La eterna guerra de las colas

Isabel Cristina Estrada en foto de la revista SoHo.

Isabel Cristina Estrada en foto de la revista SoHo.

Según algunos especialistas, la atracción por el trasero femenino es un vestigio primate que es alimentado desde hace años por la industria del entretenimiento. Pero en Colombia hoy son la atracción de las revistas que compiten por no quedar en la cola de la circulación.

Después de una apacible tregua que incluyó diálogos de paz con destapes de senos y zonas de distensión de muslos y piernas, ha vuelto a desatarse la guerra de las colas en Colombia. Miles de lectores ahora pueden escoger entre Pepsi y Coca Cola para sentarse a disfrutar, con el vaso en la mano, el maravilloso duelo que libran las revistas SoHo y Don Juan para captar audiencia. Ambas publicaciones vuelven al ataque de escoger traseros femeninos en sus portadas y artículos centrales para estimular la lecturabilidad nacional, que en este álgido tema sabe literalmente lo que corre pierna arriba.

Fotografía: Raúl Higuera   Carolina Cruz.

Fotografía: Raúl Higuera Carolina Cruz.

El primer carro-bomba de esta escalada voyerista lo puso SoHo el mes de julio pasado, cuando le propuso a sus lectores escogerlas mejores colas que han pasado por esa revista. Hoy, la lista de ese club de observadores de chicas ya tiene un escalafón que encabeza –y que valga el término– la sensual presentadora Carolina Cruz, seguida muy de cerca –casi que hasta se puede palpar– por la actriz IsabelCristina Estrada. Sara Corrales, la fallecida Lina Marulanda y Natalia París completan ese exquisito quinteto que desea sacar la cara –es un decir– por la publicación.

La última edición de la revista Don Juanes el contraataque a semejante provocación. Y en plena carátula sus editores publican el espectacular pompis, en primer plano –aunque la verdad no tiene nada de plano– de la modelo Diana Flórez, quien hace apenas unos años habría sido excomulgada, o merecedora de algún castigo –un par de nalgadas, por lo menos– de parte de la sociedad herida en su más íntima moral.

Fotografía: Raúl Higuera Isabel Cristina Estrada.

Fotografía: Raúl Higuera Isabel Cristina Estrada.

Y aunque alguien tilde a los colombianos de mojigatos por evitar el término ‘culo’, que mire cómo en países como Francia se evita pudorosamente esa palabra y se prefiere hablar de fesses, o nalgas. Pero eso no significa que esta sulfurosa parte del cuerpo humano, más humana que cualquier otra, no ejerza una inconfesada fascinación entre los franceses. A fin de cuentas, ¿no fueron ellos quienes popularizaron en el siglo XVIII los cul-postiches (‘culos postizos’), ese armazón con el que las mujeres, previamente embutidas en el corsé, paseaban unas prominentes posaderas? ¿No fue acaso una francesa, Brigitte Bardot, la que escandalizó en 1963 a toda Europa –es decir, toda la que pudo ver la película El desprecio– al pronunciar la ya célebre frase: “Et mes fesses, tu aimes mes fesses?”.

Fotografía: Diego Cadavid    Sara Corrales.

Fotografía: Diego Cadavid Sara Corrales.

Claudine Cohen, profesora de Ciencias Sociales, proporciona la clave en el documental: “El hombre es bípedo gracias al culo, es lo que le permite mantenerse de pie. En esta postura el sexo de la mujer queda oculto, de ahí que el culo haya devenido un signo sexual secundario”, explica. ¿Secundario? No para Jean-Paul Sartre, que un día dijo: «La patria, el honor, la libertad, no hay nada: el universo gira alrededor de un par de nalgas, es todo…».

Puede ser que a este existencialista filósofo todo le importe un culo.

Pero una estudiosa como la antropóloga Elaine Morgan,autora de su divertido –y a la vez científicamente fundamentado– ensayo Eva al desnudo (Javier Vergara Editor),dedica parte de un capítulo (“La símida remodelada”) al surgimiento y desarrollo del culo en los primates, señalando que en la mayoría de los mamíferos la zona posterior cuenta con orificios importantes y vulnerables –ano, uretra, vagina– protegidos por una cola (rabo, ya saben) que los resguarda del frío. Pero cuando los primates empiezan a sentarse, el trasero empieza a cargar con un peso para el cual no estaba diseñado por carecer de nalgas. “Después de aguantar durante un tiempo esta situación, se adornaron con un par de almohadillas protectoras coriáceas una a cada lado de la zona trasera (…), que protegían de la fricción y los orificios (de los primates) no estaban ya en contacto con el aire”. Este sería el momento en que los primates arbóreos descartan el rabo sin más.

Fotografía: Diego Cadavid   Lina Marulanda (q.e.p.d).

Fotografía: Diego Cadavid Lina Marulanda (q.e.p.d).

Según Morgan hay una etapa en que nuestra prehomínida se mete en el agua y desarrolla cambios morfológicos: la capa de grasa subcutánea típica de los mamíferos marinos, parte de la cual va reservándose para un par de hemisferios posteriores, que desarrollan músculos.

Hay un ensayo más reciente, publicado en The Rear View (Souvenir Press, Estados Unidos) del profesor Jean-Luc Henning, quien confirma que los culos aparecen cuando ciertos primates se ponen de pie y se mantienen en esa posición (de las 193 especies de primates, sólo los humanizados lucen nalgas hemisféricas que se proyectan hacia fuera). Esto de pararse y marchar, según el antropólogo Yves Coppens, se remontaría a unos tres o cuatro millones atrás, época del gran período delaustralopitecus afarensis, que vivió en Etiopía y Tanzania. Cuando la zona este de África se seca, entonces los primeros humanos se echan a correr a través de la llanura.

Sus manos –sobre las que se apoyaban para caminar– se modifican, lo mismo que la forma en que encajaba la cabeza en la espina dorsal, permitiéndose así el desarrollo del cerebro, amén del nacimiento de las nalgas.

De modo tal que, según esta teoría, culo y cerebro se fomentaron mutuamente. Pasaron los siglos y los milenios y ya en la Edad de Piedra, las figuras de arcilla de abultadas posaderas demuestran que el interés por el culo femenino no es una novedad de fines del siglo veinte.

Fotografía: Nicolás Achury  Natalia París.

Fotografía: Nicolás Achury Natalia París.

Una breve historia del culo exige la mención de las variaciones que sufrió el vestido de baño, tan ridículamente abrigado durante el siglo pasado y cuyo máximo representante local recibió el nombre de chingue. Luego, gracias a que la natación es aceptada como deporte femenino, este ropaje empieza a aligerarse: se van acortando los pantalones, las mangas y abriéndose el escote hasta llegar al clásico traje de baño de una pieza, que no tarda en convertirse en dos piezas y dar pie a la invención, en 1946, del bikini, que a su vez se fue achicando, achicando hasta llegar a su mínima expresión (en la pieza de abajo): la tanga.

Pero el mundo le debe mucho a esa benefactora de la humanidad llamada Mae West, quien glorificó la curva (“la distancia más corta entre dos puntos”) incluso apelando a rellenos para acentuar su silueta de S. Ya en los cincuenta sobresalieron los traseros de Marilyn Monroe y Brigitte Bardot, ambas estrellas famosas –al igual que Mae West- por su modo de andar.

En el arte, numerosos pintores y escultores de diversas épocas le dieron un espacio privilegiado en sus obras al trasero, preferentemente femenino, salvo en el caso de la Antigua Grecia donde se enseñoreó el culo masculino, redondo, tenso, voluptuoso.

Las artes le han rendido reverencia a los sinuosos traseros de hombres y mujeres en los templos hindúes, a los protagonistas del arte erótico japonés. Rubens pintó decenas de nalgatorios a los que se le veía hasta la celulitis. Ingres y Matisse también pasaron por allí los pelos de sus brochas.

Jacob Vanloo pintó a una mujer aseándose el trasero (Coucher a l’italianne) y Degas prefirió sorprender derrières atractivos en poses naturales, como si hubiese espiado a esas mujeres sin su consentimiento, “libres de cualquier coquetería”, según sus palabras. Bonnard, en cambio, trazó la cola muy amada, suave y discreta de su esposa Marthe (Desnudo frente al espejo, 1933), mientras que Renoir prefirió las nalgas juveniles, luminosas y rollizas de muchachas mojándose entre ellas (Bañistas(1897).

Respecto de la invasión de nalgas femeninas en la publicidad y en los medios en general, el sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff, director del Programa de Sexología Clínica del Hospital de Clínicas (e-mail: juanck@velocom.com.ar) afirma que “el culo es lo que se puede mostrar, cosa que no sucede con el genital en directo, salvo en las expresiones abiertamente pornográficas. Entonces se exhibe aquello que se acepta públicamente: los cachetes. Lo que se puede ver en diarios, revistas, algunos programas de televisión es evidentemente para disfrute de la mirada de los varones que, para bien o para mal, tendemos a ser reduccionistas, a parcializar. Entonces, toda esa muestra es para la mirada fetichista masculina”.

Y ellas, las que posan, ¿qué pensarán de todo esto? Diana Flórez, la hermosa mujer portada de Don Juan, asegura que la parte del cuerpo que más le gusta son sus nalgas porque son “exuberantes, naturales y buen puestas”.

Pero, como dice Fernando Quiroz, “culos vemos, corazones no sabemos”.

Jennifer López

Jennifer López

Jennifer López se luce en el libro de las mejores colas

Acaba de llegar a las librerías de Estados Unidos y posa la mirada en uno de los atributos más admirados de las curvas femeninas. Se trata de «El libro de los grandes traseros» («The Big Butt Book»), un inventario que reúne a las mejores colas de las celebridades.

Según informó el NY Daily News, en esta suerte de récord Guinness se destacan Jennifer López, Serena Willimans, Kim Kardashian y Pamela Anderson, entre otras estrellas carnosas del deporte y de la farándula mundial.

Pero de todas, es JLo quien más brilla. Es que la cantante de 40 años todavía mantiene la imagen sexy de sus comienzos y, recientemente, fue vista luciendo su publicitada cualidad en las playas de Malibú.

¿Ahora, qué piensan las protagonistas de este peculiar ranking? «Me tomó años aceptar un enorme y curvado trasero», reveló Williams sobre el atributo que la llevó a estar en la publicación, mientras que Kardashian reconoció que «agradece tener un atributo tan redondo».

Menos rellenita pero igualmente sexy, Cameron Díaz advirtió que «tengo una retaguardia diminuta, pero no tengan duda de que es muy jugosa». Es que la actriz confesó que se burlaban de su trasero pequeño y que por ello «envidiaba a quienes lo tenían más grande».

Una de las sorpresas de la recopilación quizá sea la hija de Madonna, Lourdes, quien declara «amar las faldas cortas que le hacen incrementar el tamaño» de su cola.

Colas en lenguaje de teclas:

(_!_)cola normal

(__!__)cola de una gorda

(!)cola de una flaca

(_._)cola caída

(__)cola estilo burbuja

(_*_) (_!__)cola caída de un lado

{_!_}cola con celulitis

(_x_)Bésame la cola

(_zzz_)cola cansada

(_13_)cola de una de malas

(_e=mc2_)

cola de una mujer inteligente

(_$_)cola costosa

 

 

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