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Especial para Ver Bien Magazín

Randy Johnson: en el salón de la fama con boleto anticipado

 


Con una marca de 24 ganados y apenas 5 perdidos en el 2002, su mejor tarjeta hasta ahora en su largo y brillante historial, Randy acaparó todas las miradas, todos los comentarios y todos los premios que un lanzador puede conquistar en las Grandes Ligas

Alguna vez preguntaron los incrédulos, qué era mejor: batear 500 cuadrangulares o tener 300 victorias en las Grandes Ligas.

En esta era de los esteroides y las hormonas de crecimiento, tal parece que los 500 ‘’bambinazos’’ han perdido su valor nominal en el mundo de las mayores. No pasa así con las posibilidades de que un lanzador pueda compilar 300 triunfos en la Gran Carpa. Todo aparentemente parece diferente en este trabajo, duro, de mucho esfuerzo, que para alcanzarlo, sí es que se puede, hay que transitar por un camino lleno de obstáculos y tras un largo proceso que hay que desarrollar desde la ‘’loma de los sustos’’.

‘’300 partidos ganados en las mayores, son 300 juegos en donde la capacidad del lanzador tiene que ser profunda, persistente, con mucha calidad. Eso significa mucho’’, ha dicho Joe Torre, el estratega de los Dodgers de Los Ángeles, al referirse a Randy Johnson, el siniestro serpentinero que acaba de completar, por encima de sus 45 años de edad, el registro de ese tan alto y valioso número de conquistas desde el montículo.

Torre, quien dirigió a Randy cuando lució en uniforme de los Yanquis de Nueva York durante par de temporadas, sostuvo que ‘’para mí, él era Salón de la Fama aun cuando no hubiese logrado esa marca de ganados. Pero definitivamente, lo de Johnson es una hazaña’’.

Tan alto como una vara de premios, tan competitivo como él solo lo puede hacer, tan profesional como muy pocos, con una vergüenza a toda prueba, encorvado o jorobado, como lo quieran decir mejor, Randy Johnson ciertamente había adquirido el boleto para ocupar un ‘’nicho’’ en Cooperstown, mucho antes de que la cifra de sus triunfos en las Grandes Ligas pudiera convertirse en algo que, seguramente, no será fácilmente conquistable en las décadas venideras por otros lanzadores.

Un competidor de tiempo completo, sin el menor asomo que se le pueda tildar de usar esteroides u hormonas de crecimiento, magro, seco, sin mayor musculatura, lo único que tiene a su favor es su tenaz manera de jugar al béisbol, con ese empeño alejado en las mentes de los hoy peloteros novatos, que salen al terreno de juego a cumplir pero no ha competir, como se ha visto en muchas oportunidades.

Con Curt Schilling, Randy integró una dupla demoledora desde el centro del diamante en el 2001, cuando condujeron a los Cascabeles de Arizona a la conquista de la corona de la Liga Nacional y más tarde, al codiciado galardón de la Serie Mundial, nada más y nada menos que frente a los encopetados y duros rivales de los Yanquis de Nueva York, en esa temporada.

Ganador de cinco premios y Young por sus espectaculares actuaciones en esas temporadas desde la ‘’loma de los sustos’’, cuatro de ellos en forma consecutiva con los Cascabeles, en los años 1999, 2000, 2001 y 2002, y otro más en 1995 con los Marineros de Seattle, Randy Jhonson conformó en diez ocasiones la nómina del Juego de las Estrellas y tiene en uno de sus dedos, el anillo ganador de la Serie Mundial de 2001.

Dicen los que saben que Randy mejoró su capacidad de juego después de los 30 años de edad. Y eso parece ser más que cierto. Analizando sus guarismos como serpentinero, su comienzo estuvo lleno de altibajos, pero en los últimos tres lustros, todo cambió para él. Fue a partir de 1993, cuando su control, su calidad en los lanzamientos variados y su talento, empezaron a mostrarse desde el montículo, para exhibir a partir de entonces, su verdadera potencialidad dentro del juego.

Con una marca de 24 ganados y apenas 5 perdidos en el 2002, su mejor tarjeta hasta ahora en su largo y brillante historial, Randy acaparó todas las miradas, todos los comentarios y todos los premios que un lanzador puede conquistar en las Grandes Ligas, con los Cascabeles. Ya antes había conseguido una marca de 20 triunfos y 4 derrotas, en 1997 con los Marineros, y otra de 21 victorias y apenas 6 derrotas, en el 2001, igualmente con los Cascabeles.

Su trabajo, por donde se le quiera mirar, es digno de elogios. No cabe la menor duda de ello. Siendo un lanzador zurdo, a quienes se les atribuye un descontrol permanente en sus envíos al pentágono, el número de bases por bolas otorgadas es sencillamente admirable, y sin duda alguna, espectacular, por decir lo menos. En sus 22 temporadas que lleva en la Gran Carpa, participando en 609 desafíos hasta el pasado 15 de junio de este año 2009, Jhonson tiene un registro de 4.109 episodios trabajados, para apenas 1.491 hombres embasados por sus desacertados lanzamientos.

Pero a contrario sensu, Randy marca una enorme diferencia frente a sus competidores de cada turno al bate, con una recta que muchas veces superó las 95 millas por hora, con curvas que hacían estragos especialmente frente a los bateadores derechos, con una capacidad de juego que confirmó amplia y categóricamente cuando se desarrolló con su mecánica de juego después de las tres décadas de vida, cuando se convirtió en el dominante serpentinero que ha podido ver a 4.853 bateadores abanicando la brisa, y apenas aceptar 404 cuadrangulares durante su extensa carrera.

Cuando el próximo 10 de septiembre, Randy cumpla sus 46 años de edad, su peregrinaje por el mundo del béisbol estará más cerca del retiro que de otra cosa. Empero, aquel muchacho sin muchas condiciones atléticas y mucho menos físicas, que vio nacer Walnut Creek, en California, se habrá elevado a la cumbre más alta entre los formidables lanzadores de todos los tiempos. Todo lo hizo con los uniformes de los desaparecidos Expos de Montreal, los Marineros, los Cascabeles, los Yanquis y ahora con los Gigantes de San Francisco.

Ese 4 de junio pasado, cuando Randy se apuntó su triunfo número 300, trabajando en seis episodios frente a los Nacionales de Washington, luego de dos fallidos intentos en conseguir la marca, permitiendo una carrera, dos de imparables, par de bases por bolas y dos de ponches propinados, quedará en el registro de los anales del béisbol, como el día en que posiblemente y por última vez, un lanzador zurdo llega a la envidiable compilación de 300 victorias en el difícil, complicado y exigente béisbol de las Grandes Ligas.

Liquidando sus guarismos a la fecha del 15 de junio de 2009, el estelar zurdo californiano muestra una hoja de vida, con 301 victorias, 165 derrotas, para un promedio de 3.28 carreras limpias por juego; con marca de 271 episodios y dos tercios trabajados en una temporada, registro que obtuvo en la campaña de 1999, cuando laboró la jornada completa del año con el nuevo uniforme de los Cascabeles de Arizona.

Y anoten esto. Quizás antes de que llegue a cumplir los 52 años de edad, si otra cosa no dice él, intentando mantenerse en vigencia dentro de las mayores, Randy Johnson habrá esculpido su nombre, su gloria y su legado en un ‘’nicho’’ en el Salón de la Fama de Cooperstown, con todos los honores que bien merece, porque su nominación, apenas aparezca por primera vez en la tarjeta de las votaciones para ese recinto, será aclamado, exaltado y respetado, por quienes tendrán a su cargo depositar sus papeletas para este competidor del béisbol, a quien ya nadie recuerda como el único serpentinero de la historia que con sus lanzamientos no sólo despedazó a los bateadores rivales, sino hasta con una inocente paloma que se le atravesó por su camino, cuando una de sus ofertas, hacia la ruta hacia el pentágono…


 

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