Se acaba la corrupción

Por: Gabriel Ortiz

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Definitivamente en Colombia quedará eliminada la corrupción. Estamos a nada de lograr tan anhelado objetivo de esta saqueada sociedad, que completa muchísimos años esquilmada, diezmada y empobrecida por corruptos que amparados por los políticos han dejado vacías las arcas del Estado.

En los últimos años, hemos sido víctimas de los más grandes desfalcos, robos y asaltos al erario.

La aparición del narcotráfico contribuyó en arraigar con toda fuerza la corrupción en Colombia. Los traficantes de droga, hicieron visible el valor de muchos funcionarios públicos, de nuestros cuerpos armados y de una sociedad deslumbrada por las montañas de dinero que se movían –y aun se mueven- a lo largo y ancho de este millón de kilómetros cuadrados que nos sirve de patria.

Como lo malo y lo perverso se instala, se adapta y se radica, prendió con fuerza y se multiplicó en Colombia. Esa corrupción narcótica está floreciente entre nosotros. Hay mafias por todas partes al asecho de lo que venga.

Las hay de cuello blanco, de ruana y zarrapastrosas que manejan todas las actividades.

Pues bien: no hay negocio con el Estado sin la respectiva coima. Si empezamos por el último negociado –heredado del gobierno anterior- que constituye el más monstruoso de la historia, el de la Refinería de Cartagena, vemos como una planta que costaba 2.500 millones de dólares, salió, según la Contraloría en cuatro o más veces ese valor. Solo Echeverry advirtió, con un manotazo, que nuestro dinero se estaba deslizando hacia ciertos bolsillos y paraísos fiscales. Igual ocurre con los dineros de la “contribución de solidaridad” eléctrica cuyo destino se desconoce, mientras estamos ad-portas de un apagón. ¿Y qué decir de más del billón de los bogotanos que según la Contraloría embolató la administración Petro?

Reficar, puede ocasionar la quiebra de Ecopetrol.

Esas platas se esfumaron y las autoridades monetarias solo estudian y “cranean” nuevos impuestos para que pueda reinar entre nosotros la corrupción. Si no aplicamos una rápida y azarosa Reforma Tributaria, podemos acabar con la corrupción y el despilfarro. Es decir que estamos a punto de perderla por falta de fondos. Así que a vender los “Isagenes” que queden y a rellenarnos con nuevos impuestos… de lo contrario se eliminará la corrupción.

BLANCO: La reelección de Amilkar Acosta en la Federación de Departamentos.

NEGRO: El lio en que metió el uribismo a Alejandra Azcárate.

gabrielortiz10@hotmail.com    

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