Se salvó la democracia en los Estados Unidos

Joe Biden: Presidente de los EE.UU 2021-2025 (Imagen: Voxpopulli-VBM)

Las imágenes de la toma del Capitolio el pasado 6 de enero que recorrieron todo el mundo pusieron de manifiesto lo que nunca nos hubiéramos imaginado: La democracia  más poderosa del mundo sucumbía ante  unas masas enardecidas por un Presidente derrotado con el sólo propósito de profanar la institución más sagrada de la democracia norteamericana y evitar una transición en la jefatura del Estado.

Hoy ya sabemos que nada de eso ocurrió y que la democracia triunfó. Sin embargo,  la huella de ese día es alargada y profunda. La Cámara de Representantes (con mayoría demócrata) ha iniciado un segundo (inédito) impeachment contra Trump que comenzará, con toda probabilidad, a partir del 8 de febrero. El  Partido republicano  está completamente fracturado entre los que, a pesar de los acontecimientos, decidieron seguir apoyando a Trump (en la votación  para certificar la victoria de Biden que finalmente se pudo celebrar tras el asalto, más de 100 congresistas y senadores votaron en contra de la misma), mientras otros, como el poderoso líder de la mayoría republicana en el Senado, el senador McConnell, optaron por dar la espalda a Trump, seguramente más por propio interés personal que por convicción, al ver que se abría ante ellos la posibilidad de enterrar para siempre  las opciones de Trump de cara a las elecciones de 2024.

En este ambiente de crispación y en una ciudad tomada por las fuerzas de seguridad, sin público más allá de unos cientos de congresistas y embajadores, bajo la sombra de los 400.000 fallecidos por la COVID en todo el territorio nacional, tomó posesión Joe Biden como 46 Presidente de Estados Unidos. En su discurso el Presidente Biden. quiso dejar clara la triple crisis a la que se enfrenta el país; la sanitaria, económica y la institucional, así como su firme determinación para superar este trance, haciendo un llamamiento a la unidad de la nación. Hubo lugar para la esperanza.

Con todo y a pesar de esa luz que se abrió el 20 de enero, será difícil que el Presidente Biden goce de los 100 días de cortesía que se suelen dar a los presidentes cuando asumen el poder. Caso similar la que vivimos los colombianos en nuestro país con la posesión del Presidente Duque.  Los retos son demasiado urgentes. La pandemia está fuera de control hasta el punto que el Presidente Biden ha reconocido públicamente que se esperan más de 550.000 fallecidos en los próximos meses. No existía una estrategia clara de vacunación.  El país está fracturado socialmente. El desempleo ha ascendido a cifras desconocidas, mientras que las obligadas restricciones mantienen cerrados miles y miles de restaurantes, cafeterías o tiendas y ahora algunos destinos o recepciones de pasajeros aéreos. Resulta, por tanto, necesario un golpe de efecto que devuelva la esperanza a la sociedad norteamericana y la confianza en sus instituciones. Y Biden parece la persona idónea para esta misión. Desde el mismo día de su toma de posesión, se adoptaron una serie de órdenes ejecutivas en multitud de ámbitos, pero en especial en la lucha contra la pandemia, cambio climático e  inmigración, poniendo de manifiesto cuáles serán las prioridades de la nueva Administración. Hasta 17 medidas adoptadas en escasas horas, además de diversos planes y estrategias lanzadas a lo largo de los días posteriores y muchas  otras que han seguido en los días posteriores. 

Janeth Yellen: Secretaria de Tesoro (Imagen: Sky News-VBM)

Con sus primeras decisiones, como el regreso de EE.UU. al Acuerdo de París sobre cambio climático o a la Organización Mundial de la Salud, Biden rompe con muchas de las polémicas decisiones de la Administración anterior. Trump, el gran ausente en la ceremonia de inauguración, también estuvo ausente en el discurso de Biden. No lo mencionó ni en una ocasión, lo cual es un mensaje en sí mismo. Esta señal de ruptura con lo anterior quizá se evidencia de manera más notoria en la política migratoria. Y es que, entre sus primeras medidas, Biden ordenó suspender la construcción del muro en la frontera sur con México. Todo un símbolo de la Administración Trump queda así enterrado en un abrir y cerrar de ojos. Pero también diversas medidas para proteger los derechos de cientos de miles de ilegales que llegaron a este país de niños (los dreamers) que tanto amenazó Trump, o los beneficiarios del DACA, provenientes de El Salvador o Nicaragua. O medidas para ayudar a que los menores separados en frontera de sus padres puedan reencontrar a sus familias. En sus primeros días ha presentado ya ante el Congreso un plan migratorio con el que pretende legalizar a 11 millones de personas, muchos de los cuales llevan años viviendo y trabajando en este país. Los obstáculos de la tramitación y en particular el actual reparto de poder en el Senado, con 50 senadores republicanos y 50 demócratas (más el voto de calidad de la Vicepresidenta Harris, que actúa como Presidenta del Senado), que harían muy difícil sacar adelante una reforma migratoria del calado del que pretende Biden, al ser necesarios el apoyo de 60 senadores, lo cual parece bastante difícil, al tratarse de una cuestión de especial sensibilidad dentro de las filas republicanas. La última gran reforma migratoria se aprobó en la época de expresidente Reagan que se legalizaron 3 millones de ilegales intentos posteriores, especialmente bajo las administraciones de los expresidentes Bush y Obama, fracasaron. Ante estas previsibles dificultades, que Biden conoce a la perfección tras tantos años de estar en el Senado, el Presidente se ha abierto a un posible fraccionamiento de la reforma migratoria para poder ir aprobando medidas concretas que favorezcan a determinados sectores.

Biden no sólo se ha alejado rápidamente de la Administración anterior a través de sus primeras decisiones. El equipo del que se ha rodeado es claramente diferente, no sólo por contar con la primera mujer, la primera afroamericana y la primera asiática como Vicepresidenta del país, sino también por la composición de su gabinete, el más variado de la historia de Estados Unidos en el que prima la representación de minorías (afroamericanos, hispanos y una nativa americana) y el  género. Por primera vez en la historia, una mujer ocupará la Secretaría de Tesoro. Se trata de Janet Yellen, quien fuera primera mujer en ocupar la presidencia de la Reserva Federal. En cuanto a los hispanos, al frente de la  Seguridad Nacional estará Alejandro Mayorkas, de origen cubano; Xavier Becerra, de origen mexicano,  estará frente a la Secretaría de Salud, mientras que Miguel Cardona, de origen puertorriqueño, se encargará de la oficina de Educación. Se trata, además, de un gabinete eminentemente de carrera y con gran experiencia en la vida pública, de perfil moderado, lo que facilitará, sin duda, una rápida confirmación por parte del Senado. Es el caso de Blinken, ya confirmado como nuevo Secretario de Estado. Como se ha evidenciado estos primeros días, se trata de un equipo con un plan de trabajo previamente estudiado y preparado que ha permitido empezar a trabajar desde el primer momento. No parece haber lugar a la improvisación. Incluso en lo que refiere a la comunicación de la nueva Administración se aprecian notables cambios. Han vuelto a convocarse ruedas de prensa diarias en la Casa Blanca por parte de la Secretaria de Prensa  Jen Psaki. Lo mismo en cuanto a la comunicación por parte del Dr. Fauci y el equipo COVID.  Incluso la web de la Casa Blanca vuelve a tener una versión en español.

Alejandro Mayorkas: Seguridad Nacional (Imagen: The Tibune-VBMl)

En cuanto a la política exterior, tal y como anunció Blinken en su discurso de confirmación, seremos, con toda probabilidad, testigos de una vuelta de EE.UU. al multilateralismo, de la revitalización de las alianzas frente a posibles amenazas como Rusia, China o Corea del Norte, la defensa de los derechos humanos y la democracia.  La lucha contra la pandemia y el cambio climático serán dos cuestiones claves de la agenda exterior. En cuanto a América Latina, la relación con México y la lucha contra la inmigración de los países del Triángulo Norte serán cuestiones prioritarias. Habrá que ver qué ocurre en la posible normalización de relaciones con Cuba. En cuanto a Venezuela, sabemos que prestará atención a la crisis humanitaria en Venezuela y apoyarán  una transición pacífica del poder en Venezuela.  Lo cierto es que no tenemos noticia sobre la posición de la nueva Administración respecto a Colombia pero lo que si es claro es que el Presidente Biden conoce bien Colombia e incluso fue fundamental para el establecimiento y continuidad del Plan Colombia

Tampoco se ha producido, hasta el momento que estoy escribiendo artículo,  contacto telefónico entre los presidentes Duque y Biden. Estoy convencido, de todas formas, que tras un comienzo un tanto incómodo ocasionado  por la solicitud del Departamento de Estado americano para que los colombianos no interviniéramos en su proceso electoral que,  nuestras altas autoridades, sabrán reconducir la situación y volver a colocar  a Colombia en la situación en la que siempre ha estado, esto es, como socio estratégico y firme aliado de EE.UU. en la región. También confío en que el contar con nuestro compatriota Juan Sebastián González, hijo de Cartagena de Indias, como responsable de América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional, nos ayudará a seguir profundizando nuestra relación en multitud de ámbitos.

Antony Blinken: Secretario de Estado (Imagen: El Pais-VBM)

Aún es pronto para saber si Biden tendrá éxito o no en su gestión. De lo que no me cabe duda es que Biden ha surgido como el mejor médico para atender acuciantes enfermedades de EE.UU. y que además sabe cuál es la mejor medicina en estos momentos: Acelerar todo lo posible la campaña de vacunación con el objetivo de administrar 100 millones de vacunas en los primeros 100 días y llegar al verano con una más que aceptable inmunización. Sólo así se logrará reactivar la economía y se podrá avanzar hacia la reconciliación social.

Acerca Víctor G Ricardo