Feliz Navidad y próspera incertidumbre
Aunque el Apocalipsis no se cumplió, el 2010 tiene 365 días de escepticismo en todos los campos pero, sobre todo, en el político y en el económico.
Hace un año, exactamente, el mundo y Colombia marchaban rumbo a un despeñadero económico: se preveía un colapso del sistema financiero mundial y, para los mayores de 50, las legendarias imágenes de la Gran Depresión de hace ocho décadas, con sus colas de desempleados persiguiendo un cigarrillo para mitigar la desazón de los Estados Unidos, regresaron como un fantasma difícil de espantar.
Pero el Apocalipsis no llegó. Y aunque el planeta se encamina a su primera contracción después del fin de la Segunda Guerra Mundial, los economistas, que todo lo enredan, esta vez han anunciado una poética esperanza: hablan cada vez más de ‘retoños verdes’ en los países y han aprovechado la belleza de la metáfora para cultivar ilusiones –y ganancias– en mangas de camisa y pegados a los auriculares de los teléfonos de las bolsas de valores.
Sin embargo, eso ocurre en los nebulosos terrenos de la economía a los que muy pocos mortales tienen acceso. Acá, en la Tierra, los salarios cada vez alcanzan menos y los regalos de Navidad se planean con pinzas y, ojalá, se programan gracias a las promociones de fin de año. No se sabe cómo va a ser después la forma de pago.
Pues aunque según los chinos el 2010 es el Año del Tigre, para el occidente este parece ser más bien el de la incertidumbre. Y para Colombia lo es aún más.
¿Alguien puede asegurar, por ejemplo, si el excelentísimo señor presidente, doctor Álvaro Uribe, quiere ser o no candidato al primer cargo de la Nación? Su famosa ‘encrucijada del alma’ es la misma que tiene el país: una encrucijada que mantiene paralizado el futuro, que no permite ver el horizonte ni mucho menos planearlo.
Lo malo es que esa trabazón también produce un atasco en la economía. Y es una lástima porque, a pesar de todo, los industriales se muestran optimistas. La Encuesta de Opinión Industrial Conjunta de la Asociación Nacional de Industriales, ANDI, evidencia que entre enero y octubre de este año, frente al mismo periodo del 2008, la producción descendió 6,9 por ciento, en tanto que las ventas generales y las ventas hacia el mercado interno tuvieron una reducción de 5,8 y 4 por ciento, respectivamente. Pero a pesar de esos datos negativos, se mantiene el análisis en el sentido de que desde el segundo semestre se ve una tendencia a la recuperación, con lo que se podría demostrar que el impacto mayor de la crisis ya se superó y que se experimenta una leve recuperación.
Los industriales esperan que la economía crezca este año en 0,9 por ciento, y prevén buenas perspectivas para el 2010 sustentados en factores como la recuperación de la economía (20,5 por ciento), nuevos mercados (14,4 por ciento), mejoras en productividad (14,0 por ciento), costos de la materia prima, planeación estratégica y tasa de cambio en un nivel del 9,8 por ciento.
Pero también observan algunos nubarrones de incertidumbre en el firmamento: la tasa de cambio (30,5 por ciento), los problemas con Venezuela (20,5), la competencia (13,6) y las materias primas (12,6).
Eso sería suficiente para desear una feliz Navidad, pero también una próspera incertidumbre: el consumo interno continúa deprimido por el efecto que tiene el súbito cierre de las exportaciones a Venezuela por razones políticas que afecta a centenares de empresas de todos los tamaños, y el desempleo aumenta en forma constante, al igual que la informalidad. Por eso todavía se ve lejano el día en el cual se pueda volver a la vigorosa dinámica experimentada durante 2006 y 2007, que terminaron siendo los mejores años de crecimiento en cerca de tres décadas. Los cálculos de los expertos apuntan a un aumento del PIB cercano al 2,5 por ciento en el 2010, una cifra mejor que la actual, pero insuficiente para un país que necesita progresar más y, sobre todo, hacerlo más rápido.