Es posible que terminemos arrodillándonos por la paz y quedándonos con la guerra

Proceso de Paz. (Imagen tomada de es.mercopress.com)

Proceso de Paz. (Imagen tomada de es.mercopress.com)

Por: Ver Bien Magazín

Estamos  a menos de dos semanas de firmar un proceso de Paz, -aunque ya parece que le dan largas-. El más importante, quizá, en el último siglo y medio en nuestro país, y nadie, distinto al escaso grupo de negociadores: el Presidente de la República y algunos privilegiados muy selectos, saben, a ciencia cierta, qué  se va a firmar. Todo se ha hecho a espaldas del país. Cuarenta millones de colombianos ignoramos por completo cuál será el compromiso que habremos de cumplir con un grupo de facinerosos que, bajo el sello de revolucionarios y defensores de las clases menos favorecidas, sembraron el terror, la desolación y la muerte, durante más de 50 años. Para colmo de males, nuestro omnipotente Fiscal Montalegre, -sabio al cual más como él se lo cree-, salió a manifestar que no se requiere plebiscito para que los colombianos refrendemos lo que allí se negocie.

Hasta este momento solo hay sensaciones, nada gratas y sin respuesta. La más preocupante: ¿Qué tanto ha cedido el presidente Juan Manuel Santos en favor de este grupo para lograr la paz, pues su prestigio como político, como mandatario  y como hombre, esta inevitablemente ligado a este proceso? Él, en calidad de Jefe de Estado, se la ha jugado toda en los escenarios internacionales, asumiendo por completo el éxito o el fracaso de lo que ocurra en le Habana. Para esa responsabilidad muy poco espacio le dejó a la guerrilla que solamente se limita a seguir un proceso que es jalonado por el Presidente Santos y por un  país al que el  mismo mandatario metió en esta sin salida. La guerrilla, se ha limitado a aceptar algunas cosas y a mirar, en un juego astuto y casi macabro, la espada de Damocles que pende sobre la cabeza de Santos.  Sus pretensiones siguen casi intactas, porque lo ha ganado todo. De ser  calificada como grupo terrorista en el concierto internacional, paso a tener un estatus político de altísimo nivel. Además tienen dinero, -todo el que se quiera, producto de su delitos para hacer lo que les dé la gana-, y por si fuera poco, lograron alcanzar la no extradición colocando el narcotráfico como delito conexo al delito político.  Han cedido muy poco y han exigido mucho porque saben que el momento es propicio para exigir. Nada les preocupa. Después de todo, era un grupo derrotado y sin oxígeno, que al ver agotado sus posibilidades de llegar al poder a sangre y fuego, buscará intentarlo por la vía política, y eso esta bien. Lo malo es verlos en ese papel impunemente.

Además, sigue siendo una narco-guerrilla que solamente se acogen a sus propias reglas: engañar, obstaculizar, pedir, desinformar, manipular, mientras que el país y el presidente no tiene más alternativa que seguir las reglas de Estado legalmente constituido sin pillerías de ninguna clase.  Pero la guerra está lejos de terminar. Para nadie es un secreto que el ELN, busca llevar a sus filas al veinte  por ciento de los guerrilleros de las Farc que no aceptaran este tratado de paz y  que saben que tienen al frente a un gobierno débil, dispuesto a ceder lo que pidan,  y que además no puede garantizar ni que ellos,  ni las bacrim ocupen las áreas territoriales abandonadas por los bloques de Tirofijo

No somos enemigos de la paz,¡ claro que no! ¡Hay que alcanzarla!, ¿pero a qué precio? ¿Qué ha empeñado el gobierno a nuestras espaldas? ¿Cuándo vamos a saber  qué responsabilidad asumimos en esta negociación, que nos involucra a todos? ¡Absolutamente a todos! E incluso a otras generaciones. ¿A costa de entregar más de lo que se debe dar, esta dispuesto el presidente a salvar su prestigio personal y político? Santos se va en menos de cuatro años y su único juez natural será la historia, pero da la impresión de que a él le importa más su presente.

No podemos callarnos ante un proceso que posiblemente para el 23 de marzo firmé cualquier cosa,  para tener algo que mostrar. Si tuviéramos un Estado fuerte como contraparte en las negociaciones, e imponiendo las condiciones en cualquier campo- como ya lo demostró anteriormente-, y además dispuesto a defender lo alcanzado en términos de territorialidad y dignidad nacional, no tendríamos la sensación de estar arrodillándonos, como país,  por tan poco.   Por eso, como contraparte de una negociación debemos exigir resultados en favor de la Colombia buena y claridad absoluta  en cada punto que se vaya negociado. No en vano  dijo W. Churchill : “Quien se arrodilla para conseguir  la paz se queda con la humillación y con la guerra”

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