El Alzheimer devorando memoria

El día que Ronald Reagan se recuperaba de una afección pulmonar y su esposa arreglándolo le puso un espejo para que se mirara y no se reconoció, supo que tenía un problema grave.

Poco día después fue diagnosticado con Alzheimer y pasó muchos años en las tiniebla borrando de su memoria cada acción de sus días.

Varias revistas de los Estados Unidos no sólo se han dedicado a investigar el Alzheimer sino que le dan dado portada por el grave incremento y por el alto número de personas afectadas en todo el mundo.

La revista Time, de octubre 25, le dedica la portada a una mujer con Alzheimer y muestra una investigación que arroja alarmantes estadísticas con las cuales están tratando las autoridades de salud de los Estados Unidos. De acuerdo a las estadísticas de la asociación médica de los Estados Unidos un 81% de la población padece de problemas del corazón, un 74% sufren de cáncer, un 48% padecen de Alzheimer y un 47% tienen Parkinson. En 1999 el Alzheimer afectaba a un 25% de la población.

El Alzheimer

Un día es una palabra que no viene a la mente, que se sustituye por otra y listo. Otro día se olvida dónde están las llaves, pero tras vaciar bolsillos y abrir cajones, se encuentran y no se le da más importancia al incidente. Y luego, después de mucho tiempo de avisos imperceptibles, llega el día en que la persona no se reconoce a sí misma, no sabe quién es su pareja, no identifica a sus hijos. Llega el momento en que el Alzheimer se manifiesta con toda su crueldad y pone fin, de golpe, al presente del afectado y de sus familiares y sólo queda el pasado.

Se estima que en los Estados Unidos hay aproximadamente unos 17 millones enfermos de Alzheimer, mayores de los 60 años según afirma la Asociación Nacional de Alzheimer. Porque si algo se sabe a ciencia cierta de esta enfermedad, todavía desconocida en su mayor parte, es que la sufren tanto los pacientes como sus seres queridos.

En el caso de los hijos de las personas afectadas por esa enfermedad que tuvieron a sus padres como cómplices durante su infancia, los médicos recomiendan que se conviertan en cómplices del pasado de ese familiar.

“Lo peor de todo es que cuando el trastorno avanza el paciente empieza a sentirse como un bebé y a necesitar cuidados todo el día. Ver cómo la persona a la que quieres se vuelve un niño y cómo tú, que cuidas de él, tienes que comportarte como un niño también es un proceso duro; es un regreso brutal a la infancia”, admite un informe de la asociación médica de los Estados Unidos.

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa y progresiva de las células cerebrales (las neuronas). “Aunque en los últimos años se ha avanzado mucho en su conocimiento lo cierto es que aún no se sabe el origen y que, de momento, no tenemos una cura”, dice un informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y especialista en este trastorno. Esta certeza de saber que el deterioro siempre irá a más, la desesperanza de conocer desde el principio cuál será el final genera “angustia y una sensación de vacío”, indica But Mayeux un científico y médico en la Universidad de Columbia.

Una amenaza silienciosa

El 10% de los mayores de 65 años y el 35% de quienes superan los 85 padece la enfermedad en Estados Unidos, la causa de demencia más frecuente en el mundo y las estimaciones no son halagüeñas. Se calcula que en las próximas dos décadas se duplicará el número de pacientes atendidos por esta causa, debido a la mayor esperanza de vida y al envejecimiento de la población y al número de enfermos para el 2050 será 10 veces mayor si no se consigue rápidamente una medicina para curarla.

Por eso los expertos coinciden en señalar que a falta de tratamiento curativo, la lucha contra la enfermedad debe centrase en el diagnóstico precoz. “El problema más grave y el reto al que nos enfrentamos en la actualidad es el de la prevención. El Alzheimer es una enfermedad silenciosa de la que no nos damos cuenta hasta que ya está muy avanzada y ya hay muchas células muertas. Es importante diagnosticarlo pronto, para evitar además otros efectos secundarios como problemas vasculares o Parkinson”, explica But Mayeux.

Los científicos han descubierto que existen unas mutaciones en tres genes que hacen a quienes las portan –el 1% de la población– candidatos seguros a sufrir la enfermedad. Sin embargo, salvo esta variante hereditaria del trastorno, en el resto de la gente es difícil predecir si se sufrirá la enfermedad, “aunque el principal factor de riesgo es la vejez”, dice el especialista de la asociación médica.

A pesar de que algunos han dado resultados en modelos animales, “en la práctica clínica no hay métodos para identificar certeramente a los individuos que van a desarrollar esta demencia”, asegura But Mayeux, director de la Unidad de Investigación del Proyecto Alzheimer de la Universidad de Columbia.

Tampoco parece probable que se consiga a corto plazo el ansiado fármaco capaz de detener la enfermedad. “Hay 300 ensayos y algunos en fase clínica. El problema es que funcionan en animales pero cuando llegan a esta última etapa acaban cayéndose. De momento lo único que podemos ofrecer son terapias que alivian los síntomas, pero no curan”, expresa Mayeux, para quien “la llegada de un medicamento que haga frente al Alzheimer será un hito casi igual que el descubrimiento de la penicilina. El primero abrirá la puerta a muchos otros como ocurrió con los antibióticos”.

Las senales de alarma

El Alzheimer empieza con una pérdida de memoria y de fluidez en el lenguaje, desorientación temporal, dificultades para realizar las actividades cotidianas y por último el paciente acaba por no reconocer a sus allegados y sufre rigidez muscular. La Asociación Americana de Alzheimer ha elaborado una lista con algunas señales que pueden alertar de la aparición del trastorno.

•    Olvidar información recién aprendida, así como fechas o eventos importantes.

•    Problemas de concentración y dificultades para resolver problemas y trabajar con números.

•    Complicaciones a la hora de llevar la economía propia y la familiar.

•    Dificultad para realizar tareas cotidianas y encontrar lugares que frecuentan habitualmente.

•    Desorientación espacial y temporal.

•    Problemas de visión, incapacidad para juzgar bien las distancias y problemas con el lenguaje y el habla.

•    Colocar las cosas fuera de lugar.

•    Falta de buen juicio y de iniciativa y cambios bruscos de humor.

Una forma de demencia

La enfermedad de Alzheimer, la causa más frecuente de demencia en los ancianos, es un trastorno grave, degenerativo, producido por la pérdida gradual de neuronas cerebrales, cuya causa no es del todo conocida. Se trata de una enfermedad muy rara en los pacientes jóvenes, ocasional en los de mediana edad y más frecuente a medida que se cumplen años.

La enfermedad afecta a las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje. Aunque cada día se sabe más sobre la enfermedad todavía se desconoce la causa exacta de la misma y hoy por hoy no se dispone de un tratamiento eficaz.

La demencia es un trastorno cerebral que afecta seriamente a la habilidad de una persona para llevar a cabo sus actividades diarias. Es una deficiencia en la memoria de corto plazo –se olvidan las cosas que acaban de suceder– y a largo –se eliminan los recuerdos–, asociada con problemas del pensamiento del juicio y otros trastornos de la función cerebral y cambios en la personalidad.

Los síntomas de la demencia incluyen la incapacidad para aprender nueva información y para recordar cosas que se sabían en el pasado; problemas para hablar y expresarse con claridad, o para llevar a cabo actividades motoras o para reconocer objetos. Los pacientes, además, pueden sufrir un cambio en su personalidad y pueden tener dificultades para trabajar o llevar a cabo las actividades habituales. En ocasiones pueden presentar síntomas similares a la depresión (como tristeza o problemas de adaptación) o a la ansiedad.

Entre un 25 % y un 50% de las personas con más de 65 años tiene problemas subjetivos de pérdida de memoria, sin embargo esto no tiene por qué significar que vayan a desarrollar una demencia en el futuro y los expertos suelen considerar esta disminución de las capacidades algo normal que se asocia con la edad.

Existen causas reversibles de demencia como la fiebre alta, la deshidratación, los déficits vitamínicos, la mala nutrición, reacciones adversas a fármacos, problemas con la glándula tiroidea o traumatismos cerebrales leves. El reconocimiento de estas causas y su tratamiento puede mejorar la situación del enfermo, pudiendo retornar a su situación previa tras curar el proceso que ha provocado las alteraciones.

Sin embargo, en la mayoría de los casos la demencia no es reversible. Las causas más frecuentes de demencia irreversible son el mal de Alzheimer y otras enfermedades como la enfermedad de Parkinson o la demencia por cuerpos de Lewy, que forman el grupo de demencias degenerativas. Las demencias de causa vascular son las segundas en importancia en los países occidentales y las primeras en algunos países orientales como Japón. Este tipo de demencia se produce por lesiones en los vasos que irrigan el cerebro, bien por infartos cerebrales múltiples, o por hemorragias o por disminución de la sangre que llega al cerebro. Con frecuencia los pacientes tienen una demencia ‘mixta’, es decir que tienen una enfermedad degenerativa y una afectación cerebro vascular.

La demencia se está convirtiendo en uno de los problemas sanitarios más importantes de nuestra sociedad, cada vez más anciana. La frecuencia de la demencia se duplica cada cinco años a partir de los 65 años y se estima que más del 30% de los pacientes mayores de 85 años tienen demencia. Muchos de estos pacientes tienen una demencia tipo Alzheimer.

Históricamente el término enfermedad de Alzheimer se aplicó a la demencia progresiva que se desarrollaba en la edad media de la vida, antes de la etapa senil. Por el contrario, se denominaba demencia senil a la que aparecía en las etapas avanzadas de la vida. Con el tiempo se fue demostrando que ambos procesos eran el mismo, independientemente de la edad de aparición.

Acerca Rodolfo Rodriguez

Rodolfo Rodriguez