 |
Nadie podía imaginar que en solo seis años se cansara la institucionalidad. Cuando el Presidente Uribe era candidato, solía decir que los colaboradores de un gobierno, no podían ser para menos de cuatro años, porque se perdía la continuidad que requieren las administraciones, a manera de crítica por los acostumbrados ministros de dos, o máximo tres años de las anteriores administraciones.
|
Soñaba el Presidente, encontrar gentes con su mismo vigor, entrega y dinámica, sin reparar que una cartera, por elemental que sea, desgasta sin piedad ni misericordia. Por ello, un gabinete que empezó con todas las de la ley, con gentes muy preparadas, se fue diezmando y cayendo en manos inexpertas, que se atornillaron en sus sillas, aprovechando la terquedad del jefe por mantener a esas gentes en contra de la corriente.
Dolorosas pérdidas como las de Juan Luis Londoño, trágicamente fallecido, Alberto Carrasquilla, únicos Phd del gabinete, que se “hartó y se fue”, Carolina Barco, a quien exilaron y Carlos Gustavo Cano, que debió reforzar la Junta del Emisor, fueron desmantelando lo único bueno que consiguió de entrada Uribe.
Afirman muchos que, el cargo imprime carácter y obliga sapiencia, pero este no ha sido, para dolor de la patria, el caso colombiano, en esta, o estas administraciones. El alto gobierno se fue convirtiendo en un enjambre de amanuenses, “trompos de poner”, o sparring para salvar la reputación y el prestigio del Jefe en los Consejos Comunitarios. En otros cuatrienios eran considerados fusibles, para evitar que se “quemaran” los titulares. Pero esos fusibles se fundían y quienes como tales actuaban se caían. En estos seis años, la cosa ha sido diferente. Muy pocos han sido los que con carácter han actuado, y muchos los que prefieren agazaparse y continuar disfrutando las mieles del poder.
Lo grave de todo esto, es que quienes hacen parte del ejecutivo están fatigados y sin ganas, mucho más ahora que ese sol espaldero empieza a golpear, cada vez con mayor vehemencia, el pulso firme y el corazón grande del Presidente Uribe. Se le han venido todas encima. Hasta los columnistas que tanto lo admiraban y defendían, lo han convertido en “trompo de poner”. Lo critican sin ahorrar epítetos y destapan cosas que nadie nunca imaginó. Los frustrados ahorradores de las “pirámides”, lo chiflan. Los cónsules y asesores, lo engrampan en polémicas internacionales. En una palabra, esto como que se le sale de las manos, al incansable hombre que, si se hubiera contentado con solo cuatro años, nos habría podido permitir un futuro mucho más prometedor, con la fortaleza de un equipo renovado y eficiente, a partir del 2006.
Todos estamos fatigados. Necesitamos una pausa en el camino y otra “gallada” con bríos…
gabrielortiz10@hotmail.com
Se desbocó la inflación
 |
La mentira parece ser el denominador común en Colombia y especialmente en las esferas gubernamentales, que sacrifican lo que sea, para aferrarse al jefe de turno y desde luego, al príncipe.
Niegan o afirman, según sus conveniencias los hechos que puedan afectar de alguna manera el derrotero del gobierno.
|
El Dane, desde luego, es la entidad oficial a la que someten con mayor frecuencia a estos menesteres, para respaldar cualquier cifra, movimiento, conducta o manera de actuar de toda esta sociedad.
Vimos, no con asombro, como durante el mes de septiembre, bajó el costo de vida. No con asombro, porque ante el comportamiento de la inflación durante la primera parte del año, que destrozó las proyecciones del Banco de la República para el 2008, lógicamente habría necesidad de aplicar un freno que permitiera a la galería un respiro. Fue así como escogieron septiembre, para torcer el rumbo endiablado de la inflación e ir amortiguando las cifras, para evitar que los doce meses de este año muestren la realidad y lesionen imágenes de los presidenciables para el 2010-2014.
No es necesario adentrarse en las cifras, en las altas matemáticas, en las estadísticas, para darse cuenta de que todo ha subido de tal forma que la gente común y corriente ha tenido que bajarle al mercado y las demás necesidades.
El invierno, desde luego fue factor preponderante en el incremento que se registra en los alimentos, así el Uribito Minagricultura, diga lo contrario. Las alzas en los precios de los combustibles, que ahora se aplican por lo divino y lo humano, también influyen, y de qué manera en el costo de vida. Eso de incrementar el precio de los combustibles por la huelga de los cortadores de caña, es inaudito. Se olvida el acucioso ministro de Minas que el etanol, se está comprando al mismo precio del petróleo, y también se olvida que venimos de un precio internacional del hidrocarburo de 145 dólares a menos de cien. Esa reducción parece no tenerse en cuenta por parte de quienes manejan nuestra economía.
Las alzas en todos los artículos y servicios, son tan aceleradas, que por más que quieran los encargados de manejar las finanzas torcer las cifras, solo lo logran en los titulares de la prensa. Lástima grande que los medios, no adelanten investigaciones paralelas, que desvirtúen las cifras oficiales y nos permitan conocer la realidad de los hechos.
  |