"Tacto es la habilidad de tratar que el otro vea la luz, sin hacerle sentir el rayo"
Henry Kissinger


 

Especial para Ver Bien Magazín

¡Entre los esteroides y las hormonas de crecimiento!

 

Un nuevo libro sobre el uso de estimulantes prohibidos en el béisbol vuelve a agitar la controversia en torno a las grandes figuras del Rey de los Deportes.




Sobre el tapete se ha puesto de nuevo la discusión por el uso de los esteroides y las hormonas de crecimiento humano, por valiosos y destacados jugadores del béisbol de las Grandes Ligas que, sin querer queriendo, han despertado una polémica, a nuestro modo de ver, de nunca acabar, o por lo menos, para no olvidar en los días venideros.

Cuesta creer que ello sea cierto, cuando de por medio se inscriben los nombres de peloteros que con su propia capacidad física, su talento y su verdadera capacidad de juego, ciertamente, en nuestra humilde opinión, no necesitaban de esos elementos extra deportivos para mejorar sus actuaciones dentro de los diamantes de todos los estadios de las mayores. Sobre todo, cuando alrededor de ellos había la nube de respeto y de aprecio que se ganan los atletas, conquistando con méritos propios los peldaños que los llevan, más adelante, a la cumbre de la gloria y de la fama.



Mark McGuire, el famoso toletero en el ojo del huracán por culpa de su hermano Jay.

Sin que todavía se haya iniciado la temporada del presente año, el uso de los esteroides y de las hormonas de crecimiento vuelven al primer lugar de la controversia beisbolera, cuando se anuncia que un hermano de Mark McGwire, aquel toletero famoso del final del siglo pasado, que pulverizó la marca de Roger Maris, de los Yanquis de Nueva York, de 61 tablazos de circuito completo que implantó en 1961, por los 70 ‘bambinazos’ de la campaña de 1998, publicará en los días venideros toda la verdad, y nada más que la verdad, sobre el uso de estimulantes de su hermano.

Mark McGwire es, en los actuales momentos, el instructor de bateo de los Cardenales de San Luis, divisa con la cual desplegó aquella ofensiva demoledora para superar al dominicano Sammy Sosa, de los Cachorros de Chicago, por cuatro ‘vuelacercas’, en aquella inolvidable maratón de cuadrangulares de esa temporada que dio por concluida la etapa del siglo XX en ese departamento ofensivo.


McGuire ya rindió testimonio, pero ahora su hermano saca un libro-escándalo.

Jay McGwire, el hermano de Mark, anunció que su libro tiene todo lo que deben conocer los aficionados al béisbol sobre lo que hizo y no hizo su hermano, para usar los estimulantes que, al decir de los expertos, le dio la consistencia física y la suficiente envergadura ofensiva, para convertirse, en esos años, en el amo y señor de los cuadrangulares de las Grandes Ligas, cuya presencia en los campos de juego infundía respeto no sólo con el uso del bate sino con su propia corpulencia física.

Pero cuando apenas el capítulo del uso de estimulantes estaba haciendo de las suyas, en aquellos días de sensación para el béisbol, fortalecido por el clímax del jonrón, ese batazo que es la máxima expresión a la ofensiva del Rey de los Deportes, salió con su bate después de los 40 años de edad, el también controversial Barry Bonds, de los Gigantes de San Francisco, quien sigue siendo investigado por el Jurado Federal por el uso de estimulantes, para superar la marca de McGwire, al empalmar 73 batazos de circuito completo en el 2001, cuya hoja de vida ha quedado en entre dicho para los amantes del béisbol por estar incluido en una lista de destacados peloteros que han usado estimulantes.


Barry Bonds sigue siendo investigado por el uso de fármacos.

La duda sobre los grandes

A pesar de la severa investigación de la que ha sido objeto, por el momento, de la boca de Bonds no ha salido ninguna afirmación sobre si usó o no esteroides u hormonas de crecimiento humano durante su permanencia en las Grandes Ligas. Algo diferente a lo que ha hecho McGwire, quien ya dijo que sí usó estimulantes y que está arrepentido de ese proceso extra deportivo. Y con McGwire, también han dicho que sí utilizaron elementos extra deportivos Alex Rodríguez, Andy Pettitte y varios peloteros con prestigio dentro de las mayores.



De Alex Rodríguez se dice que utilizó estimulantes.

Hay otros que mantienen su posición de que no usaron esos elementos, pero la duda pesa sobre sus nombres y sobre sus actuaciones deportivas, como es el caso de David Ortiz, dominicano que han sido verdadera figura en la última década del béisbol de las Grandes Ligas, especialmente con el uniforme de los Medias Rojas; o como en el caso del cubano Rafael Palmeiro, quien luego de concurrir a una cita con el Congreso de los Estados Unidos, en donde certificó que nunca había hecho uso de dichos elementos, finalmente le comprobaron, en un examen antidopaje que le efectuaron antes de despedirse como pelotero activo en las Grandes Ligas, que los utilizaba.



El legendario Manny Ramírez ya purgó su pena.

Y ni que decir de Manny Ramírez, la superestrella de los Medias Rojas de Boston y ahora de los Dodgers de Los Ángeles, quien ya cumplió con una sanción por el uso de estimulantes precisamente en los momentos en que su nombre aparecía en una lista de más de un centenar de jugadores que, bajo mucha sospecha, tenían colocado el sello de lo indebido.  

Tenemos la convicción de que estas actuaciones de jugadores consagrados, buscando las maneras de ofrecer más y mejores rendimientos sobre los diamantes, no ha sido lo más conveniente ni aconsejable para el béisbol de las mayores. Pero por encima de ello, lo peor de todo, es que quienes están en esa lista negra –si es que se puede calificar así a la plantilla en

donde aparecen peloteros signados con el uso de estimulantes– ya tienen un asterisco al lado de su nombre lo que en principio, y esperamos no estar equivocados, los aleja de llegar a ser ciudadanos de Cooperstown, la ciudad del Estado de Nueva York, en donde está enclavado el Salón de la Fama.



Andy Pettitte también genera dudas.

Mucha agua pasará por debajo del puente antes de conocerse sí la utilización de los estimulantes servirán definitivamente como balotas negras para la selección de los nombres de los peloteros que ingresarán, más tarde que temprano, al sitio de los inmortales. Por el momento, eso se está cumpliendo, y todavía no ha resultado electo –por votación de los periodistas que tienen a su cargo la cobertura del béisbol de las Grandes Ligas– ningún jugador que esté por lo menos mencionado o citado dentro del grupo que ha utilizado esteroides y hormonas de crecimiento, en procura de ofrecer mayor capacidad de juego, más fuerte musculatura y más capacidad ofensiva, y sobre ellos, desde cuando se implantó la norma de los exámenes antidopaje, no ha habido descanso alguno en seguirles la pista para ver si usan o no estimulantes.

Dejemos por ahora de ese tamaño la controversia que vuelve a tomar calor, con el anuncio del libro del hermano de Mark McGwire. Y desde luego, digamos que pocas cosas nuevas tendrá el volumen de Jay sobre lo que ya todos conocemos por las actuaciones del gigante ex inicialista de los Cardenales de San Luis.


 

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