Bumgarner, ¡qué Gigante lanzador!

Por: Antonio Andraus Burgos

Los Gigantes de San Francisco ganaron la Serie Mundial, derrotando a los Reales de Kansas City, en siete sensacionales partidos, con un dramático final del séptimo desafío, 3 carreras por 2, con Madison Bumgarner como relevista.-

Los Gigantes de San Francisco

Los Gigantes de San Francisco

Dicen que una golondrina no hace verano. Pero cuando se suman tres o cuatro, el presagio del verano se convierte en realidad.

Los Reales de Kansas City desecharon su forma de jugar, que tanto triunfos les ofreció durante su temporada regular, más al estilo de la Liga Nacional que al de la Liga Americana, en casi toda la postemporada, incluyendo la final en el Clásico de Otoño; mientras que los Gigantes de San Francisco se apoyaron en la hermética labor de su lanzador zurdo, Madison Bumgarner, para capturar, en apenas cinco años, su tercera corona de Serie Mundial del béisbol de las Grandes Ligas, en una dramática y cerrada Cita de Otoño, que apenas se pudo definir en el séptimo y último desafío.

No nos cabe duda alguna de que Madison fue el gran artífice de la nueva captura del codiciado trofeo para los Gigantes, un gigante serpentinero de 1.90 metros de estatura y unas 235 libras promedio de peso. Bumgarner hizo desde la loma de los sustos un trabajo sencillamente espectacular. Pero detrás de él, hubo dos hombres que siempre acudieron a responder oportunamente con el uso del bate sobre sus hombros: el norteamericano y jardinero derecho, Hunter Pence, y el venezolano y defensor de la ‘’esquina caliente’’, Pablo Sandoval. En cambio, de hombres valiosos y altamente calificados para estar por encima de muchos de sus rivales, el receptor y formidable pelotero, Buster Posey, poco o nada hizo para contribuir con la novena de San Francisco. Pero así es el béisbol.

Después de llegar igualados en victorias y derrotas en la Cita de Otoño, a tres por bando, Gigantes y Reales acudieron a la última cita de la gran final, para disputar en el estadio de Kansas City, el séptimo y último desafío, en donde por esas cosas de la tradición, de los numeritos, de la forma de jugar el béisbol, la novena de casa contaba con un ligerísimo favoritismo, basándose los expertos más que todo en la calidad de juego que exhibió el club en toda la temporada regular del béisbol de las mayores, que en cualesquiera otra consideración.

Ganados y perdidos

En el primer juego con que se abrió la Serie Mundial, que por cierto se jugó en Kansas City, los Gigantes ganaron 7 carreras por 1, gracias a la formidable actuación de Bumgarner. Pero en el segundo, también en el parque de pelota de los campeones de la Liga Americana, los Reales se impusieron 7 carreras por 2, para igualar la contienda.

Los Gigantes de San Francisco

Los Gigantes de San Francisco

En el tercero, jugándose en San Francisco, los Gigantes cayeron en un juego de mucho béisbol, 3 carreras por 2. En el cuarto, también efectuado en casa de los Gigantes, éstos apalearon a los Reales 11 carreras por 4. En el quinto, igualmente jugado en el diamante de San Francisco, una brillante noche de serpentinas otra vez del zurdo Bumgarner, le dio a los Gigantes la opción de regresar a Kansas City con ventaja de 3 ganados y 2 perdidos, al ganar con pizarra de 5 por 0.

Y las acciones se igualaron en triunfos y derrotas, cuando los Reales vapulearon a los Gigantes 10 carreras a 0, en el sexto juego de la final, efectuado en Kansas, en una magnífica combinación de buen trabajo de sus lanzadores, encabezados por el novato de apenas 23 años, el dominicano Yordano Ventura, y los relevistas de la novena.

El dominio de Madison

Nadie llegó a creer que Bruce Bochy, el afamado y ya consagrado estratega de los Gigantes, fuera a utilizar a Madison en el cierre de la Serie Mundial, con descanso apenas de 48 horas, en plan de relevista. Empero, en el béisbol hay que ganar hoy, pues mañana quién sabe que pueda pasar… pero como no había mañana para los Gigantes y mucho menos para los Reales, la presencia de Bumgarner era una verdad de a puño en el momento en que fuese necesario.

Bruce Bochy

Bruce Bochy

Bochy sabía a conciencia que la sola presencia en el montículo de Bumgarner en ese juego de vida o muerte, ejercería dominio, respeto y por encima de todo, poder sicológico y deportivo frente a la artillería de Ned Yost.

Y en efecto, así ocurrió. Cuando se cumplieron los cuatro episodios completos del juego y su novena, la de los Gigantes, ganaba 3 carreras por 2, Bruce llamo a Madison para que se hiciera cargo del asunto, liquidando el compromiso de manera magistral.

Bumgarner le había colgado nueve argollas el pasado domingo, al conducir a los Gigantes al triunfo de 5 por 0, dispersándoles 4 imparables, ponchando a 8 bateadores y no entregando bases por bolas. Y en los cincos episodios como relevista del miércoles último por la noche, en  el séptimo partido de la gran final, Madison apenas aceptó dos indiscutibles, uno de Omar Infante en el quinto y otro de Álex Gordon en el noveno, llegando éste hasta la ‘’esquina caliente’’, por error del guardabosques central, Gregor Blanco. Adicionalmente, liquidó a 4 bateadores por la vía de los buenos lanzamientos y no entrego ningún pasaporte.

Y con la ventaja de una carrera desde el cuarto acto completo, los Gigantes se llevaron la Serie Mundial al derrotar 3 carreras por 2 a los Reales, en la propia casa de los campeones de la Liga Americana, ante una muchedumbre de 40.535 aficionados que colmaron el parque de pelota de Kansas, y que no creían lo que estaban presenciando.

El Jugador Más Valioso

El trofeo de Jugador Más Valioso de la Serie Mundial 2014 para Madison Bumgarner, no tiene discusión alguna.

Madison Bumgarner,

Madison Bumgarner,

El zurdo ganó dos juegos de la Cita de Otoño, el primero y quinto partido; y relevó en cinco capítulos en el séptimo, para acreditarse el juego salvado. En el trayecto de 21 episodios completos trabajados desde el montículo, permitió 9 indiscutibles, incluyendo el tablazo de cuatro esquinas de Salvador Pérez en la séptima entrada del primer juego; liquidó a 17 bateadores rivales por la vía de los buenos lanzamientos y apenas otorgó una base por bolas.

Agréguenle que compiló 14 entradas consecutivas pintándolas de blanco, frente a unos contrincantes que nunca perdieron el rumbo, pero que bajaron el ritmo frente a los lanzamientos del lanzador de brazo equivocado, a quien no le pudieron descifrar sus lanzamientos, desde aquella primera noche del pasado martes 21 de octubre, cuando condujo al primer triunfo a su amado equipo de los Gigantes.

Otras golondrinas

Pero Bumgarner no estuvo solo en esta contienda victoriosa para los Gigantes. Dos hombres hicieron respetar el nombre de la novena y su habilidad con el bateo. Hunter Pence, cuya manera de actuar, de jugar el béisbol y de lucir hasta su uniforme, lo hacen un pelotero peculiar, fue uno de ellos. Estuvo a la altura jugando de manera impecable y con jugadas excepcionales en el bosque derecho. El otro fue el venezolano Pablo Sandoval, mortífero con el bate sobre los hombros y de una verdadera capacidad defensiva de juego, atrapando batazos que llevaban el sello de incogibles,  y quien pese a su contextura física y peso corporal, no se amilanó para correr las bases, en muchas ocasiones arriesgando bastante, pero confiado en que sus condiciones físicas le permitían hacer lo que necesitaba para el equipo.

Hunter Pence

Hunter Pence

En ese séptimo juego de vida o muerte, dos de las tres anotaciones fueron conseguidas en las piernas de Sandoval. La primera en el segundo capítulo, cuando después de recibir un pelotazo, y de avanzar hasta la intermedia con otro sencillo de Pence, y otro indiscutible de Brandon Belt, anotó con elevado de sacrificio de Michael Morse. Y la segunda, en el cuarto acto, que finalmente fue la carrera ganadora, cuando con sencillo dentro del campo, sobre la segunda almohadilla pese al esfuerzo del venezolano Omar Infante, se ancló en la inicial, llegó a la intermedia por otro sencillo de Pence y anotó con metrallazo de Michael Morse sobre el bosque derecho, frente a una oferta del relevista Kelvin Herrera, en una verdadera acción de excelente circulación sobre las almohadillas.

Pence anotó la segunda carrera del juego en el segundo episodio, con elevado de sacrificio de Brandon Crawford, siendo además el mejor bateador de la novena en la Serie Mundial, con 12 imparables en 27 turnos, para promedio de 444, incluyendo 3 dobletes y un cuadrangular, con 5 carreras impulsadas y 7 pisadas sobre el pentágono.

Con Pence también se destacó  la ofensiva ‘’Kun Fú Panda’’ Sandoval, como lo aprecian muy bien los aficionados de San Francisco, al ser el segundo mejor bateador del equipo, con 12 inatrapables en 28 turnos, para 429 puntos, con 3 dobletes y 4 carreras empujadas, además de 6 anotadas.

De tal manera que una golondrina, Madison, más otra golondrina, Hunter, y otra más, ‘’Kun Fú Panda’’, le convirtieron en realidad el Verano que se trastocó en un Otoño victorioso para los Gigantes.

No hicieron su juego

Vamos a dejar muy en claro que para nosotros, de manera subjetiva y personal, obviamente, Ned Yost como estratega de los Reales, dirigió a sus muchachos de acuerdo con las circunstancias. Y lo que vamos a señalar a continuación no es una crítica, ni más faltaba. Es la manera de ver el cambio que hizo el técnico y el club de Kansas en la Serie Mundial, variando su sistema de juego y, eventualmente, dejando de hacer uso de sus puntos esenciales para el ataque en todos los juegos de la Cita de Otoño.

Durante todo el Clásico apenas intentaron estafarse una base, cuando fueron los reyes de la circulación sobre los cojines de los diamantes en la temporada, ocupando el primer lugar en esas estadísticas. Tenían paciencia para consumir sus turnos al bate, hasta el punto que ocuparon el ultimo lugar de la campaña, en ponches recibidos, con apenas 985. Y por esas y otras tantas cosas, saltan a la vista varios interrogantes.

¿En dónde se quedaron los fantásticos estafadores de base de los Reales? ¿En qué momento se desaparecieron de la imaginación y de la ofensiva, los toques de bola? ¿Cuándo y por qué se olvidaron de los pisa y corre para avanzar sobre las bases? ¿Y la paciencia, a la hora de consumir los turnos al bate, para exigirle a los lanzadores rivales, por qué desaparecieron de un momento para otro? ¿Por qué en el séptimo juego, cuando hubo la oportunidad, no se utilizaron bateadores emergentes derechos cuando el lanzador Bumgarner era zurdo y se conservaron a los titulares a la ofensiva del brazo equivocado?

Preguntas seguramente son las que sobran. Respuestas son las que probablemente no se encontrarán de un día para otro.

Nosotros escogimos a los Reales para ganar la Serie Mundial y una vez más, nos equivocamos… y por ese hecho, nada distinto que aceptar que en el béisbol, como en casi todos los deportes, solo los hechos cumplidos nos permiten saber a ciencia y paciencia, que nada está escrito hasta cuando concluyen los compromisos.

Los Gigantes sin duda alguna hicieron una extraordinaria campaña. Si bien eran los favoritos para ganar la Serie Mundial cuando se ungieron como los campeones de la Liga Nacional, también era cierto y más que cierto, que solo Madison Bumgarner ofrecía las garantías necesarias para llegar a la cúspide del béisbol de las Grandes Ligas desde el montículo por el club, y que los Reales nos dejaron con los deseos de ver sobre el terreno de juego, a los verdaderos Reales, exigentes frente a los lanzadores, desplazándose sobre las almohadillas con la relativa facilidad como lo hicieron durante la temporada regular, bateando el sencillo cuando era necesario… en fin, pero lo que queda comprobado una vez más, es que en una Cita de Otoño cualquiera cosa que suceda está dentro de la normal y que una cosa es la temporada regular, y otra cosa, muy distinta por cierto, las series finales, empezando por la conquista del comodín o tarjeta de invitación, las jornadas divisionales, la disputa por el titulo de cada liga, y desde luego, el esperado y ansiado desarrollo de los juegos finales para alcanzar el cetro de la Serie Mundial…!

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