Relatos literarios
Cenizas al Viento
Bajaban de los cerros con la madrugada, porque Mechas empezaba a trabajar a las siete en la cafeterÃa. Medio lavar la loza, medio barrer el piso, atender a media la clientela pobre que pedÃa un café o una taza de changua, medio maldecir entre dientes, medio vivir. Pero algo le pagaban; y con ese algo, sumado a lo que conseguÃa el ciego, no ‘les faltaba un chocolate con pan al tiempo de acostarse.
i llegaban al paradero de las busetas antes de las seis, podÃan viajar sentados hasta el centro de la ciudad. A Mechas no le importaba hacer el recorrido de pies, Sigue leyendo
Bendita sea tu pureza – Cenizas al Viento
Camacho nunca fue ambicioso. Por eso, aunque empezó a trabajar a los diez años, en el momento de morir sólo tenÃa la vida.
Se casó muy joven con una buena chica, que no entendió cómo las urgencias sexuales llevaron a Camachito frente a los altares, a escuchar con resignación las prédicas de un cura, a beber una copa de champaña y a ejercer de inmediato, con el visto bueno de la sociedad y el beneplácito de las sanas costumbres, la gimnasia amatoria que, del placer, fue derivando a la cotidianidad, luego al aburrimiento, más adelante a la resignación y ya al final de su tiempo al fastidio. Sigue leyendo
Bendita sea tu pureza
Yo acababa de cumplir diez años, y Teresita iba por los diecinueve. Ahora, ya de mayor, pienso que si en esa época le hubiera contado a alguien lo que ocurrió entre los dos, nadie me habrÃa creÃdo. Pero que pasó, pasó.
El pueblo era tan tranquilo, que elevar una cometa resultaba todo un acontecimiento. También fueron sucesos importantes la muerte de Firpo, el perro de don Jesús, al que le dio rabia, y contra el que uno de los policÃas municipales -el CrispÃn para más señas-disparó un balazo que duró retumbando en la memoria de la gente por muchos Sigue leyendo
Bendita sea tu pureza – La Yé
Tal vez su verdadero nombre no era Altagracia. Las muchachas del campo suelen llamarse Rosa, Azucena, Hortensia; o también MarÃa, Josefa o Jesús. Altagracia sonaba demasiado aristocrático para la tienda de La Ye, por donde pasaban los viajeros que rara vez volvÃan. Iban del pueblo de abajo a uno cualquiera de los pueblos de arriba, y de ahà a las minas, a la selva o a la capital. Siempre buscando dinero, porque ya no habÃa una meta diferente. A las personas poco a poco se les habÃa olvidado ser: sólo querÃan tener. Sigue leyendo
Bendita sea tu pureza – Refrán
Desde que lo encontró en una caneca, lo llamó simplemente Cañé. Era rosado, con orejas azules y un delantal amarillo. No tenÃa ojos, y apenas una huella casi invisible señalaba el lugar de la boca. Una tarde su madre le cosió dos botones debajo de las cejas, y resultaron uno más grande que otro. Los compañeros de la gallada le decÃan que Cañé era tuerto, pero al niño eso no le importaba, porque era suyo. Un dÃa lo despertó el ruido de un motor. ¿O de varios motores? Pensó que por fin le habÃan abierto calles al barrio Sigue leyendo
La última guerra X
La muerte es el punto final de una tarea que no imaginamos quién nos puso, y no sabemos quién se encargará de calificar Cuando Peregrino Cadena despertó vio a Frida, que lo observaba con una sonrisa solidaria. —El placer a … Sigue leyendo
La última guerra IX
La guerra puede empezar en una bofetada y acabar con un mundo; la pierde el hombre, y la gana el bando que tenga más capacidad para el asesinato Antes de la guerra, en Solodios no habÃa prostÃbulos. Pero como los … Sigue leyendo
La última guerra VIII
El hombre es engañado por la ilusión y la realidad, por la esperanza y la desdicha, por la paz y la barbarie; y como si fuera poco, por la izquierda y por la derecha. Peregrino encontró a Nocla en el … Sigue leyendo
La última guerra VII
Es libre la gaviota cunado vuela, el tigre cuando caza, el árbol cuando crece, y el hombre cunado permite que lo esposen, lo amordacen y lo detengan. —La libertad no se hizo a la medida del hombre, porque la libertad … Sigue leyendo






