"La sabiduria consiste en saber cuál es el siguiente paso;
la virtud en llevarlo a cabo". David Starr Jordan
Cada año la caja de compensación familiar Cafam, entrega el Premio CAFAM A LA MUJER COLOMBIANA. Una es la ganadora, las demás son finalistas; pero todas, por la labor que desarrollan en favor de la comunidad, son ejemplo de vida y solidaridad. Su obra, y su lucha para consolidarla, se publican cada año en El Libro de Oro de la Mujer En Colombia.
SOPHY LÓPEZ VILLEGAS (Antioquia) Todo por amor
A pesar de que falleció el 20 de julio de 2004, su espíritu lo invade todo. Su presencia se siente en cada rincón de la organización que fundó y lleva su nombre: “Mónica Uribe: por amor”.
Su madre, Sophy López Villegas, decidió continuar con la obra a la que, en vida, su hija comprometiera hasta su último aliento: apoyar a los niños que como ella padecen espina bífida y a sus familias.
Desde que nació, Mónica afrontó experiencias difíciles: varias intervenciones quirúrgicas y un profundo dolor físico que la acompañó durante sus 41 años de existencia.
Precisamente las duras condiciones de su vida la motivaron a actuar y a respaldar a quienes tenían esta terrible enfermedad. Después de formarse académicamente, y
con el fin de realizar su sueño, estudió educación especial, psicología e idiomas (hablaba tres lenguas). Así, el 19 de junio de 1999 creó con su compañera Amparo Acevedo la Fundación “Mónica Uribe: por amor”.
En un principio no fue fácil. Algunas personas insistieron en que abandonara la idea, pero Sophy, su madre, se convirtió en la fuerza moral y la animó a continuar con esta desinteresada labor.
Las primeras reuniones se realizaron en restaurantes y casas de familia. Las donaciones llegaron mientras Mónica reforzaba sus conocimientos sobre la enfermedad y la forma de ayudar a quienes la padecen, pues en Colombia no existía ninguna institución de este tipo.
Sacrificio por los niños
Con el paso de los años la salud de Mónica se deterioró, a pesar de ello venció el cansancio que le generaba su condición y se sobrepuso, siempre motivada por el deseo constante de respaldar a los miembros de la fundación.
No quería abandonar a quienes como ella soportaban intensos dolores, sufrimientos y adicionalmente carecían de recursos para el tratamiento, y con su carisma se comprometió a mejorar su calidad de vida.
La fundación mantiene ese objetivo: que haya una buena aceptación y comprensión de esta patología, para lo cual les brinda a los pacientes una atención especializada, tanto física como psicológica.
Así mismo ofrece capacitación, consecución de implementos ortopédicos y médicos, evaluación médica especializada, nivelación escolar, recreación y asistencia psicológica individual y grupal.
Hasta el último momento de su vida, Mónica se dedicó a esta noble causa y se preocupó por la continuidad de su obra, para lo cual y por fortuna obtuvo el apoyo de la junta directiva. De esta forma, su hermana Sonia quien, junto con su progenitora, la motivó cuando decidió abrir las puertas de la fundación, forma parte de este proyecto y trabaja incansablemente.
Un compromiso familiar
De igual manera, Mónica sembró la semilla del trabajo desinteresado y dedicación en una joven llamada María Cecilia, una talentosa estudiante de medicina que también tiene espina bífida.
La impresionante fuerza y generosidad de Mónica lograron que aquellos que se acercaban a la fundación se involucraran con esta causa, como ocurrió con la trabajadora social que hace más de un año brinda no sólo su servicio, sino su amor, a los enfermos y sus familias.
Tras el fallecimiento de Mónica, su madre, Sophy, y su hermana, Sonia, se entregaron a la fundación con la misma entrega con que ella lo hiciera en vida. Mónica dio mucho amor, infundió el respeto y la disciplina, y enseño el sentido de la equidad a quienes estuvieron a su lado.
Y con el altruismo que caracteriza las acciones de los seres humanos que luchan a diario por garantizar una mejor condición de vida para los enfermos, la fundación, bajo la impronta de su inspiradora, espera crecer y brindar atención médica y psicológica a la mayor cantidad de niños que padecen espina bífida.
Además, anhelan conseguir una sede propia – el último sueño de Mónica – y mantener esta labor que constituye una voz de aliento para los pacientes que sufren esa dolorosa enfermedad.
De esta manera podrán apoyar y orientar a las familias que han sido devastadas porque alguno de sus seres queridos padecen esta patología que es todavía desconocida por muchos en Colombia.
Gracias a esta noble tarea, hoy muchos niños sonríen, a pesar de sus limitaciones físicas, son optimistas respecto al futuro y poseen el mismo deseo de superación que distinguió a Mónica durante su corta, pero fructífera vida.
Informes obra social: Carrera 77 No 33 A- 73 Tel: (+4) 413 1573 Medellín - Antioquia