“Un buen libro es el mejor de los amigos, lo mismo hoy que siempre”. Ruben Darío.

 


Glifosato para todos

 

Los colombianos tienen razón, los ecuatorianos también la tienen, en torno a las fumigaciones con glifosato que adelantan en la frontera entre las dos naciones, nuestras fuerzas militares, para erradicar los cultivos ilícitos.

Colombia debe cumplirle a los Estados Unidos destruyendo los cultivos de coca y amapola en el Sur del País, por lo menos a ello se comprometió. Hay que repetirlo: erradicar manualmente es prácticamente imposible, porque los terrenos están minados. Las Farc lo han hecho para impedir que sean destruidos.

De otro lado, Ecuador está en su derecho, de impedir que los efectos nocivos del glifosato, llegue a su territorio, a sus habitantes, a su biodiversidad y sus aguas.
El acuerdo al que llegaron Uribe y Correa, el presidente electo de Ecuador, es apenas un paso lento en este calvario que se le viene encima a nuestro gobierno, porque el hecho de tener una comisión encima observando todos nuestros movimientos, viola nuestra soberanía y nuestra maltrecha independencia.

El frágil acuerdo, no cayó bien, ni en Colombia, ni en Ecuador, a pesar de que como siempre sucede, a nosotros nos hicieron tragar entero y trataron de hacernos aparecer como los triunfadores en un conflicto que apenas está en las primarias.

El asunto hay que negociarlo, para que no haya vencedores ni vencidos. Se requiere llegar a un convenio que determine una zona en la cual se puedan adelantar esas fumigaciones, sin perjuicio para los ecuatorianos y ojala sin daños para lo nuestro. Porque para nadie es un secreto que ese fungicida, como la generalidad de ellos, ocasionan trastornos en la salud de humanos y animales y de paso destruye los cultivos lícitos.

La anunciada comisión binacional, debería conformarla Colombia, para evitar los males mayores que nos traen las aspersiones.

 


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