarillo. No tenía ojos, y apenas una huella casi invisible señalaba el lugar de la boca. Una tarde su madre le cosió dos botones debajo de las cejas, y resultaron uno más grande que otro. Los compañeros de la gallada le decían que Cañé era tuerto, pero al niño eso no le importaba, porque era suyo. Un día lo despertó el ruido de un motor. ¿O de varios motores? Pensó que por fin le habían abierto calles al barrio

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