Los tres nuevos ciudadanos de Cooperstown

Por: Antonio Andraus Burgos

Jeff Bagwell, Tim Raines y el receptor Iván Rodríguez, de Puerto Rico, llegan al salón de los inmortales, para redondear la cifra de 220 peloteros, que vivirán para siempre en el recinto de la fama.-

 Iván Rodríguez, Tim Raines y Jeff Bagwell nuevos miembros al salón de la fama del béisbol.

Iván Rodríguez, Tim Raines y Jeff Bagwell nuevos miembros al salón de la fama del béisbol.

La mágica cifra de 5 nuevos miembros para el Salón de la Fama del Béisbol se quedó a pocos votos de convertirse en realidad en este 2017. Pero los tres que acaban de recibir la ciudadanía para residir de por vida en Cooperstown, sumaron hechos indiscutibles dentro de los diamantes de la pelota de las Grandes Ligas.

Jeff Bagwell, el siempre primera base de los Astros de Houston; Tim Raines, el formidable guardabosques que dejó su sapiencia y talento en sus más de 20 años en las Grandes Ligas con diferentes novenas; e Iván Rodríguez, el hombre que elevó la cifra a 4 peloteros de Puerto Rico a la inmortalidad, de los 9 latinos que han ingresado al recinto de las gloria del béisbol, configuraron una estela de grandeza que les permitió esculpir sus nombres para la eternidad.

Pero hay tres o cuatro nombres que debemos tener presentes, ahora y un poco más adelante, pues quizás a vuelta de un par de años, esos jugadores tendrán sus nichos inequívocamente: nos referimos al ‘’apagafuegos’’ Trevor Hoffman, al sensacional dominicano Vladimir Guerrero y al hombre que le dio relevancia y méritos a la posición de bateador designado, Édgar Martínez. Estos nombres, por favor, no los olviden.

Bagwell, Raines y Rodríguez llegaron a dónde tenían que llegar. Para Iván fue la sensación, pues se convirtió en el jugador numero 52 de los 220 que han sido elegidos al Salón, en obtener su consagración en la primera oportunidad en que salió en la nómina de los aspirantes, y en el decimoctavo receptor en capturar tan codiciada posición.

En la era de la ‘’trampa’’ con la utilización de las sustancias prohibidas por muchos peloteros que, en nuestra humilde opinión, no necesitaban hacer uso de esas controvertidas fórmulas para triunfar en la pelota organizada, como las hormonas de crecimiento humano y los esteroides, en cada elección para el Salón de la Fama en los próximos 10 años, el ‘’fantasma’’ de la ilegalidad rondará en muchos de los nombres que lleguen a la consideración de los electores para Cooperstown.

Pero eso no es menester traerlo a colación ahora, cuando ya se desgranó la mazorca de este año para la exaltación de los nuevos ciudadanos de la pequeña pero histórica ciudad de Cooperstown.

El camino de Jeff

De 1991 al 2005, Jeff Bagwell fue el primera base de los Astros de Houston, novena que durante todo ese trayecto, perteneció a la Liga Nacional. Y con ese uniforme, Jeff se alzó con honores más que merecidos.

Fue Novato del Año en su circuito cuando debutó en 1991 con su equipo de siempre; y fue el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 1994, por su letal desempeño con el uso del bate, compilando de por vida, en más de ocho campañas en despachar 30 o más cuadrangulares; 100 o más carreras impulsadas y 100 o más carreras anotadas, algo que en la centenaria historia del béisbol de las Grandes Ligas, apenas han logrado otros 10 peloteros.

Con promedio ofensivo de 297, luego de despachar 2.314 inatrapables en 7.797 turnos oficiales al bate, incluyendo 449 ‘’bambinazos’’ y 448 dobletes, Bagwell fue sin duda alguna, la presencia sólida con el bate para los Astros y en muchas ocasiones, se convirtió en el héroe de la jornada.

Remolcó 1.529 carreras en sus 2.150 partidos jugados, además de anotar 1.517, sumando adicionalmente 202 bases estafadas; conquistando tres bates de plata como el mejor en su posición a la ofensiva en tres campañas diferentes y convocado a cuatro Juego de Estrellas por el Viejo Circuito, por lo que conseguir 386 votos a su favor, para el 86.2 por ciento en la elección, parece lo justo para Jeff, quien a sus 48 años, llega al pináculo de la gloria.

Pero como otros tantos peloteros, nunca obtuvo un anillo de Serie Mundial.

Más que merecido

380 papeletas a su favor para un 86 por ciento amplio y contundente, le dieron la elección de Tim Raines, el jugador que veía que pasaban los años y no acumulaba los votos necesarios para quedarse a ‘’vivir’’ en Cooperstown de por vida.

Raines se distinguió por la forma en que jugaba el béisbol, con esa pasmosa tranquilidad que sorprendía hasta sus propios compañeros de equipo, derrochando talento, audacia y calidad, en cada una de sus acciones, bien para salirse con las suyas estafándose una base, bien para despachar el batazo que le permitiera darse el lujo de apoyar a su club en el momento más oportuno.

Luciendo los uniformes de los Expos de Montreal, los Medias Blancas de Chicago, los Yanquis de Nueva York, los Atléticos de Oakland y los Orioles de Baltimore, Tim siempre estuvo dispuesto a hacer malabares, cuando más lo necesitaba la novena que estaba defendiendo sobre el terreno de juego.

2.605 inatrapables en 8.872 turnos al bate para ofensiva de por vida de 294, llevaron a Raines a ser uno de los peloteros importantes en cada club que jugaba, porque sus batazos, cuando nadie lo esperaba y dada su habilidad para recorrer las bases, los convertía con asombrosa facilidad en triples, siendo el único pelotero hasta ahora en acumular más de 100 batazos de tres bases, más de 150 cuadrangulares y 600 bases robadas.

En su larga travesía por la Gran Carpa, desde 1979 al 2002, Tim Raines consiguió 808 bases estafadas, 170 tablazos de circuito completo, 430 dobletes, 170 triples, 1.571 carreras anotadas y un anillo de Serie Mundial, conquistado en 1996 con los Yanquis, además de haber sido Jugador más Valioso en el Juego de Estrellas de 1987.

El boricua de oro

Desde hacía bastante tiempo se mencionaba con insistencia a Iván Rodríguez como un digno pelotero que llenaba todos los requisitos para que, hoy o mañana, fuese exaltado el Salón de la Fama. Y se daba por descontado que tenía mucha vigencia su nombre en el momento en que apareciera en la nómina de seleccionados para la votación de los periodistas del béisbol.

Los que pocos imaginaban era que, en su primera aparición en la balota de elegible, consiguiera las 336 papeletas que le ofrecieron el 76 por ciento, cuando lo mínimo requerido es el 75 por ciento para resultar electo, y llevar a Puerto Rico, la pequeña Isla del Encanto, a convertirse en el país latino con más peloteros en el Salón de la Fama, con cuatro; y acreditarse el nicho número nueve para los Latinos Inmortales en Cooperstown.

Con los Rancheros de Texas, los Marlins de la Florida, los Tigres de Detroit, los Yanquis de Nueva York, los Astros de Houston y los Nacionales de Washington, Iván en sus 21 temporadas en la Gran Carpa, dejó una estela de grandeza y un sello indiscutible de su calidad, su talento y un derroche de energías que jamas le faltó dentro de los diamantes.

Con 13 guantes de oro, 7 bates de plata, 14 Juegos de Estrellas, un anillo de Serie Mundial, conquistado con los Marlins de la Florida en aquella gran Cita de Otoño de 2003, nada más y nada menos que frente a la poderosa novena de los Yanquis de Nueva York; con 2.844 inatrapables en 9.592 turnos para promedio de 296 con el uso del bate, Iván se encumbró como uno de los mejores receptores de todos los tiempos, con cuyo brazo destrozó muchas de las intenciones de los corredores de equipos rivales, como cuando sorprendió en la ‘’esquina caliente’’ a Nick Johnson, en el tercer episodio del primer juego del Clásico de Octubre de ese 2003, cuando los campeones de la Liga Americana intentaban fabricar un racimo, con la pizarra igualada a 1 carrera, triunfando finalmente los ‘’peces’’  3 carreras por 2, en el ‘’Yanqui Stadium’’.

El ídolo de Vega Baja, hijo de un electricista y una estilista, desde muy joven se dedicó al béisbol, siendo en sus comienzos defensor de la tercera base y aspirante a ser lanzador, cuando finalmente su padre lo persuadió para que jugara como receptor, por su potente brazo, su olfato beisbolero y la precisión de sus envíos hacia las bases.

Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1999, Iván compiló 311 batazos de circuito completo, 572 dobletes, 1.332 carreras remolcadas y 1.354 anotadas, y en sus 2.427 partidos jugados detrás del pentágono, apenas cometió 142 errores, con 1.225 asistencias y 14.863 outs fabricados, para promedio defensivo de por vida de 991, algo sencillamente excepcional.

Con Iván Rodríguez, Puerto Rico suma cuatro inmortales: Roberto Clemente, Orlando ‘’Peruchin’’ Cepeda y Roberto Alomar. Pero hay otros 5 latinos en Cooperstown: Juan Marichal y Pedro Martínez, de República Dominicana; Rod Carew, de Panamá; Luis Aparicio de Venezuela y Anastasio ‘’Tany’’ Pérez, de Cuba.

Si bien es cierto que Trevor Hoffman, Vladimir Guerrero y Édgar Martínez merecen estar en el Salón de la Fama, con la selección de Jeff Bagwell, Tim Raines e Iván Rodríguez, puede decirse que hubo acierto pleno en esta ocasión y que el Salón de la Fama tendrá en sus tres nuevos miembros que la gloria y la inmortalidad de sus nuevos inquilinos bien merecidos lo tienen.

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Antonio Andraus