"El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene". Ralph Waldo Emerson
Los colombianos malditos
Niños aterrorizados
Según el diccionario, maldito significa: “réprobo, malvado, perverso, malo, execrable, detestable, ofensor, blasfemo, de mala intención, despreciable, canalla. Persona con intención de perjudicar o hacer daño a alguien. Persona que tiene malas intenciones, que causa daño. Persona malvada”.
Sí, me refiero a ellos, a los colombianos malditos; a esos seres cobardes, bandidos, delincuentes, engendros de horror, peores que bestias, quienes no merecen ser llamados seres humanos; padres desalmados, facinerosos, terroristas,
delincuentes comunes o de cuello blanco que le causan tanto dolor a Colombia, a sus niños inocentes, a las mujeres indefensas, a las madres desprotegidas, a los ancianos débiles y desamparados, a los humildes, a los desprotegidos, a los inocentes; a quienes desplazaron y horrorizaron. A los autores de las bárbaras, sangrientas y brutales masacres cometidas contra nuestros campesinos, contra sus bebés y sus niños por seres inhumanos que perdieron el temor de Dios.
No son millones los colombianos malditos, apenas miles, pero las cifras de sus homicidios, secuestros, atentados terroristas, actos violentos y delincuenciales, reflejan la inmensa magnitud de la tragedia que causan. Por ellos, tristemente, tenemos el deshonor de ser una de las naciones líderes en violación del primer derecho humano: el de la vida; del secuestro, de la impunidad. Hemos llegado al extremo de que muchos personajes de alto nivel has sido salpicados por familiares corruptos aliados con las mafias y grupos armados fuera de la ley que asesinan niños.
A esos colombianos malditos, (instrumentos del demonio), para quienes la cadena perpetua seria un castigo leve; a esa brigada de colombianos malditos que, aunque no representan una inmensa cifra si se les compara con los millones de colombianos de bien; por su diabólica capacidad de hacer el mal, atemorizan, torturan, martirizan, asesinan y desangran a Colombia. Hasta matan porque sus víctimas pensaban distinto a ellos.
El infame maltrato infantil
Hoy se investiga la misteriosa cadena de desaparición y muerte de decenas de jóvenes en todo el país, y se descubren más horrores. Alguien dijo que “Colombia es uno de los cementerios más grandes del mundo”; un charco de sangre inocente; y hoy se debate su absurdo contrasentido: vive la doble realidad de la violencia y del amor, del individualismo y de la solidaridad. Es una Nación víctima de toda clase de horrores hastiada de violencia, de funcionarios y políticos corruptos, inmorales y cómplices de colombianos malditos que matan niños.
Cada día se descubren nuevos “matrimonios” entre
personajes de alto y medio perfil, con todo tipo de violentos, hasta con hampones que asesinan niños, con colombianos malditos.
Hay cifras que dan una dimensión del horror que estos causan. Según la Novena Conferencia Mundial sobre Prevención de Lesiones y Promoción de la Seguridad, reunida hace poco en México, “en Colombia se reportaron más de 17.000 muertes violentas en 2007”. Los colombianos malditos llevaron al país a una tasa de homicidios del triple del promedio mundial, es decir, 38 por cada 100 mil habitantes. Para contrastar esta cifra impresionante, digamos que los homicidios y atentados de la ETA, en España y Francia, en toda la historia de esa organización terrorista, ha causado “solo” 850 víctimas. Y en Pakistán, el centro de operaciones del tenebroso Al Qaeda, en los últimos tres años se han presentado “apenas” 400 muertes violentas.
De acuerdo con el informe de la Conferencia, las armas de fuego causaron el 80 por ciento de los homicidios en Colombia en 2007, mientras en el mundo estas representaron el 60 por ciento. Diariamente hay niños muertos o heridos por balas perdidas en este país violento donde hay casi cuatro millones de armas en manos de civiles; solo 1´800.000 con salvoconducto y muchas en manos de colombianos malditos.
Marchas millonarias rechazan el horror
De 7.639 secuestros reportados desde febrero de 2002 en Colombia, 271 personas murieron o fueron asesinadas en cautiverio, incluyendo varios niños.
Más de 1´100.000 niños desplazados
Un estudio de la ONU indica que Colombia es el primer país en Suramérica en consumo temprano de alcohol y el segundo en cigarrillo. El uso de drogas ilícitas en estudiantes
entre 14 y 17 se ha desbordado. Cada día más menores delinquen, la droga los estimula.
Según CODHES, en los últimos 15 años, se han desplazado en Colombia más de 1.100.000 niños y niñas, a causa del conflicto armado
El 42,16 % de las FARC y el 45, 25% del ELN están compuestos por niños, niñas y adolescentes, o por adultos que ingresaron eran niños
Según la Defensoría del Pueblo, con base en entrevistas realizadas a niños, niñas y jóvenes después de su desvinculación de los grupos armados:
- El 18% ha matado por lo menos una vez.
- El 60% ha visto matar.
- El 78% ha visto cadáveres mutilados.
- El 25% ha visto secuestrar.
- El 13% ha secuestrado.
- El 18% ha visto torturar.
- El 40% ha disparado contra alguien alguna vez.
- El 28% ha sido herido en combate
Tanta infamia le hace a uno preguntarse: ¿Qué le falta hacer a quienes reclutan a los menores para hacer la guerra? ¿Qué les espera a los niños de las generaciones que vienen? ¿Qué más horror pueden causar los colombianos malditos que abandonan sin piedad a sus hijos en los basureros; que los matan a palo; que los queman; que los torturan; que los asesinan, que reclutan a los niños para la guerra?
El parricida Orlando Pelayo
El monstruo Orlando Pelayo Rincón secuestró y asesinó a su hijo Luis Santiago Lozano, para evitarse pagar su cuota alimentaria. Un niño objeto de una muerte tan horrenda a manos de su propio padre, es la peor muestra de la desnaturalización de los colombianos malditos.
La Indignación nacional por el miserable cobarde, inhumano y bestial asesinato de este bebé de once meses, estrangulado por las
manos de la bestia desalmada que en mala hora fue su padre.
Su asesinato generó nuevas movilizaciones gigantescas de esas protagonizadas por millones de ciudadanos miembros de una sociedad que clama justicia y que se acabe el baño de sangre y la barbarie infanticida; que clama por la legalización de la cadena perpetua y la pena de muerte.
Desafortunadamente por amarillismo periodístico, Luis Santiago murió muchas veces más en las pantallas de la TV y de los portales de Internet, donde una y otra vez mostraron las imágenes de su tragedia como si se tratara de un espectáculo, explotando y abusando de la ingenuidad de una madre y un abuelo en su dolor y su tragedia."Hubo un montaje oportunista y pornográfico grotescamente desproporcionado", escribió Antonio Caballero.
En su poema, “Se fueron los últimos”, Federico Mayor Zaragoza, dice:
“Se fueron los últimos
soldados
y estalló la paz
en vuestra vida,
sin reporteros
que filmen
cómo se vive y muere
cada día.
“Ya no saldréis
en las pantallas,
ya no moriréis
de bala y fuego,
de olvido
volveréis a moriros,
como siempre.
“Al menos la mitad de las noticias,
tendrán que referirse
a la vida ordinaria”.
“El monstruo Garavito”
El monstruo Luis Alfredo Garavito
Otra bestia asesina, “el monstruo Garavito” (ahora predicador cristiano) quien merecería varias penas de muerte porque violó, torturó y mató a 134 niños, es protegido y alimentado por el Estado, vive tranquilo en la cárcel y es personaje para algunos medios, como si se tratara de un héroe, a pesar del dolor de 134 familias víctimas de este demonio del mal que, como Orlando Pelayo, merecería, si fuera legal, hasta la pena de muerte.
También merecen cadena perpetua los bandidos de cuello blanco que se roban la plata de la salud con lo que generan muertes de niños por falta de atención médica causando más muertes de inocentes; así
como los desalmados trabajadores de la salud que dejan morir en las puertas de las clínicas y los hospitales a niños, madres y otro seres humanos enfermos o heridos, negándoles la vida porque les niegan una humanitaria atención médica.
La niñez colombiana no tiene razones para sonreír cuando decenas de niños están desaparecidos, aparecen descuartizados, enterrados en fosas comunes, violados, heridos, maltratados, lanzados a los ríos, golpeados, torturados, o secuestrados. El abuso contra los menores y el abandono de bebés recién nacidos, son aberraciones que nos averguenzan ante el mundo.
La violencia social dirigida hacia niños y jóvenes muestra cada vez más crímenes abominables como el de abandono de bebés que los recicladores encuentran abandonados en bolsas de basura. La Policía registró 49 casos de niños menores de un año abandonados en los primeros cuatro meses del 2008 en las calles de Bogotá.
¿Qué futuro le espera a Colombia si los más cobardes, los colombianos le están matando a sus niños y los que sobreviven, son testigos del horror?. El poeta Jorge Robledo Ortiz escribió:
“Enseñamos a sembrar el odio,
a salpicar de barro el corazón,
a tiznar con carbones encendidos
los sueños y los nidos
los campanarios y los libros,
los muros y el amor”.
Para que los colombianos malditos, hay condenas ridículas dictadas por algunos jueces. Resulta que uno le dictó sentencia de cuatro años a un hombre que le tocó las nalgas a una mujer, mientras un Juez maldito (réprobo) benefició con la libertad a un violador comprobado.
A Colombia la dañan los colombianos maldito, hombres y mujeres infames, cobardes infanticidas, sicarios, torturadores; verdugos de miles de víctimas silenciadas para robarles sus tierras. Cada día crece la impunidad por las graves fallas de la justicia colombiana; la misma que con el paro de de jueces y trabajadores de los juzgados permitió que peligrosos delincuentes y malhechores victimarios de niños quedaran libres. Nuestra sociedad parece inmovilizada, se siente impotente ante la barbarie y solo espera que Dios haga justicia, porque aquí, en la tierra, en Colombia, casi no hay quién la aplique.
La infamia de las fosas comunes
Masacradores de miles de niños y adultos colombianos despedazados a machetazos o con motosierra; ametrallados por la espalda, víctimas de las minas quiebrapatas, enterrados vivos en fosas comunes después de hacerles cavar sus propias tumbas; niños desaparecidos, asesinados, lanzados a los ríos, Otros colombianos malditos son los que incorporan a miles de niños a los grupos armados fuera de
la ley los de otra lacra humana que mata a la juventud protagonizando terribles acciones violentas encubiertos en las barras bravas. Dice la noticia: “Además de los revólveres, la policía incautó un bate de béisbol, 1.536 gramos de pólvora negra y 10 kilos de marihuana, revólveres, changones, armas blancas y hasta una granada de fragmentación, arsenal incautado a aficionados de Medellín que iban para Cali a asistir al encuentro América-Nacional para ser usados en una guerra a muerte que había sido “casada” por Internet entre menores de 12 a 17 años, seis de los cuales fueron judicializados. Aquí caben los versos del poeta Jorge Robledo Ortiz, que dicen:
Barras bravas y violencia (El Espectador)
“La juventud
va a pie llevando en los ojos
consignas de cementerios
con la venganza por fuera
y sin un himno por dentro”.
Y en el más profundo de sus poemas sociales, “Vuelve Hermano Francisco”, con el que se duele del horror que vive Colombia, expresa:
Irresponsablemente, dinamitando nuestro pequeño grano de alegría
prostituimos la belleza y cercamos de horrores el reino de la infancia.
De vivir entre el odio y ver tumbas abiertas al pie de los trigales
los niños han crecido con la sonrisa muerta y los juguetes rotos en el alma;
pobres niños ya viejos, niños de muecas trágicas que bajo sus ojitos
van llevando en silencio una inocencia triste que floreció con canas…
Una tierra de paz que tuvo espigas y música y luceros para el rancho,
se hundió en la noche como un lobo hambriento
con la misericordia entre las garras.
Niños sin sonrisa
Niños víctimas de acoso escolar y niñas de violaciones
Victimas de una masacre
Los niños desplazados
El paseo de la muerte
Victimas de las
minas quiebrapatas
Matonismo en los colegios
Un gravísimo problema afecta alarmantemente a la niñez colombiana. La nueva forma de violencia y hostigamiento escolar es un fenómeno social preocupante, caracterizado por la burla, ridiculización, maltrato psicológico, verbal o físico, causado por unos menores contra otros, en los salones de clase y en los patios de los colegios y escuelas. Su mayor frecuencia se da en términos de violencia psicológica o emocional. Las víctimas del acoso escolar o bullying, están casi siempre entre los 12 y 13 años.
El bulling, es una tortura sistemática, en la que el agresor acalla a su víctima ante la indiferencia o con la complicidad de otros niños. Los menores más tímidos, con alguna discapacidad o problema físico son las principales víctimas.
Los menores víctimas de los pequeños “matones” viven con miedo, se sienten tristes, y callan lo que sucede, no se lo confían ni a su propios padres. Están inmersos en la ley del silencio, de esos adolescentes que si son descuidados pueden llegar a convertirse en colombianos malditos. El miedo de asistir a clases tiene nerviosos, tristes y solitarios, y hasta con pensamientos suicidas a infinidad de niños colombianos. ¿Y qué hacen los padres de los matones?
En abril de 2008 el Instituto de Medicina Legal estableció que la violencia sexual en centros educativos de Bogotá, aumentaron en 138 por ciento durante los últimos cuatro años. Y que la probabilidad de que un niño o adolescente sea víctima de una agresión sexual en su colegio es mayor que si estuviera en la calle, en un parque o en una taberna. La violación sexual contra los niños afecta a todas las clases sociales.
Miles de niñas y niños han sido abusados y maltratados por sus padres, amigos, vecinos o parientes, convertidos en colombianos malditos. Muchos han muerto, y los que sobreviven quedan traumatizados, marcados de por vida.
De cada 100 niños, 48 están expuestos a la violencia física, sexual o verbal; no pueden tener una más terrible antesala a la juventud.
Los jóvenes no son el futuro, son el presente
Según cifras oficiales, el 67.6% de las muertes en Colombia por causa violenta, corresponde a jóvenes entre 15 y 19 años. Lo que sucede con la juventud oscila entre los padres violentos, posesivos, excesivamente controladores y entre los permisivos que prodigan todas las libertades y temen reprimidos sin preocuparse por su formación y desarrollo como personas.
Debemos asumir, porque así es, que los jóvenes no son el futuro sino el presente de Colombia, ellos son quienes más matan y quienes más mueren en Colombia. Rechazados por la sociedad como consecuencia de los problemas sociales y la violencia que vive nuestra patria.
Muchos jóvenes que pertenecen a los grupos de alto riesgo cercanos a la delincuencia, se reúnen a compartir vivencias de desamor, frustración, vicios, comida, tristezas y alegrías. Y de allí: a la pandilla. Los jóvenes pasan de la “Universidad de la televisión” que todo lo enseña (lo malo y lo bueno), aprenden a vivir en la “Universidad de la calle”. La droga es una salida para alejarse de su cruel realidad, de su miseria, de su mundo sin eco, sin diálogo, sin respuesta, sin estímulo, sin familia.
Los niños en la guerra
Es necesario entender que los jóvenes a quienes se ignora en sus intereses, necesidades, ideales, metas y preocupaciones, o en su forma de vivir tienen hoy una concepción diferente del valor de la vida.
Si su potencial creativo, constructivo, de sueños e ilusiones se desperdicia; si vagan desorientados sin quien los escuche o les ayude en la etapa más importante de su vida, abrazarán las hordas violentas de los colombianos malditos; la descomposición social y el desenfreno.
Los jóvenes tienen sueños e ilusiones, a pesar de todo desean la paz. Pero requieren de oportunidades educativas, laborales, de sana ocupación del tiempo libre. Si son desoídos, abandonados, en sus vidas sin sentido reinará el instinto de la destrucción.
Para la inmensa mayoría de los jóvenes su ideal no es delinquir. Muchos expresan odio por un sistema, por un Estado que no les da respuestas, ni les escucha, ni les ofrece oportunidades, a no ser para que le pongan el pecho a las balas, para mostrarlos en televisión como modelos negativos, para habilitarlos como sicarios, en lugar de canalizar positivamente sus energías, de estimularlos con modelos multiplicadores que los muestren como protagonistas de comportamientos positivos.
El drama de ser niño en Colombia es muy cruel; su vida no vale nada. Muchos no tienen acceso a la educación, son huérfanos de la violencia, viven desnutridos y enfermos; son explotados de manera canalla por los colombianos malditos que explotan el turismo sexual infantil; que venden droga en las escuelas y colegios; de cobardes padres matones, maltratadores, violadores, cobardes y asesinos; de maestros corruptores, violadores y abusadores; o son huérfanos de la violencia.
Nosotros los adultos, casados, separados o solteros; pobres, acomodados, con dificultades o ricos; desde nuestro trabajo, en nuestra área de influencia, tenemos la irrenunciable obligación de ayudar a velar por nuestros niños, de protegerlos, porque ellos no son el futuro sino el presente de Colombia. Todos debemos apoyar la campaña “Firmemos por Nuestros Niños”, que busca que en Colombia sea aprobada la cadena perpetua para los colombianos malditos.
Le invitamos a bajar de Internet, firmar y hacer firmar la planilla que está siendo apoyada por varios medios de comunicación.