"La sabiduria consiste en saber cuál es el siguiente paso; la virtud en llevarlo a cabo"
David Starr Jordan








 

Editorial

¿Qué hay de los medios y el Gobierno frente a los escándalos nacionales?
La Farc-política y sus escandalosos asesinatos.
Colombia es el país más sorprendente del mundo y más difícil de entender. Ningún psicoanálisis colectivo, resulta acertado ni siquiera próximo a nuestra realidad y a nuestra idiosincracia. Somos un pueblo sugeneris.

En este país del Sagrado Corazón, un escándalo se tapa con otro escándalo mayor, y los problemas sociales cada vez son más grandes, pero al mismo tiempo resultan fáciles de esconder, postergando la

solución de cada uno, ¿quién sabe para cuando? Todo gracias a esa extraña regionalización del país, y a esa falta de memoria colectiva que poseemos y que solamente sirve para que cada quien busque salvaguardar su propia situación sin solidarizarse con las demás.

Para no ir muy lejos, y antes de que perdamos la memoria del todo, pongamos algunos ejemplos: el vil asesinato de los diputados del Valle, por parte de las Farc se tapó con un punto alto del escándalo de la para-política y la entrega de las fosas comunes por parte de los paramilitares. El fenómeno de la para-política se tapó con las primeras liberaciones de los secuestrados por parte de las mismas Farc; pero después vino lo más grave y vergonzoso para el país: los falsos positivos, en los cuales miembros del ejército asesinaron vilmente a inocentes para mostrarlos como miembros de las Farc muertos en combate. Y a su vez estos crímenes de lesa humanidad se quedaron olvidados para la opinión pública con el fenómeno de las pirámides y principalmente con el de DMG, que amenaza alcanzar, incluso a miembros del alto gobierno, quedando en mitad de ellos y sin prosperar un escándalo tan serio como el de la aparición de las víctimas del Palacio de Justicia en una fosa común del Cementerio del Sur con huellas de tortura y asesinato, y así a lo largo de los años sea dado el tape y destape de escándalo tras escándalo.

La para-política: escándalos de corrupción a la orden del día.
Esto, que muchas veces lo tomamos folclóricamente y lo llamamos la desmemoria del país, es más grave de lo que parece por dos razones principalmente. La primera, porque a pesar de la gravedad de cada escándalo, la velocidad con que pasa la información y la falta de análisis sobre el mismo, lo minimiza como un simple hecho del diario vivir, convirtiéndolo prácticamente en una costumbre más de dejar hacer y dejar pasar. La segunda, porque no se da una solución y el problema se adormece en la

conciencia pública, pero avanza silenciosamente convirtiéndose en un hilo más de esa colcha de problemas serios y sin solución que se va tejiendo sobre el país, y que tarde o temprano lo envolverá del todo.

Como responsable de esto no se puede culpar a la opinión pública, que en Colombia no es más que un rebaño dócil y fácil de manejar al antojo de los manipuladores de masa. A una opinión que además es insolidaria por la necesidad individual de sobrevivir en medio del caos – así ha sido a lo largo de una historia llena de violencia y desaciertos de Estado-, aplica aquello de que sálvese quien pueda que yo protejo lo mío. Lo que le pase al vecino es problema suyo no mío. Mi casa nada tiene que ver con su casa. Lo que ocurra en el Putumayo, en Nariño o en cualquier otro lugar - y no lo digo por lo de las pirámides-, no está ocurriendo en mi país, ocurre en un sitio muy lejano y distinto. En una región y en una ciudad con otra forma de hablar que en nada me toca y en nada me pertenece.

Con esto, los ciudadanos en general descalificamos un problema, que aparentemente no nos corresponde pero que tarde o temprano nos alcanzará.

Los únicos dos culpables de este fenómeno son dos: en primer lugar la prensa toda y los periodistas, porque para vender sus medios y aumentar la sintonía y la lectoría, con sus titulares se venden al mejor postor que es la misma opinión pública deseosa de informarse, y sobre todo, de leer aventuras de carne y hueso dignas del lejano Oeste.

En este caso los medios no reflexionan no manejan la pausa de la opinión para que sobre cada escándalo se recapacite y se desarrolle conciencia colectiva, y de esta manera el problema o el escándalo, en lugar de adormilarse, se solucione radicalmente.

El segundo gran culpable es el mismo Gobierno no sólo por la corruptela de sus miembros que aparecen enlodados en cada escándalo, sino porque es el principal generador de los mismos, primero por ineficiente y segundo por esa melosa vocación que tienen sus miembros de participar en cuanto entuerto, con dinero fácil y enriquecimiento ilícito se presente. Y cuando el entuerto estalla lo único que busca cada presidente y sus colaborados es cómo sobrevivir a él, y como salir lo menos embadurnados posible. Es aquí cuando duele la falta de justicia para condenar a cada culpable y proteger a todo inocente.




 


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