Nereo, ¡el fotógrafo de Colombia!

Por: Antonio Andraus Burgos

Más de medio siglo quedan para la historia colombiana a través del lente del gran fotógrafo cartagenero, cuyas gráficas son reconocidas a nivel nacional e internacional.-

nereolopez

Nereo López Meza. O simplemente, el maestro Nereo. O Nereo, a secas.

Ciudadano del mundo, vivía lleno de optimismo. Lo tenía todo y no tenía nada. De las estrechas callecitas y bellos balcones de Cartagena, a Barcelona, Nueva York o París, no era sino un salto: tomar el avión que lo llevara al destino que estaba signado en su camino.

Nació en Cartagena un 1o. de septiembre de 1920, y falleció en Nueva York, en brazos de su hija, la médica Liza López Olivella, el 25 de agosto de 2015, seis días antes de cumplir los 95 años, cuando sus fuerzas finalmente lo vencieron, en un ataque inesperado de nostalgia que se pronunció en los últimos dos meses de su larga, alegre y descomplicada vida.

Sus últimos 15 años los vivió en el ‘’ombligo del mundo’’, en Nueva York, en donde desplegó, con todas sus fuerzas, las últimas tareas detrás de los lentes fotográficos de sus modernas cámaras, con cuya herramienta de trabajo conquistó el mundo, reducido al tamaño de una gráfica.

Cuando Nereo abandonó Cartagena, por aquellos azares de la vida, lo hizo empujado por las circunstancias que lo rodearon, al quedar huérfano de padre a los 5 años, y de madre a los 11, para empezar el camino de una vida pedregosa, llena de vacíos, forjándose con una coraza más dura que la de una tortuga, para enfrentar los quehaceres de este mundo, pero sin abandonar jamás su optimismo, su alegría, su carácter, recio en algunas oportunidades, pero jovial cuando se encontraba entre sus amigos, pocos por cierto.

La primera Rolex

Un nombre que jamás olvidó fue el de Miguel Arenas, el hombre que le ofreció el primer empleo, como portero del Teatro Murillo, en Barranquilla, cuando todavía no contaba 17 años; luego asistente y proyector del teatro, y por cuyo trabajo, indiscutiblemente, le empezó el gusto por el arte de la fotografía, como caído del cielo. Y a partir de ese momento, se involucró en el medio cinematográfico, hasta llegar a ser el gerente del Teatro Rialto, en la Calle Larga, en Cartagena, y director de fotografía de la película ‘’La Langosta Azul’’, un cortometraje experimental, grabada en 1957 con Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Luis Vicens y Enrique Grau.

Poco después, Nereo López Meza por decisión de Miguel Arenas, para entonces, jefe desde Bogotá para el área del Caribe de Cine Colombia, es trasladado a Barrancabermeja, como gerente del teatro de esa ciudad.

Su primera cámara fotográfica, que él recordaba como si la tuviese entre sus manos, fue una Rolex de esas que se expandían ‘’con cuarto oscuro’’ por delante, como muy bien lo explicaba Nereo, y cuyos rollos se tenían que revelar ‘’rápidamente’’ antes de que las imágenes se perdieran, con negativos tan grandes que hoy día fuesen unos gigantes apretujados en los anaqueles de quienes quisieran conservarlos. La máquina de retratar había caído en sus manos porque un amigo suyo, se la dejó a guardar, y nunca más apareció a reclamarla.

¡Soñar no cuesta nada!

De la noche a la mañana, Nereo supo que detrás de la cámara fotográfica había un mundo por delante, y fue en Barrancabermeja, la ciudad petrolera colombiana, en donde se estableció con su ‘’Estudio Fotográfico Nereo’’, famoso en su época, que le permitió inclusive patrocinar un equipo de béisbol con ese nombre comercial, soñando él ser una estrella de esos años, como el sempiterno Joe DiMaggio, la fulgurante figura de los Yanquis de Nueva York, al que quiso eclipsar, no por sus dotes como pelotero, pero sí como amante de Marilyn Monroe, quien fugazmente fue la esposa del inmortal jugador.

Nereo López Meza

Nereo López Meza

‘’¡Soñar no cuesta nada!’’, nos decía en nuestras cotidianas tertulias, por las calles de Nueva York, por las de Bogotá o las de Barranquilla.

Nereo despuntó en el mundo de la fotografía al ganar el Premio Mundial de la Feria de Nueva York, en 1963, con una serie de gráficas de ‘’Los Balcones de Cartagena’’, su tierra natal, patrocinado por Kodak, la firma más prestigiosa en materia fotográfica de mediados del siglo pasado.

‘’La Cueva’’ y sus borrachitos

Pero para esos años, ya el maestro Nereo habia convivido con el Grupo de Barranquilla, en el famoso bar ‘’La Cueva’’, en el popular Barrio Abajo, en donde ‘’nos reuníamos, unos conocidos, todos borrachitos, a tomar ron y cervezas, sin ningún alarde ni pedantería, de cultura, de periodismo, ni nada por el estilo; pero en donde se hablaba de todo, bien o mal, pero se hablaba de todo el mundo’’.

A ese Grupo de Barranquilla concurrían personajes que más tarde le dieron brillo y nombre a la Costa Caribe, como Alejandro Obregón, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas, Julio Mario Santo Domingo, Meyra del Mar, Álvaro Cepeda Samudio, Rafael Escalona, Cecilia Porras, Enrique Grau, Luis Vicens, Gabriel García Márquez y Nereo López Meza, entre otros.

Al tiempo que vivía entre ‘’los borrachitos’’ de La Cueva, Nereo ya tenía como profesión la de reportero gráfico, siendo corresponsal en Barranquilla del diario EL ESPECTADOR. Más tarde fue de El Tiempo, cuando al régimen de Gustavo Rojas Pinilla cerró el periódico de los Cano; y finalmente de la revista Cromos, por cuya empresa es contratado en 1957 para ser su jefe de fotografía en Bogotá, siendo además corresponsal de publicaciones internacionales, como la revista O Cruzeiro, do Brasil, que le otorga el premio ‘’Mejor Reportero Gráfico’’ en 1961, y como parte del reconocimiento, es invitado a la cobertura del Carnaval de Río de Janeiro, con cuyos ingresos económicos ‘’logré reunir unos buenos pesos’’, para establecer más tarde, una escuela de fotografía ‘’de la cual no salí bien librado’’.

Nereo surge en el ámbito fotográfico nacional, con figuras como Leo Matiz, a quien admiraba, Sady González, Manuel H. y Hernán Díaz, a cual más importante, pero desarrollados en ángulos diferentes, en donde él irrumpe con su presencia a nivel internacional, hasta el punto de consagrarse con un cotizado hombre de relieve mundial, al ser Invitado como Regente de la Universidad de California, en 1996, y luego, en el 2003, invitado de Honor al II Congreso Internacional de Artistas y Escritores, Centro Rey Juan Carlos, de España, por la Universidad de Nueva York; y en el 2006, siendo Cónsul de Colombia en Nueva York el doctor Francisco Noguera, quien lo apadrina en su inquietud, expone su obra fotográfica ‘’Dos estilos, una imagen’’, que alcanza muchos elogios por la crítica de la cultura de la Gran Manzana.

Las exposiciones de sus obras fueron de gran dimensión, tanto a nivel nacional como internacional, con presencia en Barranquilla, Bogotá, Cali, Medellín, Madrid, Moscú, Ciudad de México, Praga y Nueva York.

La fría Estocolmo

En 1968, con motivo de la visita de su Santidad Pablo VI a Bogotá y América Latina, Nereo fue escogido como el reportero gráfico oficial del evento, material que conserva como una de ‘’mis memorias vivientes’’, así como las visitas del presidente de los Estados Unidos, John Kennedy y su esposa Jacqueline a la capital colombiana; la de Richard Nixon y la de Henry Kissinger, entre otros destacados personajes que están captados en las imágenes que deja para la posteridad el gran fotógrafo colombiano.

Sin embargo, para Nereo, como tanta veces nos lo dijo, su gran sensación como reportero gráfico, la tuvo con motivo de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, en aquél octubre de 1982, cuando el presidente Belisario Betancourt lo seleccionó para desarrollar la tarea de captar con su lente la gloriosa noche del más grande colombiano de todos los tiempos, en la fría ciudad de Estocolmo.

‘’Aracataca-Estocolmo’’, el libro álbum publicado con motivo de la entrega del premio Nobel a García Márquez, fue editado por el Instituto Colombiano de Cultura en 1993, cuya directora, Aura Lucía Mera, señala en su prólogo que el tomo ‘’recoge aquellos momentos que el lente mágico de Nereo supo captar con maestría y amor, sobre el homenaje a Gabo’’.

‘’Es que en Estocolmo la idiosincracia de ser caribe, quedó plasmada de cuerpo entero, con nuestra música y nuestros trajes autóctonos, quedando para siempre ese recuerdo en la fría ciudad. Fue una noche inolvidable, en donde el boato y el acartonamiento, no tuvo cabida, frente a la impetuosa manera de ser de nosotros los caribes’’, nos dijo Nereo en una noche cualquiera de charlas.

Otros libros

En el libro ‘’Nereo, Imágenes de Medio Siglo’’, publicado por la editorial  Campana, de Nueva York, el editor de la misma, Mario Picayo, confiesa que son ‘’sesenta y tres imágenes inolvidables —las que hacen parte del volumen —que revelan la obra de Nereo López Meza, el fotógrafo más famoso de Colombia’’, agregando que ‘’Nereo demuestra ser un maestro de su oficio y uno de los reporteros gráficos más importantes de América Latina’’.

Pero en el prólogo de la obra, el maestro Santiago Mutis explica que ‘’entre toda esta actividad fotográfica, que hoy me parece deslumbrante, comienza su trabajo de ‘’cronista’’ del pueblo colombiano Nereo López, dentro de un grupo de reporteros gráficos que nos enseñaron a ver y a sentir un rico país que atesoraba una auténtica cantera de humanidad’’; concluyendo en su nota que ‘’no hay tal vez en ningún otro fotógrafo tanta Colombia como en Nereo, una Colombia de vida aún en comunidad, que hoy se desgarra, se ‘’moderniza’’. Ese es el lugar que Nereo ocupa en nuestro profundo afecto y entusiasmo, y ese es su lugar entre los fotógrafos de América’’.

‘’Nereo López, un contador de historias’’, otro libro, este del Ministerio de Cultura de Colombia, patrocinado por el Banco de la República y publicado por ‘’La Silueta Ediciones’’ en abril de 2011, contiene sin duda alguna, medio siglo de historia nacional, todas para el recuerdo, a través del lente del famoso Nereo, el inolvidable Nereo.

El que viene y lo del tintero

Cuando cerró sus ojos en Nueva York, estaba en impresión un nuevo volumen sobre su vida, ‘’Nereo Saber Ver’’, escrito por José Antonio Carbonell y publicado por Editorial Maremágnun de Barranquilla, cuyo primer ejemplar de prueba alcanzó a tener entre sus manos, pocos días antes de fallecer.

Nereo López Meza

Nereo López Meza

Dentro de sus múltiples proyectos, Nereo dejó uno en el tintero con el título ‘’Nereoerótica’’, sobre el cual ya había preseleccionado 250 fotos de bellas damas que su lente había captado desnudas, con la belleza femenina como telón de fondo del arte, y cuya indecisión de publicarlas o no, la llevaba dentro de su corazón, al pensar que ‘’muchas de ellas, hoy día ya son abuelitas, y quizás, no quedaría bien hacerlo sin el previo consentimiento de ellas’’. De esas 250 gráficas, el fotógrafo Nereo, como siempre exigió que lo llamaran, tendría para publicar unas 100. ‘’Las otras 150, hay que dejarlas en el sitio en donde se encuentran’’.

Le sobraron los premios y los reconocimientos, como la Cruz de Boyacá, de la Presidencia de la República;  Vida y Obra del Ministerio de Cultura; El Congo de Oro del Carnaval de Barranquilla, y otros tantos que sería largo enumerar; pero careció de lo que siempre aspiró y nunca obtuvo: una pensión del Estado Colombiano, prestación que en cambió le fue otorgada por el Gobierno de los Estados Unidos, al convertirse en ciudadano naturalizado de ese país.

En Nueva York encontró manos amigas de colombianos y de ciudadanos de otros países, empezando por Eduardo Márceles, quien lo introdujo social y periodísticamente al medio ambiente de la Gran Manzana; Miguel Flaquees, Javier Castaño, Oscar Fraser, Gustavo Arango, Jacqueline Donado, María Martí y su esposo, y Carlos Gaviria y su señora esposa, entre otros tantos.

Nunca se nos podrá olvidar aquella tarde de abril de 2011, en la Feria del Libro de Bogotá, cuando concurrimos al lanzamiento del libro póstumo del también amigo e inolvidable David Sánchez Juliao, ‘’De Vuelta Por El Mundo’’, publicado por Ediciones B y promovido por la agencia Libros y Letras, de Jorge Consuegra, cuando al concluir el acto, Nereo nos confesó que sentía ‘’pánico escénico’’ al ver a tantas caras amigas y conocidas, y saber que en pocos días, desaparecerían del panorama, ’’con el olvido que tendría la familia del Viejo Deivi, Carmen, David y Paloma, y el propio David’’.

La semblanza de Nereo, el amigo, el compañero, el contertulio de muchos años, es imposible terminar de escribirse sin decir que se trató de un colombiano ciudadano del mundo, que vivió a sus anchas, en medio de penurias en muchas ocasiones, pero que alcanzó la gloria y la sana convivencia en los tres últimos lustros de su vida, al asentarse en la gran metrópolis que es Nueva York, la ciudad que lo encantó, la cual conoció de la ceca a la meca, en la que bebió una pócima de juventud, una Gran Manzana que no le quedó grande, y que escarbó hasta el último día con su aliento de vida, trajinando con su cámara fotográfica al hombro, captando las cosas que el común de la gente no veía, y que a través de su lente, quedaron para la historia de Colombia y del mundo, como un reportero que hizo grande a su profesión y a su oficio: ser fotógrafo, así de simple, así de sencillo.

En Nereo ciertamente se confirma que una buena foto vale más que mil palabras, como las que hemos vertido en esta larga nota, que con una sólo gráfica de él se hubiese llenado el espacio.

¡Paz sobre sus cenizas!

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