Los haitianos tendrán que aprender a vivir. Deberán tener un encuentro con el futuro que fácilmente no sabrán manejar.
Por RODOLFO RODRIGUEZ CALDERON, corresponsal en los Estados Unidos.
Uno de los desafíos grandes para Haití será cómo podrán inventar un nuevo país. También deberán descubrir los libros y distintos materiales de educación para adquirir el conocimiento que les ayudara levantar la nueva Haití.
Un líder de un país europeo decía que le están dejando a Haití sólo la población de ancianos. Parejas de muchos países se están peleando a los niños para adoptarlos y darles amor y educación. Pero la verdad es que los niños son los que tienen ahora la responsabilidad de prepararse para manejar a un país que como quiera tendrá que emerger de las ruinas y extrema pobreza.
Haití es un país con un porcentaje muy alto de analfabetismo y la comunidad internacional está trabajando ya en programas paralelos a la ayuda económica para que los niños y la juventud tengan educación gratuita a fin de prepararlos para levantar los pilares del nuevo país.
BUSCANDO TESOROS
Hombres y mujeres compiten en un espacio plagado de basura y malos olores por un galón de agua para enjabonarse la cara y asearse un poco. Los niños corren y juegan como si esta miseria no fuera tan distinta a la de antes.
Al atardecer, cuando el sol muestra sus rayos brillantes, miles de haitianos escarban entre los escombros de las casas derruidas; golpean desesperadamente con martillos los hierros retorcidos y las hojalatas, llevándose las puertas, contraventanas, cañerías, tubos y clavos, todo lo que pueda ser vendible o aprovechable. Es el negocio de los desesperados; algunos corren un riesgo enorme al deslizar su cuerpo en los agujeros que dejaron las columnas torcidas de una tienda de electricidad en Dessalines esquina con la calle de Los Milagros. Tal vez sea el nombre lo que les estimula porque el premio es bien pobre: un puñado de apliques nuevos para enchufes. "Puedo vender cada uno a 10 gurdas [dos dólares]", dice un padre de tres hijos y vecino de Cité Soleil, el barrio más pobre de la ciudad más pobre de América Latina. "Sé que me puede caer todo encima pero necesito el dinero".
El centro de Puerto Príncipe, cuando el calor afloja y la humedad se vuelve tolerable, es un hervidero de buscadores de esperanza, de que los dólares hurtados hoy a la desgracia se conviertan en comida para mañana.
El sofocante calor y la humedad asfixiante hacen que las ruinas se conviertan para miles en un lugar de esperanza en la misma miseria. Cerca del cine Capitol, un hombre llamado Cadeaux Gesner introduce tubos rotos en una bolsa de plástico, sus movimientos parecen cansados, no se arriesga a escalar por la montaña de cascotes de lo que fuera la escuela tecnológica Sainte Trinité porque sus 55 años le pesan como si fueran el doble: "Sólo me llevo tubos blandos para poder encender fuego en casa", dice. Del cinto le cuelga un martillo de albañil enfundado en una cartuchera de cuero.
Dos jóvenes musculosos escalan las ruinas y bajan al rato algo apresurados con una enorme puerta de hierro sobre sus cabezas. Cristian tiene 32 años y parece dirigir la operación, cargan el tesoro en una carretilla en la que ya tienen varias láminas de hojalata: "por la puerta puedo ganar 250 dólares", dice el hombre. En los primeros días los buscadores de tesoros no disimulaban tanto y ejercían de saqueadores cuando asaltaban supermercados y tiendas a las que el terremoto les abrió boquetes para la tentación.
La misión de la ONU en Haití dispone de 9.057 efectivos, entre militares y policías. Estados Unidos desplegó a 12.000 soldados y marines y la UE se dispone a enviar más soldados. ¿Más? Si sumamos militares, humanitarios y periodistas se podría afirmar que Haití se esfuerza cada día en dar de comer a los miles de extranjeros que llegaron a resolverles el futuro olvidándose del presente.
En la Calle de los Milagros nadie hace cuentas con las tropas ni con las toneladas de alimentos, tampoco con el futuro. Allí gente como Ely vive al día: apila las maderas que ha conseguido, ata el hatillo en su bicicleta y se va a Cité Soleil donde hoy con un poco de arroz prestado y fuego en la lumbre se sentirá un hombre feliz.

UN MES DE AGONIA
Un mes después del terremoto del 12 de enero que sacudiera Haití, funcionarios estadounidenses dijeron con anticipación a una conferencia internacional de donantes, que se espera que se celebre en marzo en las Naciones Unidas, que el esfuerzo de auxilio deba pasar de ser una operación de búsqueda y rescate a ser una de recuperación económica y sostenible.
Rajiv Shah, administrador de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) sostuvo que la distribución de alimentos, agua, refugio y atención médica al pueblo de Haití continua a un ritmo cada vez mayor y que la distribución y coordinación de ayuda entre el gobierno de Haití y la comunidad internacional se vuelve más eficaz y alcanza a más personas, “estamos aumentando la operación de auxilio” prestando más atención a la recuperación del país a largo plazo.
“Intentamos de una manera muy precisa, hacer cosas que sean sostenibles, que sean adecuadas y que puedan contribuir a una firme recuperación en Haití”, dijo Shah a los periodistas reunidos en el Departamento de Estado.
En colaboración con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el gobierno de Haití ha estado dirigiendo un programa de empleo que da trabajo a 5.600 personas al día, mayormente limpiando escombros. Shah dijo que su trabajo es para crear más espacio que pueda cubrir necesidades como la construcción de viviendas temporales. Se espera que el programa se amplíe más allá de la capital de Puerto Príncipe, para proporcionar más fuentes de ingresos a fin de que el país con el tiempo experimente una transición a ser otra vez una economía dependiente del sector privado.
En el programa de empleos, “los alcaldes y líderes políticos locales determinan las prioridades en sus zonas”, comentó Shah. “Todos los días salen y contratan a personas, les pagan el salario mínimo y les ofrecen la oportunidad de trabajar, y al mismo tiempo se hacen obras públicas importantes”.
Dijo el funcionario que el número de personas empleadas se ha duplicado rápidamente de 2.800 a 5.600. “Anticipamos que aumentará significativamente durante este mes”.
La comunidad de donantes ha anticipado que entre 240.000 a 300.000 familias necesitan albergues temporales para protegerles de la temporada grande de lluvia que está muy cercana. Shah comentó que la comunidad internacional hasta el momento ha proporcionado 70.000 de estos hogares con lonas de plástico, materiales de refugio o capacitación para construir albergues; además tiene suficientes materiales a mano como para construir 260.000 de estos.
Profesionales médicos estadounidenses han atendido cerca de 25.000 pacientes, pero se dijo que la salud es todavía un desafío. Funcionarios haitianos e internacionales han cooperado para establecer un sistema de vigilancia de enfermedades en 51 localidades y pronto empezarán campañas específicas de vacunación, también se han repartido tabletas de cloro en los puntos de distribución de agua.

EL MUNDO MIRA A HAITI
En el campamento que crece cada día frente al derruido palacio presidencial se han levantado letrinas, que son cabinas de plástico de la empresa haitiana Jebco Service. No están allí por caridad sino por negocio: cobran por el acceso el equivalente a un dólar, sin distinguir aguas residuales de las potables. En Haití, el 80% de su población vive debajo del umbral de la pobreza: un dólar es un lujo.
Cerca del aeropuerto diversas especialidades de Médicos del Mundo (MDM) trabajan en una clínica. Hace un mes recibían 300 pacientes diarios ahora se han reducido a 100. La explicación es que han abierto más centros no que se han reducido las víctimas. "Lo que mejor está funcionando es la ayuda médica tanto en los hospitales locales como en las unidades móviles de diversas ONG de emergencia", explica Penélope Page, responsable de comunicación de MDM. "La mitad de los casos que nos llegan son niños y muchos con diarreas. No se trata de una epidemia es sólo la consecuencia del hambre y de los alimentos desconocidos para ellos".
Saura Jiménez es la responsable en Haití del reparto de 60.000 raciones de comida diaria a través de la organización estatal dominicana Comedores Económicos del Estado que ha desplazado al país vecino 28 camiones-cocina y a decenas de voluntarios. "Sólo distribuimos en los lugares organizados y cuando las fuerzas de la misión de la ONU nos dan el visto bueno". El problema de estos repartos es el tumulto, la gente se pelea por un saco de arroz.
Ha pasado un mes y los haitianos parecen más pacientes en las colas para adquirir un teléfono móvil que en las que dan de comer; cuestión de prioridades: el teléfono es la primera puerta para escapar de Haití.
Antes del terremoto, el país registraba ingresos per cápita por debajo de 400 dólares al año, en donde el 78% de la población vivía con menos de dos dólares al día y la tasa de desempleo era superior al 70%. La necesidad de ayuda era urgente ya antes del terremoto y hoy resulta de importancia vital, no sólo para asegurar la supervivencia inmediata de millones de haitianos sino para lograr que esa nación pueda aspirar a un nuevo futuro.
El Gobierno mexicano decidió hacer una donación de 8 millones de dólares, además de haber establecido un puente aéreo y marítimo para transportar la ayuda humanitaria enviada por los mexicanos así como la que a través de los aviones y embarcaciones mexicanas deseara enviar cualquier otra nación a Haití.
La Organización de las Naciones Unidas ha estimado que un programa de desarrollo de infraestructura en comunicación, educación básica y técnica, en vivienda y atención sanitaria, de reactivación económica, industrial y de provisión de servicios básicos, así como de construcción de redes de protección social en Haití, la cual requeriría de unos 2.000 millones de dólares anuales durante cinco años.
Haití merece el acceso a un futuro nuevo en el que su pueblo aprenda a trabajar unido con los recursos que la comunidad internacional ponga en sus manos. Un nuevo comienzo y si trabajan juntos por un desarrollo armónico y equilibrado podrán cerrar la brecha de la pobreza y el analfabetismo; entonces Haití se levantará para hacer una realidad la reconstrucción.
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