Hace 105 años llegó el primer carro en mula.

Por: Gilberto Castillo.
El desfile de presentación de este prestigioso invento que revolucionaba al mundo, mereció  aplausos, vivas, discursos y hasta apuntes jocosos. Como era de esperarse, para poderlo poner a rodar junto con el carro, se debió importar la gasolina.

Según Oswaldo Duperly, hijo de quien fuera pionero de los automóviles en Colombia, por lo difícil de transportarse y, como es lógico, por la escasez de carreteras, el carro debió ser traído por barco, siguiendo la ruta del Magdalena,hasta Honda y de allí a lomo de mula hasta Bogotá, donde nuevamente fue armado por un ingeniero norteamericano.

Estimulado por el éxito de su primer automóvil, el señor Duperly trajo posteriormente dos carros más para la venta.

En ese entonces estos carros transitaban por las calles de Bogotá y por los caminos en que circulaban los coches tirados por caballos. “Conscientes de que este nuevo y novedoso sistema de transporte les iba a quitar el trabajo, los cargueros y arrieros de mulas, aprovechando que los primeros carros eran descubiertos tendían cuerdas a cierta altura, de lado a lado de los caminos, para que en el momento de pasar los carros, los pasajeros se golpearan en el pecho y cayeran al suelo. Esta “guerra no declarada”, si así se puede llamar, duró un poco más de un mes porque al final los arrieros tuvieron que ceder ante lo inevitable.

El primer mandatario motorizado fue el presidente Rafael Reyes, quien utilizó un carroDion Bouto, que fue importado especialmente para él, por el señor Duperly.

Por la misma época, y como los carros son para despertar admiración, llamó la atención un Roadster traído por Ignacio Sanz de Santamaría, que al ser rifado por su segundo dueño, Carlos Lozano, pasó a Carlos Umaña. Las accidentes se describían con humor.

Como es lógico, la licencia de conducción número uno, le fue otorgada al señor Ernesto Duperly. La número dos a don Antonio M. Franco, quien posteriormente en la calle 13 entre las carreras 31 y 32, atropelló a un señor de apellido Saravia, a quien le causó la muerte,  siendo este el primer accidente fatídico que se presentó con un automóvil en nuestro país. Poco tiempo después, el señor Carlos Dávila, apodado “Chagualo”, causó el segundo accidente,  cuando en la carretera del norte atropelló a unos hermanos cristianos, en el momento en que con unos amigos se dirigía al piqueteaderoSerrezuelita, causándole la muerte a uno de ellos. Esto dio pie para que el epigrafista, haciendo gala de su humor, escribiera el siguiente epitafio en una lápida conmemorativa: “Aquí fue donde de un “chagualazo” soberano murió de golpe un reverendo hermano y alguno dijo: “seguid sin desconcierto porque en todo piquete hay un “pisco” muerto”.

Díez años después, don Antonio Pradilla, representante en Colomia de la casa Ford, atropelló a otro hermano cristiano, lo cual inspiró a don Fernando de Pombo, para que en la revista Cromos publicara la siguiente redondilla: “Son mis autos tan livianos, tan rápidos y ligeros que atropelló a los hermanos y despeñó a los viajeros”.

Críticas a la primera mujer que manejó

Doña Margarita de Brigard de Umaña, se convirtió en la primera mujer en recibir licencia de conducción, la cual fue expedida por la dirección de tránsito de Bogotá, bajo el número 313 del 22 de diciembre de 1919. La señora deBrigard fue criticada duramente por sus amigas, quienes consideraban que conducir era una actividad propia de los hombres  y por lo tanto iba contra toda norma de comportamiento femenino.

Por esa misma época, los estudiantes tenían como diversión llevar en los bolsillos una libreta en la cual anotaban los números de las placas y los nombres de los propietarios de los vehículos que transitaban por las calles.

No faltaron algunos como Carlos González Arenas, que no necesitaban de libreta porque se aprendían los números y los nombres de memoria. Hubo quienes afirmaron que era tal la afición de los muchachos por este juego,  que identificaban un carro con sólo escuchar el sonido del pito.

En 1925, la firma Brodway Motor Company, cuyos garajes estaban situados en la calle 14, con sus carros, empezó a competirle a los tranvías en el transporte de pasajeros y los caricaturistas y grafiteros de la época, llamados en ese momento, “cortaplumas”, escribieron cosas como: “Pasa un tranvía “recumbambiante”, pasa un auto bufando gasolina , pasa un ministro protestante y pasa fugaz la Loca Valentina”.

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