En Zipaquirá “construyeron” el Nóbel de Gabo. Cuatro años de soledad de García Márquez

Por: Gustavo Castro Caycedo.

La reflexión siempre me resultó justa y elemental: Si Gabriel García Márquez es importante en alto grado por haber ganado el Premio Nóbel de Literatura, pues un grado de importancia deben tener la ciudad y las personas que formaron y llevaron con solidez aGabo a la literatura.

Gabriel García Márquez.

Gabriel García Márquez.

Como desde siempre tuve esa inquietud, hace más de seis años decidí investigar y reconstruir los pasos de Gabriel García Márquez en Zipaquirá, además porque muchas anécdotas sobre su vida en Zipaquirá se escapan o llegan confusamente a la memoria del Nóbel, quien había asegurado: “Los de mi internado en Zipaquirá son años de mi vida que recuerdo poco”. Esto lo interpreta la psicóloga Olga Susana Otero, como que “él pudo haber sufrido una especie de bloqueo mental”, tema que desarrollaré en mi libro, Cuatro años de soledad.

Así las cosas, esa y otras razones me llevaron a realizar esta investigación. El primer resultado fue un artículo mío escrito para la Revista Diners en el año 2002, el cual llegó a García Márquez y le abrió el recuerdo sobre personas y cosas de Zipaquirá, que lo llevaron a comunicarse con tres de ellas. Avanzando el tiempo, escribí dos notas más con información recuperada de la memoria zipaquireña.

Y ahora, con más conocimiento e información sobre el tema, decidí publicar el libro Cuatro años de soledad, por varias razones: afondo: a) Para recordar lo que él olvidó sobre lo que tiene que ver con su apasionamiento por la literatura, en la Ciudad de la sal y su incursión en ella. b) Porque nací allí, dos meses antes de que García Márquez llegara a la ciudad y además, porque la casa de mi niñez quedaba a una cuadra del Liceo Nacional de Varones, lo que me hacía más cercano el tema. c).Porque estudié mi bachillerato en el Liceo Nacional. d) Porque desde cuando era joven, con mis hermanos escuché a mi madre la historia de la vida de Gabo en Zipaquirá, pues ella fue buena amiga de La Manquita González, “hada Madrina” del hoy “escritor más importante del mundo”. Y: e) Porque siempre se ha mostrado el paso de García Márquez por Zipaquirá como algo “torturante”, donde aparentemente, él vivió cuatro años de soledad, aunque las evidencias que he investigado y comprobado, muestran algo diferente.

Así que yo tuve especiales motivos para interesarme en investigar este tema, a través de protagonistas excepcionales que hace 65 años, (mucho antes de Gabo fuera, como hoy, una especie de Dios) espontánea y sinceramente le dieron su amistad y apoyo, cuando más lo necesitaba, y decidieron quererlo por lo que era y valía entonces, y no por una posición que pudiera resultar interesada o afectada por lo que García Márquez llegó a ser. Este es en cierta forma un reconocimiento a quienes en las aulas y en varios hogares zipaquireños aportaron directamente a la formación, lanzamiento y conquistas de Gabo en la literatura universal.


Gabo tuvo la suerte de llegar a Zipaquira

Yo creo que Gabriel García Márquez tuvo la gran suerte al llegar a Zipaquirá, ciudad que, contrastando con la apasible Aracataca, fue Capital de Colombia en 1816, y donde hasta hubo ópera en 1900. Para comprender mejor esta historia de Gabo en Zipaquirá, destino unas líneas a esa ciudad que lo acogió en 1943, y que no era entonces un pueblo cualquiera, como alguien pudiera pensar, sino uno de los más importantes centros culturales de Colombia, desafortunadamente venido a menos desde 1957, cuando el general Gustavo Rojas Pinilla acabó de un tajo con 61 fábricas (hornos) de sal, que le daban preponderancia.

Liceo Nacional de Varones  de Zipaquirá (plumilla).

Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá (plumilla).

500 años antes de la llevada de Gabriel García Márquez a Zipaquirá, esta había sido sede económica del Imperio Muiska, cuya sal generaba trueque por oro y esmeraldas. Y había financiado a todos los gobiernos Virreinales, y había sido centro Político del Virreinato, en 1.781, pues allí se firmaron las Capitulaciones Comuneras, primera expresión de independencia de América.La ciudad dejó de ser Corregimiento y fue elevada a Provincia y Capital Provincial, el 6 de Mayo de 1.852. Y, cuenta el historiador Roberto María Tisnés, que en Julio de 1863 fue fundado el Estado Soberano de Cundinamarca: “Estudiada su importancia política, se decidió que Zipaquirá, la ciudad de mayor trascendencia en Colombia, después de Bogotá, fuera su Capital”.

La sede fue abierta el 1º de Agosto; y el 1º de Diciembre de ese año, también se instaló allí la Asamblea del Estado, cuyo Presidente fue Don Francisco Javier Zaldúa”. Y el general Antonio Nariño, la erigió como Sub-presidencia de la República.

Y en 1816 fue Capital de Gobierno, durante la Primera República. José Fernández Madrid, quien sucedió a Camilo Torres como Presidente del Gobierno de las Provincias Unidas de La Nueva Granada, cerró su Palacio en Bogotá y convirtió a Zipaquirá en nueva sede de la Presidencia. Y luego, en 1904, fue Capital del Departamento de Quezada, y en 1.918, ante la división territorial de Cundinamarca, se la designó como Capital de la Provincia de Zipaquirá, en una nueva demostración de su importancia económica, política, y cultural.

Con la riqueza de sus salinas, Zipaquirá financió el Gobierno del General Antonio Nariño, en 1813; y desde 1816, la campaña libertadora del General Simón Bolívar que dio la independencia a Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador; y el gobierno del General Francisco de Paula Santander en 1824, permitiéndole solidez a la naciente economía de la República de Colombia. Y financió otras causas y gobiernos.

Todo lo anterior resume la importancia de Zipaquirá, con su equivalencia en lo cultural, artístico, científico y político desde el Siglo XVII, hasta llegar a la vida de Gabo allí, donde había tertulias literarias al más alto nivel; donde nacieron y se desarrollaron en la poesía y la literatura, el Presidente Santiago Pérez, Carlos Cortés Lee, Belisario Peña y Roberto Mac Douall; donde brillaron en las letras, Pedro Fermín De Vargas (“padre de nuestra economía”), Luis Orjuela, Manuel José y Parmenio Cárdenas, Ricardo Hinestroza Daza, Carlos Medellín Forero, Juan De Dios Bravo, Daniel Coronado, Eduardo Castillo, Fidel Torres González (“Mario Ibero”), Guillermo Quevedo Zornoza, José Jerónimo y José María Triana, y muchos hombres más. Hasta el Varón Alexander Von Humbolt, con su “Memoria Raciocinada de las Salinas de Zipaquirá”, en 1.801.

John Anderson transcribe en la Revista La Nacional: “Cuando salí de ahí (del Liceo) yo quería ser periodista, quería escribir novelas”, le dijo García Márquez.

En Zipaquirá, donde “se respiraban” la poesía y la literatura, vivían quienes impulsaron a Gabriel García Márquez a la gloria, y no en ninguna otra parte del mundo. Allí Dios le puso en su camino a Carlos Julio Calderón Hermida (su profesor de Literatura, español, y gramática); a Cecilia González Pizano (la intelectual más destacada de la ciudad); a Alvaro Ruiz Torres (su mejor amigo de curso y de colegio), a Carlos Martín (uno de los líderes del piedracielismo en Colombia y rector de su Liceo). Y antes, en un viaje de vapor por el río Magdalena, le había deparado la suerte de conocer a Don Adolfo Gómez Támara, Director Nacional de Becas del Ministerio de Educación, quien le dio la que lo llevó a estudiar en Zipaquirá. Ellos fueron quienes impulsaron y lanzaron a Gabriel García Márquez hacia la literatura, cuya obra inmortal está hoy en todas las listas del mundo sobre los libros más vendidos del siglo XX, de lo corrido del XXI, y del milenio. García Márquez es el autor más leído en los últimos 100 años.


De Aracataca a Zipaquira

La vida de Gabriel García Márquez al llegar en Zipaquirá dio un vuelco total, pasó de 33 grados centígrados de temperatura, a 15 en el día y, a veces 5 bajo 0, en la madrugada. Dejó su familia a 913 kilómetros de distancia, al nivel del mar; y subió a 2.652 metros de altura sin conocer a nadie; cambió el sancocho de bocachico por el ajiaco; su mundo de vegetación exótica por un paisaje de eucaliptos, pinos y tardes grises; su comunidad informal, por una de gente más culta y formal, muy cercana a las artes y a las letras. Canjeó una regadera cálida por un baño de baldosas, que en la mañana surtía agua “ofensivamente” helada. Y sobre todo, dejó una comunidad indiferente con él, por otra que lo acogió con calidez.Gabo dejó atrás sus vallenatos y adoptó con un nuevo gusto, los conciertos de música clásica y de pasillos y bambucos, los domingos en la plaza principal, dirigidos por el brillante Maestro Guillermo Quevedo Zornoza, a los que los zipaquireños iban luciendo sus mejores galas. Y por las zarzuelas y revistas musicales que Conchita Quevedo, (hermana del Maestro y Directora de la Academia de Música de Zipaquirá) montaba en el Teatro Mac Doual y en las que actuó Gabo.

Se trataba de una elegante sala para cuatrocientas personas, inaugurada en 1927 para la realización de conciertos, ballet, comedias, recitales poéticos, teatro y ópera, género este que programaban allí las compañías más importantes que venían al país, desde 1900. Zipaquirá era entonces, una de las ciudades más cultas de Colombia.

Alcaldía de Zipaquirá.

Alcaldía de Zipaquirá.

El Joven recién llegado, era delgado, huesudo, y de abundante cabellera, y como a todos en el Liceo Nacional de varones, le pusieron apodo, sin demora: Peluca. Tenía 16 años y dos días. Le asignaron una cama en el “dormitorio grande” para 60 internos, en el segundo piso de la inmensa casona, situado al final del corredor del segundo piso, con tablas que crujían al caminar en la noche.

Uno de sus compañeros, el Negro Humberto Guillén (hoy médico) vecino de cama deGabo, le ayudó a subir el colchón y un baúl con el que llegó a Zipaquirá, tal vez acompañado por Eliécer Tórres Araújo, quien figura en la matrícula de García Márquez como acudiente y no, como dicen algunos historiadores, “de la mano de su abuela materna Tranquilina Iguarán”, que realmente seguía en Aracataca soportando una ceguera que avanzaba sin piedad.

La matrícula de José Gabriel García Márquez (No 182) para tercero de bachillerato, fue sentada ese 8 de marzo. Aunque hay quienes afirman que él llegó a Zipaquirá en 1940 e hizo todo su bachillerato allí, la verdad es que cursó sólo de tercero a sexto, entre 1943 y 1946.

La matrícula 168, del 15 de febrero de 1944, consigna: “Becado por Resolución 309, para cuarto de bachillerato. Edad del estudiante, comprobada conforme a la ley, 17 años”, lo que aclara la confusión de algunos biógrafos sobre el año de nacimiento de García Márquez, que es 1927 y no 1928. En este registro se percibe un cambio sobre el del año anterior: no figura como acudiente Eliécer Torres, sino Sara Lora, jefe de telégrafos de Zipaquirá, querida por todos en la ciudad. Su cargo coincidía con el del telegrafista de Aracataca, Gabriel Eligio García, padre de Gabo, quien recibió el favor Sara como acudiente de su hijo.


Le hizo poemas a Minina, hermana de Sara

García Márquez, solía ir a la casa de Sara uno que otro domingo, con un grupo de amigos “costeños” y algunos profesores del Liceo y sus respectivas novias, a bailar al ritmo de la Voz de la Víctor que transmitía desde la una de la tarde, “La hora costeña”, con música colombiana del Caribe

Sara Lora, acudienta  de Gabo

Sara Lora, acudienta de Gabo

Sara, quien murió hace dos años y con quien hablé extenso sobre el Nóbel, me contó:”Desde cuando conocí a Gabriel, le tomé cariño, era un muchacho más bien callado, pero a la vez alegre; con una cabellera bien poblada que le valió el nombre de peluca. El le escribió algunos poemas a su hermana Minina, una mujer muy bella que aún vive en Zipaquirá, y me dio la copia de uno de ellos.

“En el Liceo de Zipaquirá leía poesía, de la buena y de la mala. La del Siglo de Oro Español, Quevedo, Garcilazo de la Vega, y la de un grupo de jóvenes colombianos que, bajo la influencia de Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda y Rubén Darío, habían creado el movimiento Piedra y Cielo. El rector del Liceo pertenecía a ese grupo. Si no hubiera sido por Piedra y Cielo no estoy seguro de haberme convertido en escritor”, confesó una vez García Márquez.

Muchos años después de que Gabriel José de la Concordia García Márquez, el hijo del telegrafista de Aracataca terminara su bachillerato, su mosaico desapareció. Dos compañeros suyos aseguran que cuando llegaron los Hermanos de La Salle al Liceo Nacional de Zipaquirá, lo mandaron quemar porque “en él figuraban muchos comunistas.” Pero otros dicen que, “cuando remodelaron el Liceo, el mosaico se cayó y se volvió pedazos”.

En su Apunte biográfico sobre Gabriel García Márquez, Olga Martínez Dasi, expresa, refiriéndose a Zipaquirá: “Lugar del que guarda recuerdos sombríos y dolorosos y donde, paralizado por la nostalgia de Aracataca, nunca llegó a integrarse. De ese periodo y de ese lugar cuenta García Márquez: “Zipaquirá era una ciudad fría, con techos de teja desgastada, y el colegio, un gran internado donde vivíamos doscientos trescientos niños… Los sábados y los domingos había salida, pero yo no me movía del edificio porque no quería enfrentarme con la tristeza y el frío del pueblo”.

“Durante esos años pasé encerrado la totalidad de las horas libres despachando libros de Julio Verne y Emilio Salgari”. Y agrega Olga: “Seguramente, esos años de soledad, reclusión y lectura fueron decisivos para su futura vocación de escritor que, según Mario Vargas Llosa, es como una “solitaria” que atenaza el espíritu”.

Lo cierto es que Gabriel García Márquez “construyó” en Zipaquirá su futuro como escritor, y por ende su Premio Nóbel, en la casona colonial de grandes balcones cargados de geranios, que ocupa media manzana entre la calle Séptima y la carrera Octava, donde estuvo el Liceo Nacional de Varones (hoy a punto de derrumbarse por el descuido oficial) y donde queda ahora la escuela Gabriela Mistral.

Luego de graduarse allí como bachiller, Gabo nunca regresó a esta ciudad donde quedaron en suspenso dos condecoraciones oficiales, y donde muchas personas viven aún orgullosas de haber compensado el frío que tanto hizo sufrir al estudiante que había llegado de Barranquilla, con su solidaridad y con la calidez humana con que lo acogieron durante cuatro años, comprendiendo y “subsidiando” las rigurosas limitaciones económicas del Nóbel.


El Profesor Calderón Hermida y Cecilia González

Don Carlos Julio Calderón Hermida, huilense y médico frustrado, poeta y catedrático, hombre elegante que usaba corbatín y camisas almidonadas, fue en Zipaquirá su profesor de castellano, literatura, historia de la literatura colombiana y española, y quien más influyó en la formación académica del Nóbel.

Gabo afirmó en una ocasión:”La literatura hay que enseñarla como me la enseñó mi profesor Carlos Julio Calderón Hermida, quien me condujo en Zipaquirá por el mundo de los grandes escritores, sin dificultades”.

Gabriel García Márquez, el bachiller más importante que ha tenido Colombia en su historia, evocando su paso por el Liceo Nacional de Zipaquirá, destacó su relación con Calderón Hermida, “a quien debo mucho en mi vida de escritor”.Cecilia, (a quien le decían la Manquita González, porque le faltaba un brazo), era pintora, historiadora, poeta, escritora; recitaba, tocaba piano y bordaba), fue quien primero comprendió y estimuló la energía creadora de Gabo y quien lo vinculó a la élite intelectual de Bogotá con la que ella interactuaba. Cecilia González Pizano, la formidable mujer que era seis años mayor que él y que se burlaba de su prótesis y de la vida, fue una suerte de “hada madrina” protectora del García Márquez adolescente, ansioso e inexperto. Sobre ella expresa Gabriel García Márquez en Vivir para contarla: “Terminó por ser una verdadera camarada de la vida”. Y anota: “Cecilia González, mi cómplice de Zipaquirá, había convencido al poeta y ensayista Daniel Arango de que publicara una cancioncilla escrita por mi”.

Carlos Julio Calderón,  profesor de Gabo.

Carlos Julio Calderón, profesor de Gabo.

La manquita lo apoyó siempre, en todo, tanto como Calderón Hermida y como Alvaro Ruiz Torres, pero como nadie más lo hizo en la época más difícil de su vida. Fue la “cómplice” de su primer noviazgo y quien lo relacionó con la intelectualidad bogotana, que era la más destacada e importante de Colombia. Ella brillaba en las tertulias literarias zipaquireñas como en los exigentes escenarios de la cultura capitalina donde se codeaba con los grandes intelectuales. Fue una mujer aristócrata, de avanzada, que, tal vez, nació en la época equivocada.

La Manca iba al Liceo Nacional de Varones y participaba en debates y recitales. Asistía a las clases del profesor Carlos Julio Calderón Hermida y se sentaba en el mismo pupitre con Gabo. Y organizaba tertulias famosas en su casa a la que asistían sus amigos intelectuales bogotanos.

Cecilia había estudiado Bellas Artes, estaba muy bien conectada y relacionó a Gabriel con sus amigos más cercanos, entre los que figuraban: Jorge Zalamea, Andrés Pardo Tovar, Héctor Rojas Herazo, León de Greiff, Eduardo Carranza, Andrés Holguín, Daniel Arango, (quien fuera ministro de Educación y de ella), y Eduardo Zalamea Borda, Director del El Espectador, donde García Márquez inició su carrera.

Cecilia que era una mujer de avanzada, solía reunirse con ellos en su transcurrir cultural, en los cafés literarios de la carrera Séptima de Bogotá, donde sostenían una permanente tertulia literaria.

García Márquez, quien demostraba un gran talento como dibujante y

La Manca Cecilia Gonzálezl.

La Manca Cecilia Gonzálezl.

caricaturista, influenciado por Carlos Martín, Cecilia González y Carlos Julio Calderón Hermida, componía sonetos piedracielistas, y escribía notas que publicaba en las revistas “Horizontes” y “Gaceta Literaria” de su colegio, con el seudónimo de “Javier Garcés”, pero en ningún otro medio. Una tarde, cuando Cecilia llegó a su casa, Gabo la esperaba con un poema en la mano; ella lo leyó, le gustó mucho, y le expresó: “Gabriel, está estupendo”. ¿Pero quién me lo va a publicar?, dijo El. Y Cecilia, como adivinándolo, le respondió: “Ya verás como te van a publicar con éxito todo lo que escribas”.

Su prima, Adelita González, dice: “A Cecilia la persiguió el número 1: Vino al mundo el 31 de marzo de 1.921; fue la única mujer en su hogar y nació con una sola mano”. Ella se mofaba de su defecto físico cuando se quitaba la prótesis y el guante que la cubría. Murió de un ataque al corazón cuando caminaba por la Quinta Avenida de Nueva York, donde vivía.


Álvaro Ruiz, el mejor amigo de Gabo en el Liceo

Alvaro Ruiz Torres resultó otro médico frustrado, como el profesor Calderón Hermida. Fue el mejor amigo de García Márquez durante sus cuatro años de internado en Zipaquirá, y quien lo enseñó a fumar, sin pensar que García Márquez “terminaría siendo como una chimenea ambulante”. Y también su confidente, que al morir el 9 de Agosto de 2004, se llevó algunos “secretos importantes de Gabo, entre ellos algunos sentimentales, que por lealtad nunca descubrió”, ni a sus mismos hijos.

Álvaro Ruíz Torres, mejor amigo.

Álvaro Ruíz Torres, mejor amigo.

Yo hablé con Alvaro durante muchas tardes sobre la historia de su amistad con Gabriel. Y él me aclaró quién fue la mujer que acompañó a Berenice Martínez a recibir el cartón de Bachiller de García Márquez”, el día de su grado: “Esa señora se llamaba Luisa María Torres de Ruiz: Era mi mamá. Mire, unos días antes de la ceremonia de grado, Gabriel me dijo: ‘Alvaro Ruiz, ¿Será un abuso pedirle a tu mamá que reciba mi diploma?’…Y yo le dije: ‘Es un honor”.

“Al día siguiente del grado nos abrazamos estrechamente, y Gabriel se fue. Era un hasta pronto que ha cumplido casi 60 años. Mi sueño antes de morir es volver a ver a Gabo. Así titulé yo otro artículo que escribí sobre ese tema.A raíz de una carta de su hijo (quien tiene su mismo nombre) y del artículo que mencioné, Alvaro Ruiz Torres, el más fiel amigo de García Márquez, recibió una llamada telefónica sorpresiva y extensa del Nóbel, y otra, y otras más. Pero desafortunadamente nunca lo volvió a ver. Alvaro murió antes de que se cumpliera ese sueño. Me contó muchas historias y anécdotas que harán parte de mi libro, “Cuatro años de soledad”. Alvaro Ruiz fue sin duda alguna, uno de los cuatro seres humanos que prepararon y lanzaron a Gabo a la literatura y por lo tanto, uno de quienes ayudaron a forjar su Nóbel.

“Anoche se perdió comida en el economato”, fue la queja del culto vice-rector nariñense, Rogelio Erazo”, cuenta Alvaro Ruiz Torres, quien recordó más de Gabo en Zipaquirá, que él mismo, y quien facilitó su memoria en “Vivir para contarla”. “El frío nos causaba mucha hambre; Gabriel otro amigo y yo, para `asaltar´ la despensa nos escurríamos por el ducto donde descargaban el carbón; nos aprovisionábamos de pan `de 5 reales´, panela, bocadillos, o lo que fuera. Y salíamos por la puerta a las escaleras de atrás y, de allí, al baño. Nos quitábamos el tisne, y a dormir. Eso sucedía de vez en cuando, pero nunca nos pescaron”.


¿Por qué no nos volvemos famosos, como Cervantes?

Y Ruiz agrega:”Con Gabriel hablábamos mucho, de literatura, de justicia social, de poesía, cuando caminábamos en el patio, o en el comedor, todos los días. Gabito firmaba con el seudónimo de `Javier Garcés´, leía sus versos y yo hacía lo mismo. Varias veces me repitió: `Alvaro Ruiz: ¿Por qué no escribimos un libro y nos volvemos famosos, como Cervantes?”. Y hasta hoy, de Cien Años de Soledad, su gran obra, se han vendido 30 millones de libros en 35 idiomas.

Para concluir, contemos que en Zipaquirá, ciudad donde se preparó, impulsó y lanzó a Gabriel García Márquez a la literatura, y a ser Nóbel, se quedaron esperándolo, frustrados tres veces, sus compañeros de bachillerato que siempre soñaron con poder reunirse con él y celebrar un reencuentro que nunca se dio.

Este fue un abrebocas temático del libro, Cuatro años de soledad, relativo a una etapa clave en la vida del escritor más importante del mundo, de quien Conrado Zuluaga, dijo: “Toda su obra pertenece a un solo libro, a su libro de la soledad, la soledad de un niño asustado y perdido”.


Gabo y El Maestro Guillermo Quevedo

Durante el tiempo que Gabo vivió en Zipaquirá, influyó también en su amor por la literatura, el Maestro Guillermo Quevedo Zornoza, escritor, poeta e historiador quien lo orientó, le enseñó, lo estimuló y le entregó su amistad.

Gullermo Quevedo.

Gullermo Quevedo.

“Nunca supo el maestro Quevedo, ni me atreví a decírselo, que el sueño de mi vida de aquellos años era ser como él”, escribió Gabriel García Márquez en su libro, Vivir para contarla, al recordar a este magnífico ser que se destacó como uno de los compositores más brillantes y prolíficos de Colombia.

El Maestro, que fue profesor de música de Gabo. era uno de los hijos más ilustres de Zipaquirá. Era nieto del Edecán del Libertador Simón Bolívar, y un intelectual multifacética que brilló como humanista, escritor, historiador, poeta, periodista y compositor. Más de 60 de sus obras musicales fueron grabadas por la RCA en los Estados Unidos, aunque en Colombia muy pocas personas han oído hablar de él.

Guillermo Quevedo Zornoza marcó a Gabo, fue uno de los zipaquireños que más lo apoyaron y lo apreciaron, y a quien este solía visitar en su casona colonial (hoy museo Quevedo Zornoza) “para hablar con él y para que le prestara su pequeña máquina de escribir `Remington´, cuenta Guillermo Quevedo Navas, hijo del Maestro. En esa máquina que aún se conserva allí, García Márquez aprendió a escribir; con ella hizo sus trabajos para el Liceo, escribió sus primeros poemas y notas literarias, como, `Recordación a Platero”.


El Rector que hizo formar en Calzoncillos a Gabo

Carlos Martín, el más joven de los poetas del grupo Piedra y Cielo, al que pertenecían Jorge Rojas Herazo y Eduardo Carranza, fue rector del Liceo Nacional de Varones cuando solo tenía 30 años. Hoy, con más 90, está radicado en Cambrils, España. Martín vivió con su esposa Leonor y su familia, en una casa de la plaza principal de Zipaquirá, la cual era frecuentada por intelectuales, y donde Gabriel García Márquez coincidió con Cecilia González, Héctor Rojas Herazo, y Eduardo Carranza.

El ex-rector Martín contó a La vanguardia, diario de Cataluña que: “una noche se produjo una especie de batalla campal entre los internos del Liceo, y me llamaron con urgencia. Entonces les ordené formar filas, sin darles tiempo de nada. Tuvieron que bajar como estaban, y García Márquez tuvo que formar en calzoncillos, con un frío extremo”, en el patio del plantel de la calle Séptima con carrera Octava de Zipaquirá.

García Márquez, estimulado por Carlos Martín, con 12 alumnos del Liceo Nacional, creó el “Grupo de los Trece” para compartir tertulias y editar la revista, “Gaceta Literaria”. Pero este fue destituido de su cargo como rector del Liceo, por el contenido “subversivo” de un artículo que publicó en ella. El Alcalde militar de Zipaquirá, allanó el centro educativo con la policía, e incautó todos los ejemplares de la revista. Sobre este capítulo logré un relato de Doña Leonor de Martín.


El primer amor, y el mejor amigo de Peluca García

65 años después de su relación con Gabo, tras buscarla incansablemente durante meses, logré ubicarla en Pasadera (California) donde vive. Hablo de Berenice Martínez, su primera novia, que tiene su misma edad, 80 años, y quien fuera hija del pintor y poeta zipaquireño Miguel Angel Martínez. Ella recuerda: “Yo abría los postigos de mi ventana (ubicada al frente de la Casa Cural de Zipaquirá) y Gabriel me hacía visita. Pasábamos horas hablando…”

Berenice Martínez.

Berenice Martínez.

Su amistad se inició a mediados de 1943, luego de que García Márquez ingresara, becado, al Liceo Nacional de Varones. Para él, Berenice era “Bereca”. Cuenta que “En casa, mi mamá y mis hermanas lo querían mucho. Y a mí me encantaba que otras niñas me envidiaran porque andaba con él. Ibamos a tertulias, o a las empanadas bailables que se organizaban donde La Nena Tovar, donde Sarita Lora, donde Bertha Ibáñez, donde Fany Aráoz, o en mi casa. Gabito era un espectáculo hablando, nunca le escuché a nadie cosas tan bonitas como las que decía él”.

Y agrega: “Cuando Gabito se graduó, yo fui de madrina a recibir su cartón de bachiller, con una señora que tal vez era familiar suya”.

Luego de que Gabriel García Márquez leyera la primera crónica que yo escribí en 2002, sobre su vida en Zipaquirá, para la revista Diners, titulada: El amor que García Márquez Olvidó, donde hablaba de Berenice, el Nóbel busco su teléfono y la llamó dos veces a Pasadena. La primera, hablaron unas dos horas, me contó hace pocos días un hijo de Berenice, sobre cuya historia también se ocupa mi libro Cuatro años de soledad.


García Márquez se volaba por el balcón

Gabo recibió su primera clase en Zipaquirá, en un salón de gruesas paredes pintadas de blanco y con ventanas verde oscuro, desde las que se veían otras construcciones de estilo español, con vistosos zócalos. Y, al frente la casa de la Manquita Cecilia González. “Por ese balcón, frente a la última ventana nos volábamos con Gabriel, descendiendo por un larguero de sábanas amarradas a manera de cuerda, que un amigo recogía desde arriba, cuando salíamos corriendo por la carrera Octava. Volvíamos a la madrugada y entrábamos por la ventana que daba a la pieza de ‘Riveritos’, el portero, un hombre bueno, simpático y alcahuete que nos ayudaba en nuestras aventuras”, cuenta el ingeniero Jaime Bravo, otro compañero de curso de Gabriel García Márquez.

Consuelo, una hija del Maestro Quevedo muy especial entre las jóvenes zipaquireñas de su época, no solo por su cultura sino por su belleza, quien tiene la misma edad de Gabriel García Márquez, anota que él “no se perdía los conciertos que dirigía su padre, porque lo admiraba mucho, y recuerda las frecuentes visitas de Gabo a su casa.

Y de las onces que allí servían en el comedor donde había hasta una taza que Simón Bolívar le regaló a su bisabuelo, y del piano que le regaló el General Santander, y hasta de una ocasión en que el Maestro (que era profesor de música de García Márquez) lo convenció de cantar en una velada musical en el Teatro Mac Doual, en honor del Presidente Alberto Lleras Camargo, muy unido a Zipaquirá por lazos familiares.

Consuelo La Bella, quien estaba interna en el Colegio de la Presentación recuerda que ella y Gabo, hicieron de gitanos en la obra “El coro de los martillos” el 3 de Agosto de 1945. García Márquez con bigote postizo, patillas pintadas y un pañuelo rabo de gallo en la cabeza. Cantaron con otros jóvenes, con mucho éxito.


Apartamento de soltero, para Gabo

Julio Múnera.

Julio Múnera.

Otro profesor de García Márquez, fue el Ingeniero Julio Múnera, a la vez uno de los mejores basketbolistas en la historia de ese deporte en Colombia, quien además, trabajaba para las Salinas, de Zipaquirá.Julio, viajaba los fines de semana a Bogotá, y regresaba los lunes. Cuentan su esposa Cecilia y sus hijos Julio Ernesto y Adriana en Zipaquirá, que su padre también le tendió la mano a Gabriel García Márquez. Al saber que Gabriel salía del Liceo algunos fines de semana pero tenía que regresar al internado en la noche a quedarse, porque no tenía más a donde ir, decidió dejarle su apartamento que compartía con Joaquín Peña, otro ingeniero que se iba con el a Bogotá los viernes. Así que Gabo gozó, pues, de una especie de “apartamento de soltero” en una ciudad de contrastes, liberal, pero a la vez “conservadora”.Según Hernando Forero Caballero “desde cuando García Márquez llegó al internado en Zipaquirá, tenía pesadillas, y gritaba.

Un tiempo después lo pasaron a un dormitorio pequeño. Una noche el profesor Ocampo (quien dormía ahí), llegó tarde, tomado, Gabriel se levantó y `lo encuelló´, quién sabe soñando qué”.

Es de anotar que en el Liceo a veces realizaban tertulias literarias, después de la cena. Y que a los internos todas las noches, antes de que se durmieran, el profesor de turno les leía en el dormitorio, capítulos enteros de las obras de la literatura colombiana y universal más importantes. Por ello no resulta rara la afición que se convirtió luego en pasión literaria para Gabriel García Márquez, impulsada y estimulada por el Profesor Carlos Julio Calderón Hermida, Cecilia González Pizano, Alvaro Ruiz Torres, Carlos Martín y por el maestro Guillermo Quevedo Z, quien le prestaba libros a Gabo de su inmensa biblioteca, que aún se conserva en el museo Quevedo Zornoza”, y que fuera su casa de habitación.

Sí, en “la ciudad de la sal” fue donde García Márquez tomó cariño por la literatura y donde tuvo los primeros amigos desinteresados y cálidos que le abrieron un espacio en sus corazones; y fue en el Liceo Nacional donde se formó en la literatura que lo llevó a conquistar la gloria. Y, fue en Zipaquirá, en la ciudad donde se enamoró, de verdad, por primera vez.

Y a propósito de Zipaquirá, el Presidente y General, Tomás Cipriano de Mosquera, dijo: “He rectificado mi concepto sobre el Federalismo, a través de ser Presidente, porque la Unidad de la Nación se salvó por el Centralismo y, el Centralismo se hizo vida y se sostuvo económicamente por las Salinas de Zipaquirá”. Y el Presidente Guillermo Valencia: expresó “Zipaquirá tiene un lugar histórico de privilegio en la construcción democrática de Colombia”

García Márquez, afortunado en llegar a Zipaquirá, se sabe, ha sido un hombre de izquierda, y una de las razones para ello es que en el Liceo Nacional de Varones varios de los educadores que lo formaron e influyeron en su vida, eran comunistas. El único que aún vive es Héctor Figueroa, quien le dictó clases de Inglés y quien cuenta:”Varios profesores en Zipaquirá teníamos ideas de avanzada, y Gabriel fue ciertamente un alumno aventajado en teorías marxistas”.

Acerca Gustavo Castro Caycedo

Gustavo Castro Caycedo
Autor de 36 libros y coautor de 9 más. Periodista y Administrador de Empresas experto en planeación y dirección de medios de comunicación. Director de Inravisión. Presidente de RCN Radio y del CPB. Vicepresidente de la Organización Interamericana de Defensores de las Audiencias, OIA. Director del Noticiero Cinevision, RCN Radio, revistas Al Día y Elenco, y de programas de TV. Columnista de El Tiempo y El País. Director de 34 Tesis de Grado y 22 veces jurado de premios de periodismo. * Más información: “Gustavo Castro Caycedo”, (entre comillas), en los buscadores: Google, Yahoo, Bing, Duckduck.com, Lycos, Hispavista, Ask.com, Msn, o Babylon.